Hace unos años, el Observatorio de Charlotte entrevistó a la aclamada escritora Karen Armstrong. Ella es teóloga y escribe acerca del papel de la religión en el mundo moderno. En la entrevista, le preguntaron sobre una declaración que ella hizo relacionada con el ateísmo. Se le planteó la siguiente pregunta: “Tú…dices que la religión es un trabajo duro. ¿Los no creyentes son perezosos?”
Su respuesta fue reflexiva y tuvo mucho sentido. Ella dijo: “No. Lo que estaba insinuando es que los incrédulos no pueden comentar sobre la fe a menos que lo practiquen, porque ninguna de nuestras doctrinas o creencias tienen sentido a menos que se traduzcan en acciones prácticas.”
Ella continuó comparando el conocimiento sobre la religión con el conocimiento sobre el baile, nadar o conduciendo un coche. Uno no puede aprender hacer esas cosas simplemente leyendo un libro.
Deben practicarse. Pero cuanto más se practican, más se disfrutan.
Cada uno de nosotros estamos en un lugar diferente en el camino de la fe. Algunos de nosotros estamos luchando para poder creer. Otros se sienten seguros y fuertes en lo que creen. La mayoría de nosotros estamos en el punto medio. Pero, tengo que creer que la mayoría de nosotros queremos crecer. El día de hoy, que cada uno de nosotros busque profundizar nuestra fe encontrando maneras de ponerla en práctica:
Dar a alguien en necesidad. Perdona a alguien que te ha hecho daño. Escucha a alguien que está solo, utiliza tus habilidades dentro del ministerio. Comparte tu esperanza con alguien al borde de la desesperación. Adopta acciones que conduzcan a la paz y justicia.
Oremos: Amado Dios, hay momentos en los que es difícil creer. Hay ocasiones cuando el mundo parece desentrañarse y nuestras vidas se ponen de cabeza. Queremos creer. Queremos desesperadamente tener una fe profunda que brinde significado y esperanza a nuestras vidas. Ayúdanos a practicar – una y otra vez – los inquilinos centrales de nuestra fe. El día de hoy recordamos las palabras de San Francisco, que es en dar que recibimos. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Ayer reflexionamos sobre la oración de Ana en el Primer Libro de Samuel, capítulo 1. Fue una hermosa oración que surgió de un momento de desesperación.
Durante el último año, una de nuestras hijas ha estado lidiando con serios problemas de salud mental. Y ha sido una lucha…Es una lucha. Y como padres, pueden imaginarse el estrés, la preocupación. Y a veces las personas dicen: “Bueno, Joe, tienes que dejarlo en manos del Señor.”
Por supuesto. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Y lo que he descubierto es: que tengo que hacerlo una y otra vez. A veces, quizás me retracto. Bueno, Dios, confío en ti…pero luego no lo hago. Y tengo que hacerlo de nuevo. O, a veces, simplemente suceden cosas nuevas.
En la historia sobre Ana, en su angustia, ella abre su corazón a Dios en oración. Y luego, tras su conversación con Elí, el sacerdote, se levantó y salió. Y las Escrituras nos dicen: «…desde ese momento, su semblante cambió.”
Lo asombroso es que, en ese momento, Ana no sabía si recibiría respuesta a su oración. No sabía que tendría un hijo llamado Samuel, quien se convertiría en uno de los profetas más grandes de Israel. Ella no sabía cuál sería el resultado.
A veces, no es necesariamente la respuesta a la oración, sino simplemente el ofrecimiento de la oración lo que ayuda. Es llegar a ese punto en el que decimos: “Está bien, Dios, tengo que confiar en ti. Tengo que confiar en que puedes y vas a sacar algo bueno de todo esto. Tengo que confiar en que, a medida que esta historia, que es mi vida, se desarrolla, no se desarrollará sin tu presencia y tu gracia…
Pienso en eso en mi propia vida y en todas las oraciones. ¿Son estas oraciones mágicas? No. Pero, ¿me ayudan a sobrellevar la noche y el día siguiente? Sí. ¿Siento la presencia de Dios en medio de todo? Sí. ¿Siempre tengo una sensación de paz? No siempre. Pero, ¿experimento una fuerza interior que viene de otro lugar? ¡Sí! Y,¿tengo esperanza? ¡Claro que sí!
