Mis amigos Wayne y Susan Letizia me contaron la siguiente historia.
Un gorrión le preguntó a una paloma que le dijera el peso de un solo copo de nieve. “Nada”, fue la respuesta. Pero luego el gorrión le contó una historia a la paloma:
“Me senté en la rama de un abeto, justo cuando comenzaba a nevar - no nevaba con fuerza, no en una tormenta de nieve, sino como en un sueño” dijo el gorrión: “Como no tenía nada mejor que hacer, conté los copos de nieve que se asentaban en las ramitas y agujas del árbol. El número alcanzó exactamente 3,741,952. Cuando el próximo copo de nieve se asentó sobre la rama - el siguiente copo de nieve que se supone no tiene peso - la rama se quebró.”
La paloma, experta en tales asuntos desde los tiempos de Noé, reflexionó sobra la historia por un rato y finalmente se dijo a sí misma: “Si eso es cierto, si el peso acumulado de algo tan pequeño es tan significativo, tal vez solo falte la voz de una persona para que la paz llegue al mundo.”
A veces podemos preguntarnos ¿mi pequeño obsequio hará una diferencia? ¿Mi contribución significa algo? ¿Lo que ofrezco realmente puede marcar la diferencia?
En algunas de sus parábolas, Jesús nos dijo que el reino de Dios es como una semilla que se esparce por la tierra. Es pequeña, discreta.
Lo cual, creo, plantea la pregunta: ¿Qué pequeño paso puedo dar ahora mismo - por pequeño que sea? ¿Qué pequeño paso puedo dar esta semana para crecer en mi fe…un pequeño paso que puedo dar para compartir el amor de Cristo…Un pequeño paso que puedo dar para ayudar a nuestra iglesia? ¿Qué pequeño paso puedo dar que podría ser una bendición para alguien más? ¿Qué es una sola cosa – solo una cosa - esta semana?
Oremos: Dios de Gracia, hoy oro especialmente por aquellos que llevan cargas pesadas, agobiados por la ansiedad o la preocupación. Permanece cerca de quienes te necesitan. Ayuda a cada uno de nosotros, sin importar en qué punto del camino nos encontremos, a dar un pequeño paso hacia ti. Que en nuestro caminar, en nuestro dar, que encontremos gracia sobre gracia. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Hoy, estoy profundamente agradecido por aquellos que han apoyado a la Fundación Dial Hope (Digita Esperanza) con una donación económica. ¡Muchas personas se benefician de su generosidad!
En un cuento Judío clásico, un hombre inquieto e infeliz de Varsovia se despierta una mañana decidido a encontrar la legendaria ciudad del Paraíso. Él viajó durante altas horas de la noche hasta que se encontró a sí mismo en la ladera de una montaña. Allí decide descansar. Para asegurarse de no olvidar el camino, él apunta sus botas hacia el Paraíso.
Sin embargo, en medio de la noche, un espíritu bueno (o tal vez maligno) les da la vuelta a sus botas.
Cuando él se despierta, retoma su viaje - siguiendo la dirección en que apuntaba sus botas. Termina en una ciudad muy parecida a Varsovia. Incluso encuentra una casa idéntica a la suya y una mujer que se parece a su esposa. Convencido de que ahora vive en el Paraíso, se muda allí…y, de alguna manera, su vida parece mucho mejor.
A veces pensamos: “Mi vida sería mucho mejor si…”
Si tan solo pudiera conseguir ese trabajo…
Si pudiera conseguir que me promovieran…
Si mi hijo culminara la universidad…
Si mi salud mejorara…
Y tal vez sí. Pero a veces nos enfrascamos en vivir en el “que pasaría sí”, que nos perdemos muchas de las cosas buenas de la vida aquí y ahora.
Incluso ahora, en este momento, en tu vida hay mucho bien y belleza. Hay personas y cosas por las cuales puedes dar gracias. Lo más importante es que la alegría y la paz profunda se encuentra no al correr hacia el “Paraíso”, sino al confiar en Dios con el presente.
¡Sin duda, soy tan culpable de esto como cualquiera! Pero cuando me detengo, aunque sea por unos instantes, no tengo que buscar muy lejos para encontrar muchas cosas buenas y bellas en mi vida.
Mi director espiritual me dio una vez esta tarea: Escribe las palabras de Filipenses 4:8-9. Memoriza el versículo. Y ¡luego ponerlo en práctica!
“Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.”
Nuestra oración de hoy fue escrita por el Reverendo Roger Kunkel, q.e.p.d., fundador de Dial Hope (Digita Esperanza).
Oremos: Oh Dios del alba y la puesta del sol, permite que este día sea un amanecer en nuestros corazones, donde todo se renueve y brille. Te agradecemos que hayas elegido morar en nuestros corazones. Ayúdanos a hacer de este día una obra maestra. En el nombre de Jesús. Amén.
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El mensaje de hoy fue escrito por mi amigo Roger Kunkel, q.e.p.d.., fundador de Dial Hope.
