Tal vez hayas oído el dicho: “Si no tienes éxito a la primera, bienvenido al club.”
En una tira cómica de Peaunuts, Charlie Brown se queja de que su equipo de béisbol siempre pierde. Lucy trata de consolarlo diciendo: “Recuerda, Charlie Brown, se aprende más de las derrotas que de las victorias.” Charlie Brown responde: “Eso me convierte en el hombre más listo del mundo.”
La mayoría de nosotros sabemos lo que es enfrentarse al fracaso. Todos hemos pasado por eso en algún momento u otro. Somos humanos -de carne y hueso- y cometemos errores. Y Lucy tiene razón: hay mucho que aprender.
Pero a veces no aprendemos. A veces buscamos a quién culpar. A veces caemos en la desesperación o en la ira. A veces ni siquiera queremos reconocer que hemos cometido un error. Cuando cedemos ante estas tentaciones, no aprendemos nada.
Gary Apple tenía una forma de usar el humor para suavizar el fracaso. Una vez dijo: “Mi objetivo era jubilarme al cumplir los 40. He tenido un éxito parcial - he llegado a los 40.”
Es un gran comienzo. Cuando somos capaces de reírnos de nosotros mismos y admitir la derrota, estamos un paso más cerca de superarla. Si luego logramos analizar la situación con honestidad, es muy probable que haya mucho que aprender.
Hoy oro por ti y por mí, para que confiemos en que Dios saldrá a nuestro encuentro – incluso en medio de nuestros fracasos. En medio del quebranto de su propia vida, Dios le habló al Apóstol Pablo: “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Corintios 12:1-10)
Oremos: Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar; y la sabiduría para conocer la diferencia. En el nombre de Jesús, amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Hace años, cuando estaba al servicio de una iglesia en Jacksonville, casi todos los domingos nuestra directora del ministerio infantil dirigía el momento dedicado a los niños. Casi todas las semanas ella les preguntaba a los niños: “¿Quiénes son ustedes?” Y, ellos respondían al unísono: “¡Soy un Hijo de Dios!” Esto sucedía semana tras semana: “¿Quién eres?” ¡Soy un Hijo de Dios!”
Una de nuestras familias en Cristo se mudó a Indiana debido a un traslado laboral del padre, y nos entristeció verlos partir. Unas dos semanas después de que se mudaron, la madre de familia me llamó para contarme algo. Ella me dijo: “La semana pasada fuimos a visitar la nueva escuela de Abby para inscribirla (Abby es su hija y era alumna de segundo grado). Cuando nos reunimos con la directora, ella se inclinó, miró a Abby a los ojos y le preguntó: “¿Y tú quién eres, jovencita?” Y Abby respondió con voz firme: “¡Yo Soy una hija de Dios!”
¿No es eso genial? Espero que Abby nunca se olvide de eso. Y espero que tú tampoco lo olvides nunca.
En Isaías, capítulo 43, leemos: “Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre, tú eres mío.”
Oremos: Te damos gracias, Oh Dios, porque nos has llamado por nuestro nombre y nos has hecho tuyos. Recuérdanos - especialmente a través de las tribulaciones de la vida – que en la vida y en la muerte te pertenecemos. En el nombre de Jesús, amén.
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En el libro de Números, en el capítulo11, Moisés clama a Dios y pide ayuda. Dios contesta la oración derramando su Espíritu sobre 70 ancianos. Los ancianos se habían reunido todos en la Tienda de Reunión – el cual era el Tabernáculo, un lugar de adoración.
Pero dos hombres, Eldad y Medad, no estaban presentes. Cuando recibieron el mismo don del Espíritu y comenzaron a profetizar, Josué dijo: “¡Moisés, señor mío, detenlos!” Pero Moisés respondió:“ ¿Estás celoso por mí? ¡Cómo quisiera que todo el pueblo del Señor profetizara, y que el Señor pusiera su Espíritu en todos ellos!”
Los eruditos nos dicen que la historia de Eldad y Medad representa una perspectiva minoritaria frente a la historia de los setenta ancianos. Ellos dos no se encontraban en la Tienda de Reunión cuando el Espíritu descendió sobre los demás. En otras palabras, ellos no estaban en la iglesia. Pero el Espíritu de Dios se derramó sobre ellos de todos modos. Y a algunos eso no les gustó. No les gustó porque no era la forma en que ellos creían que Dios debía obrar.
A veces creemos que ya lo tenemos todo claro respecto a Dios, que lo tenemos todo resuelto. Pensamos que sabemos quién está adentro y quién está afuera…quién es amado y quién no. A veces pensamos que debemos tener todas las respuestas – no solo cuando se trata de la fe, sino también en la política, la filosofía o cualquier otro ámbito. Y eso nos deja con puntos ciegos. Dejamos de tener curiosidad. Dejamos de escuchar. Dejamos de estar abiertos al Espíritu que siempre desea hacer algo nuevo dentro de nosotros y alrededor de nosotros.