Lo único que sé sobre la oración es que es un músculo espiritual. Y cuanto más la usamos, más la desarrollamos, más la aprovechamos, mayor se vuelve su recurso.
Como mencioné ayer, esta historia me recuerda que formamos parte de una comunidad de fe que, durante miles de años, ha dependido de este poder que nos supera. Me recuerda que, al igual que Ana, nuestras vidas están llenas de gracia y dolor, de milagros y esperanza. Y me recuerda que adoramos a un Dios que puede, y, de hecho, abre un camino donde no lo hay.
Oremos: Dios Santo, te pedimos que hoy nos encuentres en el punto más profundo de nuestra necesidad. Pedimos sanación, guía, sabiduría y gracia sobre gracia. En todo, ayúdanos a confiar en ti. Lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
En el Primer Libro de Samuel, capitulo 1, hay una hermosa historia sobre una joven de nombre Ana. Ella entra al templo sumida en una profunda angustia y comienza a abrirle su corazón a Dios. De hecho, ora con tanto fervor que el sacerdote Elí cree que está borracha. Pero Ana no está borracha. Está desesperada.
Al leer su historia, lo hermoso de su oración es que demuestra que no hay una fórmula mágica. Ella pide y promete. Pero también llora, murmura y guarda silencio. Deja al descubierto toda su emoción y todo su dolor. Todo está ahí.
Recuerdo ese pasaje bíblico de Romanos que promete que incluso cuando no sabemos orar, el Espíritu de Dios intercede con gemidos demasiado profundos para las palabras…Es este reconocimiento de que hay momentos en la vida en que nos faltan las palabras. Momentos en que nos desesperamos tanto o tenemos el corazón tan apesadumbrado que nos quedamos vacíos. Nuestras oraciones se convierten en meros gemidos o murmullos.
Cuando pensamos en nuestra fe, al menos en la tradición Cristiana, solemos pensar en términos muy personales…nuestra vida en relación con Dios. O hablamos de nuestra relación con Cristo. Si lo pensamos de esa manera tan personal y relacional, la oración estaría en el corazón y centro de esta. Y a menudo, oraciones que van mucho más allá de las palabras.
Ahora bien, es evidente que Dios no siempre responde nuestras oraciones exactamente cuándo y cómo esperamos.
Pero esta historia me recuerda que tú y yo formamos parte de una comunidad de fe que, durante miles de años, ha dependido de este poder que nos supera. Me recuerda que, al igual que Ana, nuestras vidas están llenas de gracia y dolor, de milagros y esperanza. Y me recuerda que adoramos a un Dios que puede, y de hecho, abre un camino donde no lo hay.
Oremos: Dios Santo, te pedimos que hoy nos encuentres en el punto más profundo de nuestra necesidad. Pedimos sanación, guía, sabiduría y gracia sobre gracia. En todo, ayúdanos a confiar en ti. Lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Gregory Boylees es un sacerdote Jesuita que trabaja en la rehabilitación de pandilleros en el centro de Los Ángeles. Me encantó su libro, “Tatuajes en el Corazón”, y me impactó esta cita, él dijo: “Un mantra que uso a menudo para mantenerme enfocado en el deleite de la persona que tengo frente a mí, proviene de un lugar inesperado. Lo encuentro en las palabras de Jesús al buen ladrón clavado a su lado. En esencia él dijo: “Este día…conmigo…Paraíso.” No es solo una promesa de lo venidero; es una promesa para el aquí y ahora…con Él..en este día, de hecho…paraíso. Dios, ahí mismo, hoy, en la persona que tengo frente a mí, gozo inconcebible, este día…Paraíso. Te deleitas en lo que tienes ante ti hoy en Cristo.”
