Hay un pasaje bíblico interesante en el libro de Esdras (Capítulo 3). Las personas estaban reconstruyendo el Templo después de años en el exilio. A medida que lo hacían, se dieron cuenta que se encontraban amenazados por las tribus vecinas, y estaban aterrorizados. Su respuesta a este temor fue de establecer un altar y adorar a Dios.
Hicieron lo que siempre habían hecho. Levantaron un altar tal y como Moisés prescribió. Llevaron la ofrenda. Adoraron. Y luego continuaron reconstruyendo el templo.
Entiendo perfectamente esa respuesta. Hay una sensación de paz que a menudo surge de la adoración, incluso del simple acto familiar en sí.
Recuerdo que después del 11 de Septiembre, 2001, reunido con mi familia de la iglesia, escuchando la lectura del Salmo 46. Recuerdo haber cantado el himno Sublime Gracia en el funeral prematuro de mi tío David. Recuerdo haber orado en silencio en el santuario y haber sentido las oraciones de quienes me rodeaban mientras sentía en mi corazón profunda ansiedad por el bienestar de mi hija.
Cuando seguimos los pasos de nuestros antepasados, decimos las oraciones, cantamos los himnos, oímos la palabra, volvemos a entrar en un ritmo y nos acercamos a la Presencia que trae seguridad y paz.
Nuestra oración de hoy se basa en el Salmo 46. Oremos: Oh Dios, tú eres nuestro amparo y nuestra Fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso no temeremos, aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes. Aun cuando se agiten las naciones, nosotros escucharemos tu voz. Regresaremos nuevamente para adorarte juntos. Nos quedaremos quietos y reconoceremos que tú eres Dios; que tú estás con nosotros; y que eres nuestro refugio Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Últimamente he estado recordando la historia de Jesús alimentando a las multitudes (Mateo 14:13-21). Él había estado enseñando en un lugar remoto y, a medida que el día avanza hacia la noche, los discípulos comenzaron a preocuparse. Se acercaron a Jesús y dijeron: “Éste es un lugar apartado y ya es tarde. Despide a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren algo de comer.”
Realmente, esta no es una solicitud irrazonable. Era una gran multitud – una tremenda necesidad – miles de personas hambrientas. Confiaron en Jesús.
Ante la increíble necesidad en nuestras vidas y en el mundo que nos rodea, ¿Con qué frecuencia confiamos en Cristo? ¿Y con qué frecuencia lo descartamos?
Jesús preguntó a los discípulos sobre lo que tenían ya disponible. Ellos no tenían mucho. Sin embargo, uno de los principios de nuestra fe es que nuestros regalos aparentemente insignificantes se multiplican y tienen un impacto mucho más allá de lo que podríamos imaginar.
En las manos de Jesús, hay más que suficiente, más que suficiente para satisfacer la necesidad. Pero los discípulos tienen un papel que desempeñar. Se requiere algo de ellos. Se requiere un acto de fe. Jesús dijo que hay que darles de comer.
Todo esto me hace preguntarme: De cara a la increíble necesidad del mundo que nos rodea, ¿Qué tengo para ofrecer? ¿Qué tengo que traer para ayudar a satisfacer las necesidades de un mundo que sufre? Donde hay división…¿Qué tengo para ofrecer? ¿Dónde hay preocupación…injusticia…hambre…?
Por supuesto, no podemos hacerlo todo. No podemos satisfacer todas las necesidades. La mayoría de nosotros no tenemos mucho que ofrecer. Pero, de nuevo, tampoco los discípulos.
Para algunos de nosotros, tal vez sea dar con sacrificio nuestro tiempo o dinero. Para otros de nosotros puede ser involucrarse en un ministerio: Ser mentores, alimentar a otros, trabajar por la justicia. Para otros aún puede ser cultivar esa generosidad de escuchar y comprender, y esforzarnos por amar, incluso a quienes no lo merecen.
Pero aquí está la parte más importante: para todos nosotros, significa no dejar a Jesús fuera de la ecuación. Significa confiar en que cualquier cosa que pongamos en sus manos, será transformada, multiplicada más allá de lo que podamos imaginar.
Oremos: Ayúdanos, Oh Dios, a ver el mundo no como lo vieron los discípulos, sino de la forma en que lo vio Jesús: Un mundo con el potencial de milagros de abundancia en tus manos. Y, que nunca subestimemos lo que Cristo puede hacer con lo que sea que le ofrezcamos. Porque es en su nombre que oramos. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio…” comienza la declaración más familiar en las Escrituras. Dar es como el amor se expresa así mismo. Dar es de amar lo que comer significa para el hambre. La prueba de amor es que da incluso cuando no hay expectativa de una retribución. Ann Lamott escribió sobre un niño de ocho años que tenía a una hermana menor que se estaba muriendo de leucemia. Le dijeron que sin una transfusión de sangre ella podría morir. Sus padres le preguntaron si podían analizar su sangre para ver si era compatible con la de su hermana. Él dijo que por supuesto. Sometieron la sangre a análisis y fue compatible.
