El mensaje de hoy fue escrito por el Rev. Dr. Roger Kunkel, q.e.p.d., fundador de Dial Hope (Digita Esperanza).
Gracie Allen dijo una vez: “No pongas un punto donde Dios ha puesto una coma.”
Amigos de Dial Hope (Digita Esperanza), ese fue el mensaje de la Semana Santa. No pongas un punto donde Dios ha puesto una coma. El arresto de Jesús no fue el final. El juicio de Jesús no fue el final. La crucifixión de Jesús no fue el final. El entierro de Jesús no fue el final. Dios dijo: “No, eso no es un punto final. Es solo una coma. No ha terminado. Tengo una sorpresa para ti. Tengo una resurrección para ti. No ha terminado. Acabo de empezar.
Es por eso por lo que acudimos a Dios con la humildad diciendo: “Hágase tu voluntad, Oh Dios,”porque Dios sabe lo que no podemos saber y ve lo que no podemos ver. Alguien dijo una vez que somos como una mosca que se arrastra sobre una pintura al óleo. Estamos muy cerca de eso, no podemos ver el panorama general. Dios puede, y así sea cual sea tu momento difícil…una enfermedad, pena, soledad, desesperación, la mejor oración es: “Hágase tu voluntad, Oh Dios.”
Oremos: Dios de la Pascua, sálvanos de una celebración social empalagosa, moralista, de lo que debería ser una transformación espiritual y salvadora. Gracias por la enseñanza de Pascua y la verdad de que la tragedia, las pruebas, los problemas y procesos se puedan transformar en triunfo. Que, con tu ayuda, nuestros puntos finales sean solo comas. Danos energía y danos poder para decir: “Hágase tu voluntad.” En el nombre de Cristo resucitado. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El pastor Phil Callaway cuenta sobre una anécdota en que conducía frente a un cementerio local, con su hijo de cinco años como pasajero. Como solo un niño puede hacerlo, su hijo señaló una gran cantidad de tierra junto a una tumba recién excavada y exclamó: “¡Mira, Papá, uno se salió!”
Calloway se rio en dicho momento, pero luego reflexionó: “Cada vez que paso por un cementerio, recuerdo a Aquel que sí salió.” Y ese, por supuesto, fue Jesús.
Es una afirmación bastante audaz, ¿verdad que sí? La resurrección de Jesús es la promesa central de la Pascua, la esperanza misma que celebramos. Pero no se trata solo de una afirmación histórica sobre una tumba vacía; es una promesa que se extiende mucho más allá de aquella primera mañana.
En tiempos de incertidumbre y cambio, en un mundo lleno de soledad y división, recuerdo que la Pascua no promete que la oscuridad desaparecerá. No garantiza que la vida estará libre de luchas o dudas. Pero la Pascua sí promete que el mismo poder que resucitó a Jesús de entre los muertos - ¡sigue obrando en ti, en la iglesia y en el mundo! Ese mismo poder te está llamando por tu nombre, y nunca te abandonará. Es el mismo poder que te abriga incluso en la eternidad; y que aún ahora busca hacer nuevas todas las cosas.
Oremos: Dios misericordioso, mientras continuamos a través de esta temporada de Pascua, te pedimos que traigas nueva vida a aquellos lugares de nuestro mundo y de nuestros corazones que aún se aferran a la muerte. Muévete profundamente dentro de nosotros para que podamos experimentar tu paz, tu gracia y tu amor. Empodéranos entonces para vivir de tal manera que podamos llevar esperanza a los demás. Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor resucitado. Amén.
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En los últimos días, hemos estado reflexionando sobre la belleza y el regalo de la Pascua, y hoy continúo con ese tema.
Cuando pienso en la Pascua, me asombra que un joven, un carpintero del pequeño pueblo de Nazaret, asumiera toda la oscuridad del mundo. Y que en la cruz, de alguna manera misteriosa, la oscuridad, el odio y la violencia del mundo se transformaran en una luz inextinguible.
Creo que por eso la Pascua es tan significativa para nosotros. En un momento en que nuestra nación está dividida, cuando nuestras vidas se sienten fragmentadas y sin rumbo, cuando nuestras instituciones están siendo cuestionadas, nos aferramos a la promesa de la Pascua, la esperanza de que esta luz sanadora irrumpa en la oscuridad. Nos aferramos a la promesa de que hay algo más allá de esta vida. Que lo que está muerto y perdido puede dar lugar a algo nuevo, algo hermoso. Que incluso en la oscuridad, Dios ya está obrando.
