Quizás recuerden que al final del libro de Job, Dios reprende a los tres amigos de Job por sus acusaciones falsas y por la forma en que fallaron en ayudar a Job durante un momento de tremenda presión. Dios entonces los envía a hacer un sacrificio de arrepentimiento. Al mismo tiempo, Dios también ordena a Job que vaya a orar por sus amigos. Se habían dicho cosas entre ellos que dañarían cualquier relación. Dios sabe que la sanación requería esfuerzo.
Lo que me llama la atención sobre este pasaje es que está claro que Dios quiere que los amigos se reconcilien. Dios sabe que las amistades son una parte vital de la vida.
Aristóteles decía que si pudieras tener todos los bienes que el mundo te ofreciera, pero tuvieras que prescindir de la amistad, elegirías no tener los bienes. No habría duda alguna.
Al escribir sobre este mismo tema, John O´Donohue afirmó: “Existe un anhelo natural en el espíritu de ser amado y de ser uno mismo sin ser juzgados. (Pero) cada vez nos ofrecemos menos estos espacios. Nos hemos convertidos en expertos en el arte de los conocidos, pero en indigentes en el arte de la amistad…”
Él continúa diciendo: “Si te das cuenta de lo vital que es la amistad para tu espíritu, tu ser, tu carácter, tu mente y tu salud, le dedicarías tiempo. La tragedia para muchos de nosotros es que tenemos que estar en apuros antes de recordar lo esencial…Sería genial alejarse un poco de la propia vida y observar a nuestro alrededor: ¿Quiénes son los que me aprecian, los que realmente me ven y a los que necesito?”
Oremos: Dios de gracia, qué regalo han sido los amigos para nosotros…Gracias por las personas con quienes hemos encontrado un sentido de conexión y compañerismo. Gracias por el profundo amor y gracia que sentimos a través de ellos. Alzamos a nuestros amigos a tu cuidado el día de hoy.
Amado Dios, también oramos, el día de hoy, por las personas que están solas y por otras que son más a menudo olvidada. Concédenos tu gracia, tu paciencia, tu perdón y tu amor, que podamos ser mejores amigos hacia aquellos que amamos y más capaces de ayudar a aquellos que nos necesiten más. Te lo pedimos en nombre de Jesús. Amén.
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El Salmo 63 se atribuye al Rey David. En este salmo, él hace la hermosa afirmación: «Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca…En mi lecho me acuerdo de ti; pienso en ti toda la noche…»
Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca…en mi lecho me acuerdo de ti…
Es una afirmación bastante audaz. En otras palabras, hay algo en la oración, la meditación, en estar en la presencia del Creador que llena el alma.
En sus reflexiones en el escrito “El Castillo Interior”, Teresa de Ávila (mediados del siglo XVI) escribió: “Hay un lugar secreto. Un santuario radiante. Tan real como tu propia cocina. Incluso más real. Construido con los elementos más puros. Rebosante de las diez mil cosas hermosas. Mundos dentro de mundos. Bosques, ríos. Colchas de terciopelo sobre edredones de plumas, fuentes que burbujean bajo un manto de estrellas. Bosques frondosos, bibliotecas universales. Una bodega que ofrece embriaguez tan dulce que jamás volverás a estar sobrio. Una claridad completa que jamás olvidarás. Este magnífico refugio está dentro de ti. Entra. Disipa la oscuridad que cubre la entrada…Cree en la increíble verdad de que el Amado ha elegido como morada el núcleo de tu propio ser, porque ese es el lugar más hermoso de toda la creación.”
Gran parte de nuestra sociedad y cultura se centra en la acción, en el hacer. Siempre nos preguntamos: ¿Qué estamos logrando? ¿Qué estamos haciendo? ¿Cuáles son las cifras? Y, personalmente, esta suele ser mi forma de ser. Me gusta estar haciendo. Me gusta estar en movimiento. Pero en medio de todo ese ajetreo, ¿qué estamos perdiendo?
Es bastante evidente, al leer los evangelios, cómo Jesús impregna su vida y ministerio de oración. Él constantemente se aparta de las multitudes, de la enseñanza, de la sanación, incluso de sus amigos, para pasar tiempo a solas con Dios. De alguna manera, en ese tiempo se nutre y se fortalece.
El Rey David dijo: “¡Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete!”