Sabemos por los evangelios que, cuando Jesús se aparece a las personas después de la resurrección, no siempre es reconocible. María Magdalena cree que es el jardinero. Los discípulos de camino a Emaús pensaron que era un extraño. Jesús también prometió que cuando atendiéramos a los necesitados, él estaría allí. Él dijo: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.” (ver Mateo 25).
En ese sentido, nunca sabemos cuándo Cristo está ante nosotros. De igual manera, los Cuáqueros creen que Dios está presente en cada persona.
También es cierto que a menudo buscamos el Paraíso en otra parte. No vemos el deleite y la alegría que Dios nos ofrece en cada momento.
¿Qué pasaría si recordáramos este mantra?
Este día…aquí y ahora. Conmigo…está Jesús…dentro, alrededor y a través de esta persona sentada frente a mí…Paraíso…
Me pregunto cómo podrían cambiar nuestras interacciones…Me pregunto cómo podrían cambiar nuestros corazones…Me pregunto qué deleite y alegría podríamos experimentar…
Oremos: Señor Jesús, concédenos la capacidad de reconocerte en el rostro de todos los que encontramos hoy. Al reconocer tu presencia, que experimentemos de nuevo tu gracia y tu amor. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El mensaje de hoy fue escrito por el Rev. Dr. Roger Kunkel, q.e.p.d., fundador de Dial Hope (Digita Esperanza).
Una de mis historias favoritas de béisbol es acerca de tres árbitros que estaban analizando la forma en que se habían desempeñado en sus trabajos, especialmente cuando estaban trabajando como árbitro principal detrás del plato de home, cantando las bolas malas y los strikes. El primer árbitro dijo: “Algunos de ellos son bolas malas; otros son strikes. Pero yo lo canto de la forma en que yo los veo.” El segundo árbitro dijo: “Algunos de ellos son bolas malas; otros son strikes. Pero yo los canto tal y como son.” El tercer árbitro dijo: “Algunos de ellos son bolas malas; otros son strikes. Pero no son nada hasta que yo los canto.”
Hay un sermón en esa historia, porque es una parábola sobre la vida. Cada uno de esos árbitros nos dicen algo sobre nuestra relación con la verdad. (Lea Mateo 16:13-16, 21-25; Juan 8:32). El tercer árbitro es mi favorito. Es un hombre que crea la verdad por su palabra. Cuando creamos la verdad, el significado, o las relaciones, compartimos la actividad creativa de Dios. Hechos a imagen y semejanza de Dios, todos somos artistas y creadores. La Biblia utiliza la metáfora o el discurso para describir la creación de Dios: “Y dijo Dios “¡Que exista la luz!; y la luz llego a existir.” (Génesis 1:3) La parábola de los árbitros nos enseña a nunca tener miedo de llamar a la vida tal como la vemos para expresar nuestro amor a Dios y por nuestros semejantes.
Oremos: Que grande eres, Oh Dios, sin cuyo espíritu nada crece, sin cuyo amor, nos marchitamos y caemos. Te agradecemos por Jesús de Nazaret quien nos guía en este camino…
Para ser grandes, tenemos que ser humildes,
Para ser exaltados, tenemos que servir,
Y para encontrar la vida, tenemos que perderla.
Enséñanos que las grandes verdades son grandes simplicidades. Despiértanos hoy para que escuchemos el canto de los árboles y ver la mañana y la noche cambiando de guardia. Por la gracia de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Check out our social media!
Facebook
Instagram
Web design by The Gullivers
The Dial Hope Foundation is a 501(c)(3) organization – Federal Tax ID #26‑4326614
For tax purposes, no goods or services are exchanged in consideration of a charitable contribution. Ref: CH32625
DAILY MESSAGE
941-955-8929
Instructions for our military
EMAIL
info@dialhope.org
ADDRESS
Dial Hope Foundation
P.O. Box 953
Sarasota, Florida 34230