October 24, 2026
Ellos Verán a Jesús

Cuando estudiaba en el Seminario de Columbia, había un gran púlpito de madera en la capilla. Y puedo decirles que resultaba estresante estar allí de pie y contemplar a todos los profesores y estudiantes de teología. En la parte posterior del púlpito, donde solo el predicador podía verla, había una pequeña placa que decía: “Ellos Verán a Jesús”

 Esto fue un hermoso recordatorio de que las personas anhelan ver a Jesús – incluso los teólogos y los profesores. No anhelan saber qué tan bien contamos historias, qué tan sabios somos o cuánto hemos leído. No. El propósito de colocar ese pasaje bíblico en el púlpito es expresar la esperanza de que, de alguna manera, las palabras de los oradores apunten hacia Jesús, y que, a través del mensaje las personas se sientan, de alguna manera, más cerca de él.

 A menudo he pensado que sería una frase apropiada como para pegar en la pantalla de la computadora en el trabajo, o en el espejo del baño, o en el tablero del automóvil. Al verla, podría dar lugar a una breve oración: Que las personas con las que me encuentre hoy puedan ver a Jesús en mí.

 En el mundo que nos rodea, hay tanta oscuridad, egoísmo y dolor. Hay muchas personas que anhelan un destello de esperanza. Anhelan ver la gracia, la compasión y el amor hechos realidad.

 Ellos podrán ver a Jesús. Que ellos lo vean en ti.

 Oremos: Señor Jesús, oramos hoy para que tu Espíritu nos llene, nos moldee y nos utilice. Que seamos, aunque sea de manera sencilla, instrumentos de tu gracia, misericordia y esperanza. Encuéntrate con cada uno de nosotros en este momento. Danos ojos para verte y corazones para amarte y seguirte. En el nombre de Jesús Amén.

 ¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!

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October 23, 2026
El Gozo de la Salvación de Dios

En los últimos dos días, hemos reflexionado sobre la oración de David pidiendo perdón en el Salmo 51. Él oró: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.” Él reconoce que necesita cambiar.

Para algunos de nosotros, se trata de reconocer que necesitamos cambiar. Pero, para otros, la cuestión tiene otra cara. El problema reside, en realidad, en aferrarse a la culpa, en castigarnos con ella y en no ser capaces de soltarla. A veces resulta difícil dejar atrás cosas que hemos hecho o dicho – y que nos encantaría poder retirar; esos momentos en los que quizás herimos a alguien – o nos herimos a nosotros mismos. Con demasiada frecuencia, nos aferramos a todo esto – lo alimentamos y nos castigamos con ello. Reproduciéndolo una y otra vez en nuestras mentes.

He notado que a las personas a las que les cuesta creer que Dios realmente pueda perdonarlas, a menudo les resulta difícil perdonarse a sí mismas.

Creo que esto debe romper el corazón de Dios. Jesús vino para liberarnos – para liberarnos de hacernos daño a nosotros mismos o a los demás. Y liberarnos de la culpa. La buena nueva de nuestro evangelio es que Dios nos dice: Suelta toda esa carga. Libérate de la culpa. Sí, repara el daño cuando puedas, intenta arreglar las cosas siempre que sea posible. Pero, después, suelta esa carga y utiliza esa libertad para empezar de nuevo, de una manera distinta.

David oró: Devuélveme la alegría de tu salvación.

No sé a qué podrías estar aferrándote, ni en qué aspecto de tu vida necesitas una renovación. Creo que esto es algo distinto para cada uno de nosotros.

¿Hay algo en tu vida que necesites dejar ir? Quizás haya algo en tu pasado – un pecado o una falta cometida – a lo que te sigues aferrando. Tal vez sea algo que te está alejando de Dios – o de los demás. Quizás sientas culpa o vergüenza. Sea lo que sea, hoy ruego que vuelvas a ponerlo en manos de Dios. Confía en la gracia divina de Dios. Y que puedas escuchar y creer la buena nueva: En Jesucristo, has sido perdonado.

Oremos: Dios de gracia, queremos experimentar tu gozo – tu salvación y tu libertad. Pedimos nuevamente tu perdón por las faltas y los errores del pasado. Ayúdanos a dejar atrás todo aquello que nos impida acercarnos a ti o que nos distancie de los demás. Restáuranos en el gozo de tu salvación y mantén en nosotros un espíritu dispuesto. Te damos gracias por la cruz. Te damos gracias por tu gracia. En el nombre de Jesús. Amén.

¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!

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October 22, 2026
Crea en Mí un Corazón Limpio

Hace muchos años, antes de ingresar al seminario, recuerdo haber estado en una clase de escuela dominical en la que uno de los hombres compartió, con gran profundidad, lo doloroso que había sido su divorcio y lo destrozado que se sentía. Relató que, en una ocasión, mientras discutía con su esposa, pronunció unas palabras verdaderamente terribles. En el instante en que las palabras salieron de su boca, ella rompió a llorar. Él dijo: “Sé que no puedo salvar mi matrimonio, pero daría cualquier cosa por poder retirar esas palabras.”

Creo que todos hemos tenido esos momentos en los que desearíamos poder empezar de nuevo…hacer algo de manera diferente…deshacer algo que hicimos…Creo que todos hemos tenido momentos en los que nos damos cuenta que, en cierto sentido, no somos plenos. Estamos rotos.

Ayer reflexionamos sobre la oración de David en el Salmo 51, en la que él pide perdón: “Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor…Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado…Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.”

En la iglesia donde serví por última vez, contratamos a una directora para los ministerios de la niñez y la juventud. Ella creció en el entorno de una iglesia bautista afroamericana, por lo que nuestro orden de oración Presbiteriano le resultaba novedoso. Recuerdo que ella me preguntó acerca de la oración de confesión: “¿Por qué incluimos una oración de confesión cada semana en el servicio religioso? ¿Cuál es el sentido de esto?