La Pascua no significa que Dios siempre hará que las cosas salgan como queremos. Tampoco significa que nos librará de los momentos más difíciles de la vida. Pero sísignifica que nunca debemos renunciar al poder de Dios para cambiar una situación…para transformar una vida…incluso para redimir al mundo. Significa que la última palabra aún está por decirse.
Oremos: Dios misericordioso, te damos gracias por resucitar a Jesús. Te damos gracias por la esperanza que nos trae la Pascua. Infunde nueva vida en nosotros, incluso ahora. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Aleluya. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Hace años, tuve un amigo que formaba parte de la clase de escuela dominical para jóvenes adultos que yo impartía. Cuando lo conocí, él era un líder en nuestra iglesia. Él estaba casado, tenía dos hijos y un excelente trabajo.
Una vez contó que, durante su adolescencia, él luchó durante años contra la adicción y a la cocaína base. Él nos relató que una noche, después de que sus padres lo echaran de casa, tuvo que dormir en la calle. Él había pasado años convenciéndose de que podía dejar la adicción cuando quisiera, pero en ese momento, con frío, mojado, asustado y solo, se dio cuenta de que era incapaz de parar. Él cayó de rodilla y comenzó a orar.
Eso fue hace 20 años.
Tengo en mente a dicha persona y pienso: Eso es luz que surge de la oscuridad, vida que surge de la muerte.
A lo largo de los años, he visto una y otra vez cómo Dios puede tomar del quebrantamiento, el sufrimiento y la angustia y transformarlos en algo nuevo, algo aún más fuerte, algo hermoso.
Una vez más, ruego que en esta temporada de Pascua lleguen a confiar en que no hay un lugar que la luz de la Pascua no puede alcanzar y sanar. ¡Que confíen en que el poder que resucitó a Jesús sigue obrando en ustedes, en la iglesia y en el mundo! Ese mismo poder los llama por su nombre. Es el mismo poder que los sostiene, incluso por toda la eternidad, y que ahora mismo busca renovar todas las cosas.
Oremos: Dios misericordioso, te damos gracias por resucitar a Jesús. Te damos gracias por la esperanza que nos trae la Pascua. Infunde nueva vida en nosotros, incluso ahora. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Aleluya. Amén.
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Los cuatro Evangelios narran la historia de la Pascua con ligeras variaciones, pero todos comparten un detalle: María Magdalena fue al menos una de las primeras en llegar al sepulcro esa mañana. No sabemos mucho sobre ella, pero es evidente que Jesús tocó profundamente su vida.
María había estado con Jesús en todo momento. Ella había visto vidas transformadas, cuerpos sanados y ojos abiertos. Ella había presenciado cómo la multitud lo adoraba y cómo los líderes religiosos lo despreciaban. Y ella permaneció al pie de la cruz mientras lo crucificaban, con el corazón destrozado.
El Evangelio del apóstol Juan nos dice: “…cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro…”
Cuando estaba oscuro…Probablemente se refiere a la hora del día, pero quizá habla del estado de su alma.
La encontramos llorando…Y en su alma, “…todavía estaba oscuro.”
A menudo, observamos el mundo que nos rodea y nos asombramos ante la oscuridad. A veces, observamos nuestras propias vidas y nos asombramos ante la oscuridad. A veces es difícil tener esperanza.
El poeta y filósofo irlandés John O’Donohue escribió:
“Vivimos entre la oscuridad y la luz…Siempre estamos en este viaje entre ambas. Cada mañana, salimos del territorio de la oscuridad del sueño y entramos en la consciencia del día. Al nacer, cada uno de nosotros emprendió un viaje de la oscuridad a la luz…La vida humana está guiada, equilibrada y serena por la luz de la mente y el espíritu de la persona. Vivimos entre la oscuridad y la luz”
Siempre experimentamos algo de ambas cosas. Pero si la historia de Jesús nos enseña algo, es que incluso en la oscuridad, incluso cuando no podemos verlo, Dios está obrando.
Oro para que en esta temporada de Pascua llegues a confiar en que no hay lugar que la luz de la Pascua no pueda alcanzar y sanar. ¡Que confíes en que el poder que resucitó a Jesús sigue obrando en ti, en la iglesia y en el mundo! Ese mismo poder te llama por tu nombre. Es el mismo poder que te sostiene, incluso por toda la eternidad, y que ahora mismo busca renovar todas las cosas.
Oremos: Dios misericordioso, te damos gracias por resucitar a Jesús. Te damos gracias por la esperanza que nos trae la Pascua. Infunde nueva vida en nosotros, incluso ahora. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
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