El gran autor Robert Louis Stevenson contó una vez la historia de un barco azotado por una tormenta. El mar estaba embravecido y la costa rocosa extremadamente peligrosa. En un momento de pánico, un marinero angustiado, que trabajaba bajo la cubierta, corrió a la sala de control para ver con sus propios ojos lo que sucedía. Se quedó paralizado por el miedo mientras observaba al capitán emplear toda su habilidad y valentía para intentar maniobrar el barco entre las amenazantes rocas y regresar a mar abierto.
El capitán se giró lo justo para mirar al marinero asustado, con el rostro relajado. El joven volvió a su trabajo y le aseguró a la tripulación que todo el peligro había pasado. Cuando le preguntaron cómo lo sabía, él respondió: “He visto el rostro del capitán”.
Cuando intentamos navegar por las aguas tormentosas de la vida, podemos estar seguros de que, en Jesucristo, nosotros también hemos visto el rostro del Capitán. Tenemos la certeza de su gracia, y conocemos su amor y preocupación por nosotros. Es un amor que vino a este mundo, un amor que camina a nuestro lado e incluso sufre y muere. Y es un amor y un poder que ni siquiera la muerte pudo vencer.
En el Evangelio de Mateo 10:29-31, Jesús dijo:
“¿No se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre; y él les tiene contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza. Así que no tengan miedo; ustedes valen más que muchos gorriones.”
No temas…no temas…Has visto el rostro del Capitán.
Oremos: Dios de Esperanza, a veces sentimos que estamos atrapados en una gran tormenta. Las cargas que llevamos y las situaciones que enfrentamos suelen ser pesadas y fuera de nuestro control. Ayúdanos a dejar de lado nuestros miedos y confiar en ti. Hoy te pedimos por tu guía y tu protección - para nosotros, y para quienes amamos. Lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Hace varios años, una iglesia de Jacksonville publicó un anuncio en el periódico en el que se leía:
¡Todos son bienvenidos! Damos una bienvenida especial a los solteros, casados, divorciados, homosexuales o indecisos, ricos, pobres y a quienes no hablan inglés. Y también a recién nacidos que lloran, a los que están delgados como un riel o a quienes les vendría bien bajar de peso. No nos importa si eres más religioso que el Papa o si no has pisado una iglesia desde el bautizo del pequeño Joey.
Te damos la bienvenida si tienes más de 60 años pero aún no te sientes maduro, o si eres un adolescente que está creciendo demasiado rápido. Damos la bienvenida a las mamás que llevan a sus hijos a los partidos de fútbol, a los papás aficionados a las carreras de NASCAR, a los artistas sin recursos, a los ecologistas, a los amantes del café con leche, a los vegetarianos y a los que comen comida chatarra. Damos la bienvenida a quienes están en recuperación o aún luchan contra una adicción. Te damos la bienvenida si tienes problemas, te sientes deprimido o no te gusta la religión institucionalizada. Nosotros también hemos pasado por eso.
Si te gastaste todo el dinero de tu ofrenda en las carreras de galgos, eres bienvenido aquí. Damos una bienvenida especial a quienes creen que la Tierra es plana, trabajan demasiado, no trabajan, no saben escribir o están aquí porque la abuela está de visita y quería ir a la iglesia.
Damos la bienvenida a quienes tienen tatuaje, piercing o ambos. Damos la bienvenida a quienes necesitan una oración ahora mismo, a quienes les impusieron la religión cuando eran niños o a quienes se perdieron en el tráfico y terminaron aquí por casualidad. Damos la bienvenida a turistas, buscadores, escépticos, personas compasivas…¡y a ti!
Te damos la bienvenida porque si eres lo suficientemente bueno para Dios (¡y lo eres!), ¡entonces eres lo suficientemente bueno para nosotros!
Me encanta. La verdad es que eres lo suficientemente bueno para Dios. Jesús lo dejó muy claro.
En el Evangelio de Mateo, él ofrece esta invitación:
“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” (Mateo 11:28)
Oremos: Te damos gracias, Oh Dios, por tu amor incondicional hacia cada uno de nosotros. Hoy te pedimos que tu gracia caiga sobre nosotros como lluvia. Sánanos. Redímenos. Fortalécenos para que crezcamos cada vez más a la imagen de Jesús, en cuyo nombre oramos. Amén.
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El Salmo 29 es un himno de alabanza. Te invito a dedicar unos minutos hoy a leerlo.
Reflexionando sobre este Salmo, el erudito Eugene Peterson escribió:
“…la imaginación de este poeta orante empieza así: la voz del Señor desgaja enormes árboles en leña para hogueras y convierte inmensas montañas en un carnaval de animales danzantes…Nosotros nos encontramos en un mundo que entona para la gloria de Dios, en la belleza de la santidad…océanos rugiendo, montañas saltando, relámpagos destellantes, desiertos sacudiéndose y dando vueltas, bosques de robles danzando…Cada vez que Dios habla, hay más vida. La energía y la exuberancia en el lugar y las personas acumulan, y luego nosotros escuchamos: en su templo todos gritan: “¡Gloria!”
Peterson continúa diciendo: “Si mantenemos los ojos y los oídos abiertos, esto sucede todo el tiempo. En la mayoría de los casos, lo único que necesitamos hacer es mirar y escuchar, tocar y saborear.”