En cierto modo, esto sirvió para despejar el ambiente. En la adoración, somos conducidos a la presencia misma de Dios, y esta es una forma de abrirnos…Te necesitamos, Oh Dios…Observamos el mundo que nos rodea y necesitamos tu gracia…Observamos el mundo que llevamos dentro y necesitamos tu gracia…

Semana tras semana, nombramos esto. Y semana tras semana, escuchamos una promesa de perdón, una promesa de gracia. Y semana tras semana, se nos encomienda salir y vivir de una manera distinta.

San Agustín escribió una vez: “No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro.”

Una vez más, hay algo liberador en poder ser sinceros, en abrir nuestros corazones y nuestras vidas ante Dios. A menudo, es el primer paso hacia la sanidad en las relaciones. Y es, además, el primer paso hacia el crecimiento espiritual.

Oremos: Dios bondadoso, no somos perfectos. Hemos cometido errores. No tenemos nuestras vidas en perfecto orden. Por eso te necesitamos. Necesitamos que nos ayudes a soltar el pasado y a comenzar de nuevo de otra manera. Te damos gracias por tu gracia. Te damos gracias por tu perdón. Te damos gracias por tu amor; por medio de Jesucristo. Amén.

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October 21, 2026
Una Oración de Purificación y Perdón

En mi Biblia, bajo el Salmo 51, hay un subtítulo: “Oración para Pedir Purificación y Perdón. Salmo de David, cuando el profeta Natán fue a verlo por haber cometido David adulterio con Betsabé.”

Si reflexionamos sobre su vida – resulta evidente que, si alguien sabía algo acerca de la necesidad de purificación y perdón, ese era David. Comenzó como un humilde pastor, y Dios lo elevó hasta convertirlo en el rey más querido que jamás tuvo Israel. En el apogeo de su popularidad y éxito, cometió adulterio con Betsabé y, posteriormente, provocó la muerte de su esposo, Urías. David intentó encubrirlo – ocultarlo. Pero pronto comprendió – como nos sucede a todos – que, tarde o temprano, nuestros pecados terminan alcanzándonos.

El Salmo 51 es la oración de David: “Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor…Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado…Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.”

Es una oración hermosa, y las personas de fe la han utilizado en sus oraciones durante miles de años.

Resulta interesante que muchos de los Salmos sean oraciones de personas que atraviesan dificultades y piden ayuda – en muchos de ellos, el clamor es: “Dios, cambia mi situación para que pueda alabarte.” Estoy en problemas. O bien: “Dios, cambia a las personas que me rodean, cambia lo que están haciendo.” Pero este Salmo no dice: “Cambia mi situación,” o “Cambia a los demás.” No. David ora: “Cámbiame a mí…Cámbiame a mí.”

Cuando Dios dice que David es un hombre conforme a su corazón, tengo que creer que esto es parte de ello. Él confía en Dios lo suficiente como para admitir cuando se equivoca – él no culpa a otras personas ni culpa a su situación. No. Él ora: “Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. Contra ti he pecado.”

Hay algo liberador en poder ser totalmente sinceros, en abrir nuestro corazón y nuestra vida ante Dios. A menudo, es el primer paso hacia la sanidad en las relaciones. Y es, además, el primer paso hacia el crecimiento espiritual.

Oremos: Dios bondadoso, no somos perfectos. Hemos cometido errores. No tenemos nuestras vidas en perfecto orden. Por eso te necesitamos. Necesitamos que nos ayudes a soltar el pasado y a comenzar de nuevo de otra manera. Te damos gracias por tu gracia. Te damos gracias por tu perdón. Te damos gracias por tu amor; por medio de Jesucristo. Amén.

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October 20, 2026
Avanzando Hacia Dios

Hay una antigua ilustración rabínica que compara el acto de orar con una pequeña embarcación que se acerca a un muelle. Desde la perspectiva de quien está en la embarcación, a medida que sujetas la cuerda que está atada al muelle y tiras de ella, puede surgir la ilusión, durante unos instantes, de que la embarcación permanece inmóvil y que es el muelle el que se acerca hacia uno. De manera similar, al orar, podemos llegar a imaginar que estamos haciendo un esfuerzo por mover a Dios. Sin embargo, lo que en realidad estamos haciendo, aunque en ese momento no lo parezca, es acercarnos nosotros mismos a Dios.

 Es verdad. Ya sea que oremos fervientemente pidiendo la ayuda de Dios o que demos gracias por todo lo que existe, el acto mismo de orar nos conduce a la amorosa presencia de Dios. Mi amigo el Reverendo Roger Kunkel, q.e.p.d., solía animarnos a orar basándonos en el Salmo 31: “Mi vida entera está en tus manos, Oh Dios.” Hoy, te invito a presentar ante Dios tu gratitud y cualquier cosa que te esté agobiando. Haz esta sencilla oración: “Mis tiempos están en tus manos, Oh Dios.” Al hacerlo, que puedas sentir cómo te adentras con seguridad en su amorosa presencia.

 Oremos: Dios Eterno y Majestuoso, tú que has extendido los cielos y que nos formaste del polvo de la tierra, depositamos nuestra confianza en ti. Recibe hoy nuestra alegría y nuestra gratitud. Nos has bendecido con tanta abundancia. Toma nuestras preocupaciones, nuestra ansiedad y nuestras luchas. Concédenos guía, sabiduría y, sobre todo, el sentir de tu paz. Nuestros tiempos están en tus manos, Dios Amoroso, y te damos gracias. En el nombre de Jesús, Amén.

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