Cuando era estudiante en el seminario teológico de Princeton, tuve el privilegio de asistir a un concierto de la gran cantante Marian Anderson. El programa de la noche se cerró con tres canciones interpretadas por Leontyne Price. Antes de interpretar las canciones, la Sra. Price rindió un tributo personal a la Sra. Anderson. “Mi muy querida Marian Anderson”, ella dijo: “Porque tú fuiste, ahora yo soy.” En otras palabras, el hecho de que Mirian Anderson había tenido éxito en romper la barrera racial del color, años antes, hizo que Leontyne Price fuera más fácil de aceptar como una artista de la raza negra. De la misma manera, los atletas de raza negra de hoy en día pueden decir del jugador de béisbol pionero Jackie Robinson, “Porque tú fuiste, yo soy.”
Piensa en todas las personas con quienes estamos en deuda por ser lo que somos el día de hoy. Por supuesto, podemos decirles a nuestros padres: “Porque tú fuiste, yo lo soy.” Pero piensa en los maestros a los que podemos decir: “Porque tú fuiste, ahora estoy bien.” Piensa en las muchas personas que nos abrieron las puertas, a quienes les podemos decir: “Gracias a ti, pude avanzar.”
Más que nada, podemos decirle a Jesús: “Porque tú fuiste, porque eres, puedo recurrir a Dios con nueva confianza en su perdón y aceptación. Gracias a ti, puedo enfrentar la vida con un nuevo propósito, y puedo enfrentar la muerte con una nueva esperanza.”
Oremos: Dios de los sueños amables y del asombroso espacio, cultiva en nuestros corazones una fe alta y segura. Crea en nosotros un espíritu que supere la desesperanza. Libéranos. Amén.
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En el Primer Libro de los Reyes capítulo 19:5-6 se lee: “De repente, un ángel lo tocó (a Elías) y le dijo: Levántate y come. Elías miró a su alrededor, y vio a su cabecera un panecillo cocido sobre carbones calientes, y un jarro de agua. Comió y bebió, y volvió a acostare.”
Un ángel lo tocó…
Mmm…No sé en qué piensas cuando piensas en ángeles. A veces me imagino pinturas renacentistas, pequeños querubines con alas. Pero la palabra hebrea para ángel simplemente significa mensajero. No hay ninguna descripción de dicho ángel. De hecho, en el libro de Hebreos del Nuevo Testamento, se nos dice:
“No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.”
En otras palabras, estos ángeles podrían no ser lo que esperas que sean.
Recuerdo una vez que dejé mis llaves en el auto en un barrio peligroso de un país extranjero. Llevaba mi tabla de surf en el techo del auto y empezaba a sentirme muy ansioso. De repente, apareció un tipo. Parecía un poco desequilibrado – tenía el pelo revuelto, y la ropa desgarrada. Él me preguntó si necesitaba ayuda. Casi antes de que pudiera responder, él abrió el coche y me dio las llaves del vehículo que estaban en el asiento. Él sonrió y se marchó.
No sé si fue un ángel. Pero sí creo que Dios a menudo pone a personas en nuestras vidas justo cuando más las necesitamos. Me imagino que muchos de ustedes han tenido la experiencia de tener a alguien que los ha acompañado en un momento difícil - diciendo las palabras correctas, trayendo comida, pagando una cuenta, ofreciéndose a orar por ti…
A veces, es en esas pequeñas coincidencias - o lo que parece suerte - en conocer a la persona adecuada en el momento justo, donde intuimos que hay algo o alguien más grande detrás de dichos actos.
Hoy, demos un paso más allá. Te invito a que te abras a que Dios obre a través de ti. Quizás podrías ser un mensajero - un ángel - para alguien que lo necesite.
Oremos: Te agradecemos por tu gracia, Oh Dios, y por tu providencia. Te agradecemos por las personas que has puesto en nuestras vidas y que nos han influido de muchas maneras. Mantennos siempre abiertos a la guía de tu Espíritu. Así como hemos sido bendecidos, que seamos una bendición para los demás. En el nombre de Cristo. Amén.
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Una de las experiencias más hermosas de mi vida fue vivir con una familia local en Costa Rica, durante mi último semestre de la universidad. Ellos tenían tres hijos, una casa modesta y recursos económicos bastante limitados. Eran personas de gran corazón y eran de las personas más felices que he conocido. Ellos también eran personas muy generosas – en muchos niveles.
Hace varios años volví a visitarlos y me quedé con ellos junto a mi hija Marley. Yo recuerdo que, antes de irme, el Padre de familia me dijo que hay una expresión costarricense bien arraigada, y dice así: “Si se queda con manos abiertas, nunca le faltará nada.”
Tan cierto.
Cuando vivimos con espíritu abierto, corazón abierto y manos abiertas - cuando compartimos nuestras bendiciones con los demás, nuestras vidas estarán llenas a rebosar.
Oremos: Dios misericordioso y generoso, mantén nuestros ojos atentos a las oportunidades para dar. Ayúdanos a ser generosos tal y como tú lo eres. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
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