Los cuatro Evangelios narran la historia de la Pascua con ligeras variaciones, pero todos comparten un detalle: María Magdalena fue al menos una de las primeras en llegar al sepulcro esa mañana. No sabemos mucho sobre ella, pero es evidente que Jesús tocó profundamente su vida.
María había estado con Jesús en todo momento. Ella había visto vidas transformadas, cuerpos sanados y ojos abiertos. Ella había presenciado cómo la multitud lo adoraba y cómo los líderes religiosos lo despreciaban. Y ella permaneció al pie de la cruz mientras lo crucificaban, con el corazón destrozado.
El Evangelio del apóstol Juan nos dice: “…cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro…”
Cuando estaba oscuro…Probablemente se refiere a la hora del día, pero quizá habla del estado de su alma.
La encontramos llorando…Y en su alma, “…todavía estaba oscuro.”
A menudo, observamos el mundo que nos rodea y nos asombramos ante la oscuridad. A veces, observamos nuestras propias vidas y nos asombramos ante la oscuridad. A veces es difícil tener esperanza.
El poeta y filósofo irlandés John O’Donohue escribió:
“Vivimos entre la oscuridad y la luz…Siempre estamos en este viaje entre ambas. Cada mañana, salimos del territorio de la oscuridad del sueño y entramos en la consciencia del día. Al nacer, cada uno de nosotros emprendió un viaje de la oscuridad a la luz…La vida humana está guiada, equilibrada y serena por la luz de la mente y el espíritu de la persona. Vivimos entre la oscuridad y la luz”
Siempre experimentamos algo de ambas cosas. Pero si la historia de Jesús nos enseña algo, es que incluso en la oscuridad, incluso cuando no podemos verlo, Dios está obrando.
Oro para que en esta temporada de Pascua llegues a confiar en que no hay lugar que la luz de la Pascua no pueda alcanzar y sanar. ¡Que confíes en que el poder que resucitó a Jesús sigue obrando en ti, en la iglesia y en el mundo! Ese mismo poder te llama por tu nombre. Es el mismo poder que te sostiene, incluso por toda la eternidad, y que ahora mismo busca renovar todas las cosas.
Oremos: Dios misericordioso, te damos gracias por resucitar a Jesús. Te damos gracias por la esperanza que nos trae la Pascua. Infunde nueva vida en nosotros, incluso ahora. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Recuerdo con cariño, de mi adolescencia, a mi abuelo dirigiendo un servicio religioso de Pascua al amanecer en la playa de San Agustín. Yo recuerdo haber madrugado y bajado a la playa. El cielo estaba completamente oscuro. Mientras cantábamos el himno inicial, se podía ver como el cielo se abría en el horizonte. Luego, a medida que avanzaba el servicio religioso, intensos tonos rosas, naranjas y amarillos llenaron el espacio entre imponentes nubes de tormenta. Las nubes e incluso el océano reflejaban esos mismos colores majestuosos. Cuando por fin salió el sol, ¡se sentía como que todo el cielo cantaba alabanzas!
Uno de los aspectos más hermosos del Cristianismo es el misterio Pascual, que se encuentra en el corazón de nuestra fe: Es precisamente en el punto de mayor oscuridad, precisamente desde nuestro quebrantamiento, desde nuestros fracasos, desde el sufrimiento e incluso desde la muerte misma…que Dios realiza su mayor obra.
Oremos: Dios misericordioso, te damos gracias por resucitar a Jesús. Te damos gracias por la esperanza que nos trae la Pascua. Infunde nueva vida en nosotros, incluso ahora. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El mensaje de hoy fue escrito por el Reverendo Roger Kunkel, q.e.p.d., fundador de Dial Hope.
Ya sabes, cuando los problemas entran a nuestras vidas, cuando la tragedia golpea, “¿Dónde está Dios?” Y la respuesta es – Dios está en el mismo lugar que estaba cuando su hijo estaba en la cruz. Dios no nos abandona; Dios está con nosotros en cada paso del camino. Él está con nosotros más cerca que nuestras manos y pies. Y a medida que seguimos avanzando, viviendo un día a la vez, confiando en Dios y haciendo lo mejor que podamos, él se mueve con nosotros; nos trae por el valle.