Lo opuesto a la humildad es el orgullo. Y la verdad es que todos nos vemos afectados por él, en mayor o menor medida.
Ayer oré pidiendo humildad y fortaleza. Hoy lo hago de nuevo: Que tú y yo – que nosotros - seamos personas lo suficientemente humildes y fuertes como para admitir que no tenemos todas las respuestas. Que seamos lo suficientemente humildes y fuertes para reconocer nuestras propias limitaciones y necesidades. Y que seamos lo suficientemente humildes y fuertes para liderar, tal como lo hizo Jesús, con un corazón de siervo.
Oremos: Espíritu Santo, abre de nuevo nuestros corazones a ti en este día. Concédenos la curiosidad y la capacidad de escuchar y de aprender. Danos una apertura a tu guía y ayúdanos a reconocer las señales de tu amor y gracia en el mundo que nos rodea. Oramos por medio de Cristo. Amén.
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En el libro de Números, en el capítulo 11, Moisés clama a Dios en señal de queja:
“Si yo soy tu siervo, ¿por qué me perjudicas? ¿Por qué me niegas tu favor y me obligas a cargar con todo este pueblo? ¿Acaso yo lo concebí o le di a luz…? Yo solo no puedo con todo este pueblo. ¡Es una carga demasiado pesada para mí!”
En esta etapa de su vida, mientras guiaba al pueblo de Israel a través del desierto, Moisés sentía el peso del mundo sobre sus hombros. La carga era abrumadora, y clamó a Dios con un lamento profundo: Yo solo no puedo.
Tal vez sepas lo que es eso. Me imagino que muchos de nosotros hemos pasado por esa situación – de sentirnos humildes ante la necesidad. Pero me pregunto cuántos de nosotros sentimos que podemos ser así de sinceros delante de Dios. A muchos nos enseñaron que las oraciones debían ser bonitas - formales, pulidas y con las palabras justas.
Sin embargo, en la Biblia muchas de las oraciones son mucho más crudas y auténticas. No hace falta leer mucho de los Salmos para comprobar que así es.
Se requiere humildad y fortaleza para reconocer nuestras limitaciones. Se requiere humildad y fortaleza para reconocer que necesitamos a los demás y a Dios, y para pedir ayuda. Muchas personas han descubierto que cuando bajan la guardia lo suficiente como para que otros se acerquen y compartir sus preocupaciones y cargas más profundas, las relaciones a menudo se fortalecen.
Mi oración de hoy es esta: Que tú y yo –que nosotros - seamos personas lo suficientemente humildes y fuertes como para clamar a Dios con sinceridad. Que seamos lo suficientemente humildes y fuertes para pedir ayuda cuando la necesitemos. Y que confiemos en que Dios es lo suficientemente grande para sobrellevar no solo nuestras cargar, sino también nuestra sinceridad.
Oremos: Clamamos a ti, Oh Dios, como personas que a veces se sienten quebrantadas y solas. No siempre tenemos las palabras para orar, pero confiamos en que conoces nuestros corazones. En este momento de silencio, te presentamos las oraciones más profundas de nuestros corazones. Oramos en el nombre de Jesús. Amén.
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Hace muchos años, en una tira cómica de Peanuts, se ve a Patricia (Peppermint Patty) y a Charlie Brown mirando por encima de un muro, ambos con un aspecto bastante abatidos. Patricia dice: “Necesito hablar con alguien que sepa lo que es sentirse como un tonto”, alguien que sepa lo que es ser humillado, alguien que haya sufrido la desgracia, la derrota y el desprecio…alguien que haya pasado por eso …” En la última imagen, no hay palabras. Charlie Brown simplemente gira hacia Patricia - con sus brazos extendidos.
Todos hemos estado en esas situaciones.
Todos tenemos momentos en los que hemos necesitado a alguien que simplemente nos comprenda. Todos necesitamos a personas que nos acompañen en nuestro dolor o en nuestras dificultades. En esos momentos, no necesitamos un sermón, consejo ni siquiera palabras sabias. Necesitamos la presencia - un abrazo cálido, alguien que nos escuche y un corazón lleno de afecto.
Espero que puedas ser esa persona para alguien más - un amigo, un vecino, un ser querido, o incluso un desconocido. Cuando abrimos nuestros corazones a los demás con amor, a menudo recibimos mucho más de lo que damos.
Tan solo piensa en Charlie Brown.
Oremos: Eres una fuente de Esperanza, te damos gracias porque no caminamos solos. Te damos gracias porque no tenemos que cargar con el peso del mundo sobre nuestros hombros. Te damos gracias porque podemos depositar nuestras preocupaciones en ti y depender de tu fortaleza. Y te damos gracias por el don de la comunidad de fe – aquellos que caminan a nuestro lado. Oramos hoy por todos los que necesitan desesperadamente tu gracia y tu presencia. Oramos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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