Oremos: Dios Santo, me doy cuenta de que pierdo fácilmente mi equilibrio y mi paz interior. Ayúdame a encontrar tiempo para estar en tu presencia, escuchar tu voz y llenarme de tu Espíritu. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
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Keith Miller cuenta una maravillosa historia acerca de un ejecutivo ocupado, en una ciudad del Este, que se apresuraba en abordar un tren una mañana. El ejecutivo tenía una importante reunión en la oficina, y necesitaba abordar el tren para llegar a tiempo. Justo cuando estaba a punto de abordar el tren, accidentalmente tropezó con un niño que llevaba un rompecabezas en una caja. La caja voló, y las piezas se dispersaron por todas partes. ¿Qué debe hacer? ¿Deberá detenerse y ayudar al niño recoger las piezas? ¿O debería abordar el tren? Él no podía hacer ambas cosas; ¡No había suficiente tiempo! Si se detenía a ayudar, no podría abordar el tren y llegaría tarde. ¿Qué debe hacer? ¿Qué habrías hecho? Bueno, el hombre se detuvo y ayudó al muchacho a levantar las piezas mientras el tren partía. El niño lo observó de cerca con una especie de asombro. El niño dijo: “Señor, te perdiste el tren.” “Lo sé” dijo el hombre. “¿Vas a llegar tarde al trabajo?” preguntó el niño. “Sí, pero era más importante que me detuviera y te ayudara.” Entonces el niño dijo: “Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?” “Si, por supuesto.” “Señor, ¿Eres Jesús?” Keith Miller escribió: “Y por el momento el hombre se dio cuenta de que –en esa plataforma- él lo fue.”
El pequeño niño vio la luz de Jesús en el acto de dicho hombre del verdadero amor de Dios. Amigo de Dial Hope (Digita Esperanza), durante estos tiempos difíciles, ¿Cómo estás? ¿Pueden las personas ver en ti el espíritu del perdón de Cristo? ¿Y pueden las personas ver en ti el amor de Cristo?
Oremos: Dios Creador, eres águila, eres paloma, eres color y sonido, eres viento y fuego. ¡Cuán grande eres! Tu mundo está lleno de dolor y alegría. Que estés especialmente con aquellos que no pueden dormir, con los que tienen miedo, que tienen poca esperanza. Extiende tu amor como una chaqueta desgastada y amada sobre aquellos que necesitan comodidad y amor. Porque oramos en el nombre del Príncipe de la Paz, nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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Me encanta e lprofeta Jeremías. Él se presenta muy humano. Él discute con Dios, él alaba aDios. Él llora y él se regocija - ¡a veces todo en cuestión de un solo día! De hecho, en el capítulo 20, en apenas tres versículos, él acusa a Dios, canta alabanzas a Dios, y maldice el día en que nació. Su fe no puede ser descrita como “sólida” o “inquebrantable,” pero puede ser descrita como “honesta.”
En mi experiencia, la mayoría de nosotros experimentamos altibajos en nuestra fe, flujos y reflujos. Las circunstancias en la vida a veces nos alejan de Dios. Otras veces nos acercan. ¡Casi todos los personajes de la Biblia comparten esta misma experiencia!
La verdad es que una fe bíblica es una fe honesta, una fe que tiene espacio para expresar ira y duda, angustia y aflicción, así como alegría y alabanza. Sin importar en qué etapa de tu camino de fe te encuentres, mi oración para ti hoy es que, al igual que el profeta Jeremías, que puedas abrazar esta profundidad de fe.
Nuestra oración es del Salmo 22. Oremos: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Lejos estás para salvarme, lejos de mis palabras de lamento. Dios mío, clamo de día y no respondes; clamo de noche y no hallo reposo.
Pero tú eres santo, tú eres rey, ¡tú eres la alabanza de Israel. En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste; a ti clamaron, y tú los salvaste; se apoyaron en ti, y no los defraudaste. Confiamos en ti otra vez en este día, Oh Dios. Ven pronto y sálvanos. Amén.
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Recuerdo que hace varios años, fui a un servicio religioso de recordación de un caballero que había dado muy generosamente a nuestra iglesia. Él no era miembro de la iglesia y ni siquiera asistía, pero su donación tuvo un gran impacto para nosotros. También sabía que había donado muy generosamente a varios hospitales y organizaciones benéficas en nuestra comunidad. Él se había criado en la pobreza en el lado norte de Jacksonville y le había ido bien. Era un hombre de profunda fe. En la recepción, escuché historia tras historia de personas cuyas vidas habían sido tocadas por su generosidad…Él dejó una estela de belleza y bondad.
Por supuesto, no se trata sólo de los ricos. Me inspira constantemente la generosidad de la gente común: de su amor, su tiempo, sus buenas acciones, sus palabras que conmueven a los demás de maneras que quizás nunca lleguen a comprender del todo.
La verdad es que cómo vivimos aquí y ahora nuestras vidas afectan a otras personas. Y las ondas continúan indefinidamente.
En la Primera Carta a los Corintios 13:18, el Apóstol Pablo nos recuerda que el amor nunca termina. El amor que compartimos en esta vida continúa indefinidamente.
Oremos: Fuente de Vida, Dador de todos los buenos dones, gracias por amarnos tal como somos. Gracias por las personas en nuestras vidas que nos animaron en la fe, que nos llegaron, nos conmovieron y nos retaron a crecer. Estamos profundamente agradecidos por todas tus bendiciones. Empodéranos para compartir nuestras bendiciones con un mundo desesperadamente necesitado. En el nombre de Cristo. Amén.
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