Siendo un joven pastor, recién egresado del seminario, le pregunté a mi amigo y colega Roger Kunkel, q.e.p.d., si tenía algún consejo para un pastor nuevo. Él respondió: “Hay que tomar tu ministerio seriamente – pero no te tomes a ti muy en serio. Cultiva un sentido del humor y un sentido de la humildad.”
Unos años más tarde, Roger me dio, de hecho, una lección de humildad. Estábamos impartiendo una clase conjuntamente para adultos en nuestra congregación, turnándonos para dirigir la clase. Roger inició y luego me cedió el turno a mí. Realmente me había preparado para esto y pensé que tenía un contenido excepcional. Pero cuando llegó el momento de cederle el turno nuevamente a Roger, noté que tenía la cabeza baja y creo que podría haber estado roncando. Uno de los jóvenes de la primera fila dijo: “Joe, ¡lo has puesto a dormir, hombre!”
Roger y yo nos reímos de dicha situación durante años. Habría sido fácil para uno o ambos de nosotros haber estado avergonzado, o herido, pero era mucho mejor para el alma habernos reído.
Uno de los proverbios favoritos de Roger era: “Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos.” ¡Es tan verdadero esto!
Oremos: Amado Dios, hay momentos en la vida cuando todo el mundo parece conspirar contra nosotros, cuando todo parece desmoronarse. Gracias por la capacidad de reírnos de las cosas absurdas en la vida. Gracias, especialmente, por la capacidad de reírnos de nosotros mismos. Ayúdanos a recordar siempre cuánto tenemos y por locual debemos de estar agradecidos en cualquier circunstancia – y recordar que tú eres el que en definitiva está a cargo. En humildad y la risa, que podamos redescubrir tu presencia y tu alegría. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
En la cruz, entre las últimas palabras de Jesús estuvieron: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).
Me cuesta asimilar eso.
Padre, perdona a los líderes religiosos. Padre, perdona a los soldados romanos. Padre, perdona a las multitudes que pidieron mi muerte. Padre, perdona a aquellos que me negaron y me traicionaron. Padre, perdona, perdona, perdona…
A lo largo de los años, he escuchado historias de personas que han sufrido abusos por parte de un familiar. Una vez, un amigo me contó sobre un socio de negocios que le robó decenas de miles de dólares. Pienso en otro amigo cuya esposa lo abandonó por otra persona después de tan solo un año de matrimonio.
Muchos de nosotros cargamos con un dolor inmenso. Y no cabe duda: ese dolor es real. Quizás sepas lo que significa cargar con una herida e ira. Quizás sepas lo que es no querer perdonar. La sed de venganza es una emoción poderosa. Y, sin embargo, la verdad es que, si cargamos con odio, ira y amargura, ¿a quién terminamos lastimando, en última instancia?
Con el paso de los años, me he vuelto cada vez más consciente de que el perdón es uno de los mejores regalos que podemos hacernos a nosotros mismos. No condonar. Ni siquiera, necesariamente, olvidar o reconciliarse. Sino perdonar, dejar ir. Es una forma de liberarnos.
El teólogo franciscano Richar Rohr lo expresó de la siguiente manera:
«El anhelo y la disposición a amar constituyen la libertad y el futuro supremos. Cuando uno ha sido acogido en la inmensidad del amor divino, simplemente no queda lugar para la venganza, el juicio precipitado o los reclamos de retribución. Ciertamente, no observamos nada de esta mezquindad en el Cristo Resucitado tras su propia marginación, su traición y su cruel muerte; no la vemos ni siquiera en su círculo más íntimo, ni en todo el Nuevo Testamento. Realmente no puedo imaginar una forma de vivir más amplia y espaciosa…El perdón podría ser, tal vez, la mejor descripción de aquello que la bondad de Dios engendra en la humanidad».
Oremos: Hoy oro, Oh Dios, por aquellos que luchan por perdonar. Oro para que tu gracia sanadora repose sobre ellos. Por el poder de tu Espíritu, ayúdalos a dejar ir y a ser liberados. Lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El mensaje de hoy fue escrito por mi amigo el Rev. Roger Kunkel, q.e.p.d., fundador de Dial Hope.
En un musical de Broadway, “STOP THE WORLD, I WANT TO GET OFF,” (DETEN AL MUNDO, QUIERO BAJARME), el actor Anthony Newley cantó una poderosa canción: “Once in a Lifetime” (Una Vez en la Vida). Contiene estas palabras conmovedoras: “Este es mi momento…voy a hacer grandes cosas.”
Lamentablemente, debemos confesar que conocemos el sentimiento vació de “perder nuestro momento,” dejar pasar la oportunidad. Todos nosotros, por temor o timidez, o por inseguridad, ha dejado perder oportunidades y momentos especiales. Los psicólogos nos dicen que, si no actuamos cada vez que tenemos este tipo de sentimientos, es menos probable que actuemos más tarde cuando se presenten otros momentos semejantes. Cada vez que no actuamos nos volvemos más endurecidos, más desensibilizados, más paralizados emocionalmente. Nos engañamos mediante la sustitución de la emoción por la acción, pensando que sólo porque lo sentimos, lo hemos atendido.
