Un adolescente se cansó de leerle cuentos a su hermana pequeña antes de dormir. Él decidió grabar algunas de sus historias favoritas en la computadora y le dijo: “Ahora puedes escuchar tus cuentos cuando quieras. ¿No es genial? Solo tienes que pulsar el botón.”
Ella miró a la máquina por un momento y respondió; “No. No es genial. No tiene un regazo en donde sentarse.”
¡Es totalmente cierto! La tecnología es una bendición en muchos sentidos. Nos permite reconectar con amigos perdidos hace mucho tiempo y mantenernos en contacto a pesar de la distancia. Pero no sustituye el contacto humano. Recuerdo que Dios envió a Jesús, de carne y hueso, para caminar con las personas, para comer con ellas, para tocarlas y sanarlas.
Hace años, vi a un grupo de adolescentes en un restaurante local. Estaban cenando juntos, pero me di cuenta de que cada uno de ellos estaba mirando sus teléfonos. Estaban completamente concentrados en la pequeña pantalla en la palma de sus manos - y completamente ajenos a los amigos que estaban justamente delante de ellos. Me entristeció. Por desgracia, veo esto constantemente hoy en día, incluso entre adultos.
Hoy, que tú y yo atesoremos esos momentos en los que podemos estar cara a cara con amigos y seres queridos y experimentar una presencia real. Y que nunca olvidemos que este tiempo juntos es un regalo. Es, sin duda, un tiempo sagrado.
Oremos: Dios de la Esperanza, gracias por las personas que has traído a nuestras vidas – vecinos, amigos, familiares y otras personas que recorren el camino con nosotros. Gracias por los momentos de risas, por las cenas y conversaciones compartidas, por los abrazos y sonrisas, y por la forma en que los ojos hablan más profundamente que las palabras. Ayúdanos a valorar a estas personas y estos momentos. Oramos también por la familia y los amigos que están lejos. Que tu Espíritu se refresque en cada una de nuestras vidas este día. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
En el Salmo 105 leemos:
Den gracias al Señor, invoquen su nombre;
Den a conocer sus obras entre las naciones.
Cántenle, entónenle salmos;
Hablen de todas sus maravillas.
Siéntanse orgullosos de su santo nombre;
Alégrese el corazón de los que buscan al Señor.
No sólo en este Salmo – sino en toda la sagrada Escritura – se percibe un entusiasmo, una chispa de vida que es imposible contener. En un sentido amplio, nuestras escrituras son relatos y poemas que nombran lo que Dios está haciendo y alaban lo que ha hecho.
Fíjate en los verbos del Salmo: Den gracias, den a conocer, cántenle, siéntanse orgullosos…
Se cree ampliamente que este salmo fue escrito mientras la comunidad de fe vivía en el exilio en Babilonia. Este Salmo es poesía - y es muy posible que haya sido cantado o entonado en adoración desde tiempos muy remotos.
De hecho, si leyéramos el salmo hasta el final, narraría la historia desde Abraham hasta el Éxodo – la salida de Egipto - Dios guiando, Dios rescatando, Dios Salvando. Teníamos hambre y tú nos proveíste. Éramos oprimidos y tú nos liberaste. Tuvimos sed y sacaste agua de la roca. Nos llevaste con alegría y cantos.
Me imagino que hubo personas en el exilio que escucharon estas palabras - esta poesía, esta canción – que sintieron ansiedad…que se preocuparon por el futuro…preguntándose: “¿En qué clase de mundo crecerán nuestros hijos? ¿Tendrá este diagnóstico, esta enfermedad, este divorcio, este problema la última palabra?”
Y me imagino que cuando este salmo era leído en voz alta o cantado por una congregación, las personas escucharían su abrumador tono de alegría. Ellos escucharían el testimonio de los fieles a través de las generaciones. Y recordarían: adoramos a un Dios que rescata, que redime y salva.
Y esa es mi oración por ti hoy: Que recuerdes las veces que Dios te ha rescatado, te ha sostenido y te ha bendecido. Que recuerdes las historias y los cantos de fe. Y que te aferres a la esperanza.
Oremos: Danos ojos y corazones abiertos para que podamos notar la belleza de tu mano obrando en nuestras vidas y en este mundo - incluso ahora. Amén.
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En algunas de sus parábolas, Jesús nos dijo que el reino de Dios es como una semilla esparcida en la tierra. Es pequeño, discreto.
Para quienes escucharon estas parábolas en tiempos de Jesús, no se parecían en nada a lo que esperaban. Creían que la llegada del reino de Dios sería un acontecimiento trascendental, una revolución. Israel se convertiría en la potencia dominante. Una metáfora más apropiada sería un terremoto o una tormenta eléctrica.
Pero no. Jesús dijo que es más como una semilla.
Incluso para nosotros, esto puedo resultar difícil. A menudo, buscamos lo grande, lo prominente, lo espectacular. Y nuestros pequeños esfuerzos pueden parecer insignificantes. A veces nos preguntarnos: ¿Mi pequeño gesto marcará la diferencia? ¿Mi contribución significa algo? ¿Lo que ofrezco realmente puede hacer alguna diferencia?
Cuando la Madre Teresa falleció, ella era amada y reconocida en todo el mundo. Pero nadie habría imaginado que ella alcanzaría tal influencia al principio. ¿Qué tenía? Ella era una mujer menuda que comenzó prácticamente sin nada. Ella les dijo a sus superiores: “Tengo tres monedas de un centavo y un sueño de Dios para construir un orfanato.”
