Todos en el Templo Claman Gloria

September 1, 2026

El Salmo 29 es un himno de alabanza. Te invito a dedicar unos minutos hoy a leerlo.

Reflexionando sobre este Salmo, el erudito Eugene Peterson escribió:

“…la imaginación de este poeta orante empieza así: la voz del Señor desgaja enormes árboles en leña para hogueras y convierte inmensas montañas en un carnaval de animales danzantes…Nosotros nos encontramos en un mundo que entona para la gloria de Dios, en la belleza de la santidad…océanos rugiendo, montañas saltando, relámpagos destellantes, desiertos sacudiéndose y dando vueltas, bosques de robles danzando…Cada vez que Dios habla, hay más vida. La energía y la exuberancia en el lugar y las personas acumulan, y luego nosotros escuchamos: en su templo todos gritan: “¡Gloria!”

Peterson continúa diciendo: “Si mantenemos los ojos y los oídos abiertos, esto sucede todo el tiempo. En la mayoría de los casos, lo único que necesitamos hacer es mirar y escuchar, tocar y saborear.”

Pienso en esos momentos que he vivido – y sé que tú también – en los que nos damos cuenta de que la vida es mucho más que la mera supervivencia. Suceden muchas más cosas en el mundo de las que se ven a simple vista. Puede ser en la cima de una montaña, en el nacimiento de un hijo, en la pérdida de un ser querido o durante una pieza musical conmovedora – vislumbramos las intrincadas conexiones entre todo lo que vemos y todo lo que no vemos. Recibimos estos destellos de trascendencia, esas percepciones de que aquí hay algo más que lo que podemos comprender.

Si tenemos el corazón abierto, estos momentos tienen algo que enseñarnos; nos permiten ampliar nuestra perspectiva. Y es casi como si nos impulsaran a reaccionar.

Todos en su templo gritan: “¡Gloria!”

Este salmo nos llama – nos invita – a detenernos y sentarnos con asombro y admiración; a maravillarnos ante la belleza y la maravilla de los dones que Dios nos ha dado; a percibir lo santo y lo sagrado en lo cotidiano, y a responder con corazones abiertos y nuestra más profunda alabanza.

Oremos: Dios Creador Eterno – Padre, Hijo y Espíritu Santo –al considerar nuestro lugar en este vasto universo, nos llena de humildad. Al imaginar los detalles del ADN, las reacciones nucleares necesarias para el nacimiento de una estrella o la delicadeza de una flor que florece, encontramos perspectiva y nos invita a la reflexión. Gracias por tu magnífica creación – y por habernos creado junto con todo lo que existe. Sobre todo, te damos gracias por el amor y la compasión que nos tienes por medio de Jesucristo. Amén.

¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!