¿Cuántas cartas nunca se han escrito?
¿Cuántas llamadas telefónicas nunca se han realizado?
¿Cuántos elogios se han dejado de decir?
¿Cuántos “lo siento” siguen sin ser pronunciados?
¿Cuántas “Gracias” nunca se han dicho?
¿Cuántos “te amo” todavía no han sido expresados?
¿Cuántos compromisos aún no se han realizado?
¡Porque perdimos nuestro momento!
Si hay algún vacío, un hueco, vacuidad, hambre en tu vida, recuerda – Jesús te ofrece vida. ¡No te pierdas este momento! Si hay alguna bondad o amor que puedas mostrar, muéstralo ahora. ¡Aprovecha el momento! ¡Vive hoy plenamente y haz de ella una obra maestra!
Oremos: Dios de amor, sabemos que estás siempre con nosotros y que nos amas. ¡Cuán pacientemente eres como nuestro tutor! Fortalece la columna vertebral de nuestras creencias, fortalece nuestra determinación, muévenos a la acción, para que las raíces de la fe lleguen al centro de nuestros corazones. Concédenos la paz que viene de tu amor…ya sea que caminemos a través de campos de flores o tropecemos por calles de tristeza, caminaremos a tu lado. Acércate hoy a aquellos que están experimentando dolor o soledad. En el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Hace algún tiempo, leí una historia interesante acerca del final de la Batalla de Waterloo en 1815. En aquellos días, el informe del campo de batalla era primeramente llevado por los buques a la costa sur de Inglaterra y luego se transmitía mediante banderas de señales hasta Londres.
Al parecer, cuando el informe fue recibido en Winchester, las banderas de la catedral comenzaron a deletrear el mensaje, “Wellington derrotado.” Antes de que el mensaje fuese completado, una densa niebla se cernió y los corazones de las personas se hundieron – Wellington derrotado. Sin embargo, cuando se empezó a dispersar la niebla, se hizo evidente que las señales de la catedral de Winchester realmente se deletreaba este mensaje triunfal: “¡Wellington ha derrotado al enemigo!”
El Rev. George Antonokos recoge esta historia y escribe: “Demasiado a menudo permitimos que el futuro se coloree por lo que entendemos en el momento…Confía en Dios en medio de la transición y el conflicto…Deja ir el pánico, entrégate otra vez a sus manos. Dios es para ti y Dios te verá triunfar. Confía en él.”
Oremos: Amado Dios, es difícil confiar en medio de grandes dificultades. Nuestra comprensión es tan limitada. Demasiado a menudo saltamos a conclusiones y hacemos suposiciones sobre el futuro basados en la situación actual. Y así te pedimos que nos ayudes a ver más allá del momento; más allá del dolor y las heridas; más allá de la angustia. Ayúdanos a confiar en que tu mano está obrando, incluso ahora, para sanar, para redimir, para que seamos plenos nuevamente. Vuelve a entrar en nuestras vidas, y concédenos tu paz. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El mensaje de hoy fue escrito por el Rev. Dr. Roger Kunkel, q.e.p.d., fundador de Dial Hope (Digita Esperanza).
Gracie Allen dijo una vez: “No pongas un punto donde Dios ha puesto una coma.”
Amigos de Dial Hope (Digita Esperanza), ese fue el mensaje de la Semana Santa. No pongas un punto donde Dios ha puesto una coma. El arresto de Jesús no fue el final. El juicio de Jesús no fue el final. La crucifixión de Jesús no fue el final. El entierro de Jesús no fue el final. Dios dijo: “No, eso no es un punto final. Es solo una coma. No ha terminado. Tengo una sorpresa para ti. Tengo una resurrección para ti. No ha terminado. Acabo de empezar.
Es por eso por lo que acudimos a Dios con la humildad diciendo: “Hágase tu voluntad, Oh Dios,”porque Dios sabe lo que no podemos saber y ve lo que no podemos ver. Alguien dijo una vez que somos como una mosca que se arrastra sobre una pintura al óleo. Estamos muy cerca de eso, no podemos ver el panorama general. Dios puede, y así sea cual sea tu momento difícil…una enfermedad, pena, soledad, desesperación, la mejor oración es: “Hágase tu voluntad, Oh Dios.”
Oremos: Dios de la Pascua, sálvanos de una celebración social empalagosa, moralista, de lo que debería ser una transformación espiritual y salvadora. Gracias por la enseñanza de Pascua y la verdad de que la tragedia, las pruebas, los problemas y procesos se puedan transformar en triunfo. Que, con tu ayuda, nuestros puntos finales sean solo comas. Danos energía y danos poder para decir: “Hágase tu voluntad.” En el nombre de Cristo resucitado. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Check out our social media!
Facebook
Instagram
Web design by The Gullivers
The Dial Hope Foundation is a 501(c)(3) organization – Federal Tax ID #26‑4326614
For tax purposes, no goods or services are exchanged in consideration of a charitable contribution. Ref: CH32625
DAILY MESSAGE
941-955-8929
Instructions for our military
EMAIL
info@dialhope.org
ADDRESS
Dial Hope Foundation
P.O. Box 953
Sarasota, Florida 34230