“Madre Teresa,” dijeron sus superiores: “No se puede construir un orfanato con tres centavos. Con tres centavos no se puede hacer nada.”
“Lo sé”, dijo ella. “Pero con Dios y tres centavos puedo hacer cualquier cosa.”
Oremos: Dios de Gracia, a veces nos sentimos abrumados por las necesidades del mundo que nos rodea. A veces nos sentimos abrumados por nuestras propias necesidades. Empodéranos hoy para dar incluso pequeños pasos, para sembrar incluso pequeñas semillas, para vivir - incluso en lo sencillo - más en consonancia con tu reino. Ayúdanos a confiar más allá de lo que vemos. Nos aferramos a la promesa de Cristo: que contigo todo es posible. Es en su nombre que oramos. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El mensaje de hoy fue escrito por mi amigo Rev. Dr. Roger Kunkel, q.e.p.d., Fundador de Dial Hope.
¡Un buen recuerdo es un regalo maravilloso! La verdad es que no hay mucha gente con recuerdos fotográficos. De hecho, la mayoría de nosotros sufrimos de recuerdos en que nos fallan en los momentos más inoportunos. Un poeta dijo una vez sobre la mente:
“¡La única vez que se sienta es cuando me pongo de pie para hablar!”
Sin embargo, tan importante como pudiera ser un buen recuerdo, el poder de olvidar puede ser igualmente valioso. Con eso en mente, considera estas viñetas:
Clara Barton, fundadora de la Cruz Roja Americana, le recordaron una vez la crueldad que le hicieron. Con serenidad, ella respondió, ¡recuerdo claramente haber olvidado eso!
Un médico dijo una vez: “Mi padre me enseñó que una de las mayores bendiciones de Dios es la capacidad de olvidar algunas cosas y continuar con la vida.”
El apóstol Pablo sabía que hay algunas cosas que debes de olvidar, y lo dejó claro en su carta a los Filipenses: “Olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, ¡sigo avanzando hacia la meta! (Filipenses 3:13, 14). Pablo había aprendido que tan maravilloso como es recordar, a veces también es bueno olvidar intencionalmente.
Por ejemplo, es posible que tengamos que olvidar nuestros logros pasados, nuestras heridas pasadas y nuestros fracasos. Puedes levantarte, sacudirte, y comenzar todo de nuevo. Recuerda: Nadie puede regresar al pasado y comenzar de nuevo. Pero cualquiera puede empezar desde aquí y hacer un nuevo final.
Oremos: Oh Señor, Señor nuestro, cuán excelente es tu nombre en toda la tierra. Toda la creación canta en armonía contigo, el director de orquesta. Excepto, a veces queremos cantar nuestras propias melodías. Perdona nuestra terquedad. Que algún día podamos llegar a ser como los árboles que son plantados cerca de arroyos, que producen su fruto en la estación, y sus hojas resisten. En todo lo que hacen prosperan.
Camina con aquellos que han tenido malas noticias, aquellos que están deprimidos y con aquellos que están sufriendo. Dando paciencia y valor y esperanza. Envía amor a todos los niños que viven en la pobreza y la infelicidad. En el nombre de Jesús. Amén.
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Hace poco escuché una entrevista con el poeta y escritor Ross Gay. Me intrigó especialmente su libro Inciting Joy (Incitando a la Alegría). Ross tenía la costumbre de fijarse en algo cada día – un momento en el que experimentaba alegría – y luego escribir sobre ello. ¡Él lo hizo a diario durante un año!
Él dijo que al principio le costaba encontrar algo cada día. Pero luego, cuanto más lo hacía, más fácil se volvía. Y cuanto más fácil se volvía, más disfrutaba de su vida cotidiana. ¡Estaba por todas partes! Dijo que era como un músculo que hay que ejercitar. Pero una vez que lo fortaleces –la vida se siente más alegre.
Esto me hizo reflexionar sobre otros músculos espirituales…especialmente en estos tiempos, el músculo espiritual de la esperanza. Como seres humanos, somos muy buenos para notar lo que nos divide, lo que nos enoja. Pero ¿qué pasaría si quienes seguimos a Jesús adoptáramos un enfoque diferente?
El poeta y artista William Blake dijo una vez: “Nos convertimos en aquello que contemplamos.”
Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Qué estamos contemplando? ¿Qué capta nuestra atención? ¿Estamos prestando demasiada atención a lo que nos enfurece? ¿Estamos prestando demasiada atención a lo que nos divide? ¿Nos estamos obsesionando con lo que nos irrita? ¿O estamos prestando atención a lo que nos da esperanza, a lo que nos trae alegría – la presencia de Dios en lo cotidiano?
Hoy, los invito a unirse a mí en esta práctica sencilla, pero profunda. Fortalezcan ese músculo espiritual. Observen dónde encuentran esperanza. Observen dónde encuentran alegría. Y observen dónde ven a Cristo en este mundo, a veces desgarrador y doloroso, pero a menudo hermoso y maravilloso.
Oremos: Dios de gracia, no necesitamos mirar muy lejos para notar tu presencia en lo cotidiano. A veces nos absorbemos tanto en el día a día, tan distraídos por los titulares de las noticias, que nuestros sentidos se debilitan y nos perdemos de la belleza, la alegría y el gozo que nos rodean. Ayúdanos a prestar atención. Empodéranos para percibir. Sorpréndenos hoy con tu gracia. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
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