En el capítulo quincuagésimo de Génesis, esto fue a lo que José se refirió cuando dijo a sus hermanos: “Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien.” (Génesis 50:20). Lo que había sucedido era malo, pero Dios sacó lo bueno de esos terribles acontecimientos. Esa es la buena noticia de nuestra fe. Dios está con nosotros, y nada, ni siquiera la muerte, puede separarnos de él. “He aquí, yo estoy con vosotros siempre,” – esa es la promesa más significativa de Dios, y cuando afirmamos dicha promesa cambia nuestras vidas. Ahora haz de este día una obra maestra porque eres bendecido para ser una bendición para los demás.
Oremos: Dios de todos los tiempos, entra en nuestras vidas y haznos sanos. Al entrar en el tiempo de Jesús el Cristo, que nazca en nosotros el día de hoy y que nos conduzca a la luz de tu amor. Acompaña a todos los que están necesitados de calor, vida y esperanza. Acompaña a los afligidos. Acompaña a los enfermos. Acompaña a los que tienen miedo, para que puedan sentirse en tus Fuertes brazos. Guíanos a tu luz, porque oramos en el nombre de la luz del mundo, Jesucristo. Amén.
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En este Sábado Santo, mientras nos situamos entre la cruz y la tumba vacía, recuerdo cuán a menudo nos encontramos en este espacio liminal. Al contemplar el mundo que nos rodea, e incluso al reflexionar sobre nuestras propias vidas, no podemos evitar experimentar la oscuridad del Viernes Santo. Y, sin embargo, al mismo tiempo, vivimos como personas que también han vislumbrado las promesas de la Pascua.
A mediados del siglo XVI, Teresa de Ávila escribió:
“En resumen, en medio de esta tempestad, no queda más remedio que aguardar la misericordia de Dios, quien, de repente, en la hora más insospechada, con una sola palabra o en alguna ocasión fortuita, levanta de pronto toda esta carga del alma, de tal modo que parece como si está jamás se hubiera visto ensombrecida…Entonces, tal como alguien que ha escapado de una batalla peligrosa y ha alcanzado la victoria, el alma no cesa de alabar a nuestro Señor, pues es Él quien ha combatido y le ha permitido vencer.”
En su libro Contemplación, Barbara Holme lo plantea de esta manera:
“Es en la oscuridad, es el momento de crisis, cuando has caído por debajo de todas tus propias expectativas es donde reside la oportunidad del renacimiento.”
Oremos: Santo Dios, te pido hoy que salgas a nuestro encuentro mientras esperamos. Concédenos fortaleza interior, una profunda paciencia y el valor para confiar en ti y seguirte. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
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Jim Elliot fue un misionero que fue asesinado por una tribu de Indios Auca, en Ecuador, a finales de 1950. A raíz de su muerte, la viuda de Jim, Elisabeth Elliot, sintió que Dios la llamaba para mudarse a Ecuador para continuar el trabajo de Jim entre los Aucas. Ella escuchó el llamado de Dios – a pesar de todos sus temores y posible resentimiento. Y durante muchos años, ella llevó a cabo un hermoso ministerio allí entre los Aucas – demostrando el amor de Cristo con su vida.
Más tarde, reflexionando sobre todo esto, Elisabeth Elliot escribió:
Sólo en la aceptación está la paz, no en la resignación ni en estar ocupados.
La resignación es rendirse al destino.
La aceptación es entregarse a Dios.
La resignación descansa tranquilamente en un universo vacío.
La aceptación se levanta para encontrar al Dios que llena ese universo con propósito y destino.
La resignación dice, “todo ha terminado para mí.”
La aceptación pregunta: “Ahora que estoy aquí, ¿Qué sigue Señor?”
La resignación dice, “Qué desperdicio.”
La aceptación pregunta, “¿De qué manera redentora vas a usar estos líos, Señor?
Me inspira su historia. En este Viernes Santo, mientras aguardamos entre la cruz y la resurrección, que nosotros también podamos rendir nuestras vidas en la confianza a Dios que redimirá y restaurará todas las cosas.
Oremos: Te damos las gracias, Oh Dios, por personas como Elisabeth y Jim Elliot, personas que dan sus propias vidas para mostrar tu amor, misericordia y gracia. Ayúdanos también a levantarnos para responder audazmente a tu llamado; confiar en que tienes un plan para nosotros; y vivir de tal manera que tu gracia redentora brille a través de nosotros. En medio de las tinieblas del mundo, tu luz de resurrección se está abriendo paso. ¡Gracias Señor! Amén
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