Pienso en esos momentos que he vivido – y sé que tú también – en los que nos damos cuenta de que la vida es mucho más que la mera supervivencia. Suceden muchas más cosas en el mundo de las que se ven a simple vista. Puede ser en la cima de una montaña, en el nacimiento de un hijo, en la pérdida de un ser querido o durante una pieza musical conmovedora – vislumbramos las intrincadas conexiones entre todo lo que vemos y todo lo que no vemos. Recibimos estos destellos de trascendencia, esas percepciones de que aquí hay algo más que lo que podemos comprender.
Si tenemos el corazón abierto, estos momentos tienen algo que enseñarnos; nos permiten ampliar nuestra perspectiva. Y es casi como si nos impulsaran a reaccionar.
Todos en su templo gritan: “¡Gloria!”
Este salmo nos llama – nos invita – a detenernos y sentarnos con asombro y admiración; a maravillarnos ante la belleza y la maravilla de los dones que Dios nos ha dado; a percibir lo santo y lo sagrado en lo cotidiano, y a responder con corazones abiertos y nuestra más profunda alabanza.
Oremos: Dios Creador Eterno – Padre, Hijo y Espíritu Santo –al considerar nuestro lugar en este vasto universo, nos llena de humildad. Al imaginar los detalles del ADN, las reacciones nucleares necesarias para el nacimiento de una estrella o la delicadeza de una flor que florece, encontramos perspectiva y nos invita a la reflexión. Gracias por tu magnífica creación – y por habernos creado junto con todo lo que existe. Sobre todo, te damos gracias por el amor y la compasión que nos tienes por medio de Jesucristo. Amén.
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Amigos de Dial Hope (Digita Esperanza), uno de los errores más comunes en la religión es realizada por personas que tratan de vivir de la negatividad, personas que son quejosas. Están en contra de cosas o situaciones, pero no parecen estar enfáticamente por algo de su propia lealtad. Ellos le pueden decir con profunda emoción en lo que están en contra, pero si les preguntas en las cosas en que están comprometidas no tienen respuestas claras. Ser Cristiano no es estar en contra de las cosas; debemos ser positivos en nuestra fe y acción. Debemos estar llenos de alegría y esperanza. Debemos estar por Cristo y su verdad y de su forma de vida. ¡La vida nunca es aburrida ni fastidiosa…siempre es una sorpresa un TA-RÁN!
Oliver Wendell Holmes dijo una vez: “¡he encontrado que las grandes cosas en este mundo no están centradas en donde estamos, sino más bien en qué dirección nos estamos dirigiendo! Para llegar al puerto del cielo debemos navegar a veces con el viento y en otras ocasiones contra el mismo viento, pero todos debemos navegar, no ir a la deriva, ni mentir mientras estemos anclados.”
En el Nuevo Testamento, Pablo escribió en II Corintio, Capítulo 1:20,“Todas las promesas que ha hecho Dios son un SI en Cristo.”
Oremos: Oh Dios de los cielos azul porcelana y amaneceres deslumbrantes, te agradecemos por este día lleno de promesas y posibilidades. Concédenos osadía para ir más allá de la seguridad hacia el riesgo de la fe, la alegría de servir, la risa del amor. Muy a menudo somos como Jonás. Oímos tu llamada, luego resistimos tu Palabra, huyendo de ti lo más lejos que podamos. Pensamos que no somos útiles para ti. Pero nos olvidamos de que donde no existe salida tú puedes crear una; que cuando tú llamas a alguien, también proporcionas el don de servir. Perdona nuestra resistencia y excusas. Habilita a cada uno de nosotros para ver donde se encuentra nuestro llamado, y servirte con entusiasmo contagioso, emoción espontánea y alegría desenfrenada. Moldea nuestros corazones hasta que cada fibra dentro de nosotros exista para hacer tu voluntad. A través de la gracia de Jesús. Amén
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Hay una vieja historia sobre una joven a punto de casarse. Ella estaba sentada con su madre y le dijo: “No puedo casarme con él, Madre. Él es ateo y no cree que haya un infierno.” Su madre respondió: “No te preocupes, querida. Cásate con él, y entre las dos, estoy segura de que podremos convencerlo.”
El infierno no es solo un lugar al que van las personas cuando mueren, ¿verdad que no? No, podemos experimentar el infierno aquí en la tierra – cuando nos sentimos solos, preocupados, desconsolados o estresados.
Por otro lado, creo que experimentamos el sabor del cielo en la comunidad - alrededor del comedor u otros lugares donde compartimos profundamente con los demás: con la familia, los amigos e incluso con desconocidos. Todos tenemos una necesidad interna de ser escuchados, reconocidos y amados.
Precisamente por eso mi hija de 20 años habla por teléfono con sus amigas durante horas. Y cuando cuelga, ella comienza a enviarles mensajes de texto. Es por eso por lo que los lugares como las cafeterías y el bar de la esquina son tan populares. Es por eso por lo que todos necesitamos un amigo. Es por eso por lo que anhelamos tener a alguien con quien compartir nuestras alegrías más profundas y nuestras más profundas angustias. Cuando eso falta, sufrimos aún más.
Cuando las personas pueden unirse y sentirse conectadas comienzan a sentirse revividas. El cielo, en este sentido, es el antídoto contra el infierno.
Mi oración para cada uno de ustedes hoy es que cultiven una comunidad sana en sus propias vidas. Hazlo una prioridad. Estén dispuestos a ser vulnerables, a afrontar desafíos, a ser amados y a ser comprendidos.
Oremos: Dios amoroso, hoy recordamos que nos creaste para vivir en comunidad. Danos la gracia y el valor que necesitamos para involucrarnos en las vidas de los demás – porque recordamos que siempre es en dar en que recibimos. Amén.
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