Luego le preguntaron si le daría a su hermana un cuarto de su propia sangre, que podría ser su única oportunidad de vida. Él dijo que tendría que pensar sobre ello por la noche. Al día siguiente, les dijo a sus padres que estaba dispuesto a donar la sangre. Ellos lo llevaron al hospital; lo pusieron en una camilla junto a su hermana, de seis años de edad. Ambos estaban conectados vía intravenosa. La enfermera extrajo un cuarto de sangre del niño, el cual se le dio a su hermana. El niño permaneció en silencio mientras la sangre que salvaría a su hermana goteaba de la intravenosa hasta que el doctor vino a ver cómo estaba. Entonces el niño abrió los ojos y preguntó: “¿Qué tan pronto hasta que empiece a morir?” El amor nunca es completamente amor hasta que da – incluso cuando no hay expectativa de una retribución.
Oremos: ¡Amado Dios Cuan Grande Eres! Tu amor por nosotros en Jesucristo está más allá de nuestra imaginación más salvaje. Gracias por el pacto del arco iris de tu amor incondicional y por caminar con nosotros a cada paso de la vida. Ahora escucha nuestra miopía, nuestra inseguridad, nuestro orgullo de que podemos aprender a amar sin ninguna expectativa de retribución…como el niño que pensó que iba amorir al darle un cuarto de sangre a su hermana. Que el aliento gentil de tu espíritu renueve cada parte de nuestro ser para que podamos llegar a ser más como Jesús, en cuyo espíritu oramos. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Una vez escuché una historia sobre cómo la policía detuvo a una adolescente en Coeur d´Alene, Idaho, después de los reportes de que un carro había sido visto recorrer su vecindario en reversa durante cierto tiempo. La joven le dijo a la policía que sus padres le habían dejado usar el vehículo, pero había puesto demasiado kilometraje en él. “Sólo estaba tratando de deshacer un poco el kilometraje,” dijo ella.
¡Qué gran idea! Me pregunto ¿cuántos de nosotros nos gustaría poner la vida en reversa y deshacer algo que dijimos o hicimos? ¿Cuántos de nosotros estaríamos encantados de “deshacer” algún error o fracaso del pasado? He conocido a demasiadas personas, a través de los años, quienes llevan consigo sus pasados como una tonelada de ladrillos – personas que normalmente no tienen ningún problema perdonando a otros pero que no pueden perdonarse a sí mismos.
La verdad es que no podemos poner la vida en reversa. No podemos deshacer el kilometraje, las palabras, el dolor o las heridas. Pero podemos confiar en el perdón de Dios, para vendar viejas heridas y para sanar. Incluso después de un completo desastre, Dios puede obrar la redención. Si prestamos atención, es algo que vemos todo el tiempo.
Si llevas tu pasado sobres tus hombros, mis oraciones son para que el día de hoy enmiendes lo que sea necesario; pero luego permite que el perdón y el amor de Dios puedan aferrarse profundamente. Y al hacerlo, que seas libre.
Oremos: A veces, Oh Dios, las personas más difíciles de perdonar somos nosotros mismos. Queremos vidas saludables, vidas puras y sin embargo no siempre hemos vivido a la altura de nuestras convicciones más profundas e inclusive a nuestras mejores intenciones. Y nos damos cuenta de que, al lastimar a otros, nos lastimamos a nosotros mismos. El día de hoy, ayúdanos a comenzar de nuevo. Te damos nuestro pasado, nuestras cargas, nuestros pecadosy nuestros fracasos. Derrama tu Espíritu sobre nosotros. Cubre viejas heridas, sánanos y libéranos. Te lo pedimos en nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El Salmo 78 dice: Mis labios pronunciarán parábolas y evocarán misterios de antaño, cosas que hemos oído y conocido, que nuestros padres nos han contado. No las esconderemos de sus descendientes; hablaremos a la generación venidera del poder del Señor…Así ellos pondrían su confianza en Dios.”
Estoy muy agradecido por aquellas personas que me proporcionaron su fe – especialmente por mi abuelo – quien pasó tiempo conmigo cuando yo era un adolescente. Y estoy seguro de que se preguntaba si haría alguna diferencia en absoluto - porque yo no estaba en la iglesia en aquel entonces. Desafortunadamente, el falleció antes de poder ver mi fe afianzarse. Pero, él siempre estaba allí para contestar mis preguntas, y para compartir su fe, sus creencias. Y le doy gracias a Dios por él.
El Salmo en referencia me recuerda que todos recibimos nuestra fe de alguien. En algún momento, en nuestras vidas, alguien se preocupó lo suficiente por nosotros, para compartir su fe, sus historias, sus experiencias, su forma de vida. Tal vez para ti fue un maestro de la Escuela Dominical o un líder de grupo de jóvenes, o mamá, el abuelo o un amigo.
Hoy demos gracias por dichas personas. Y que nunca perdamos de vista a quienes pueden estar interesados en saber de nosotros.
Oremos: Amado Dios, hay un profundo anhelo en cada uno de nosotros por una vida profunda y significativa. Gracias por todas aquellas personas que nos han amado y nos han guiado y nos hayan ayudado a encontrar un camino. Bríndanos el valor de ayudar a otros. En nuestra propia búsqueda, recuérdanos que es en dar que recibimos. Ponemos nuestras esperanzas en ti otra vez en este día. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Check out our social media!
Facebook
Instagram
Web design by The Gullivers
The Dial Hope Foundation is a 501(c)(3) organization – Federal Tax ID #26‑4326614
For tax purposes, no goods or services are exchanged in consideration of a charitable contribution. Ref: CH32625
DAILY MESSAGE
941-955-8929
Instructions for our military
EMAIL
info@dialhope.org
ADDRESS
Dial Hope Foundation
P.O. Box 953
Sarasota, Florida 34230