January 18, 2026
El Sonido del Silencio

En el Primer Libro de Reyes leemos sobre el profeta Elías. En un momento dado, huye del rey Acab, exhausto. Él había estado en constante movimiento, y Dios le dijo: “Elías, sube a la montaña – porque ahí nos encontraremos.” Y así Elías subió a la montaña, y las Escrituras dicen que hubo un gran terremoto –movió la montaña – pero Dios no estaba en el terremoto. Después hubo un fuerte viento, pero Dios no estaba en dicho viento. Entonces se produjo un fuego – y Dios no estaba en el fuego. Sin embargo, después del fuego, Dios vino en el sonido de ultra silencio.

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste el sonido de ultra silencio, o algo parecido?

Lo que hace plantear la pregunta, ¿Cuándo dejas espacio en tu vida para escuchar a Dios? Porque es fácil que cualquiera de nosotros llegue al punto en donde Dios se sienta verdaderamente distante, en donde nos sentimos espiritualmente secos, en donde de repente tenemos todos esos problemas, o preocupaciones y simplemente nos preguntamos, “¿Dónde está Dios en todo esto?”  

En los Evangelios, Jesús establece un patrón saludable. Él trabaja duro. Se encuentra con muchas necesidades. Él toca a muchas personas. Pero a menudo podemos ver que él se retira de la multitud, encuentra un espacio y tiempo a solas para escuchar y orar.

Sospecho que la mayoría de nosotros queremos escuchar la voz de Dios. Queremos tener la sanación y la guía de Dios en el centro de nuestras vidas. Pero ¿Con qué frecuencia realmente nos detenemos y escuchamos?

En el Evangelio de Marcos, después de que Jesús envía a los discípulos a una misión bastante delicada, y al volver juntos por primera vez, Jesús les dice: “Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco.”

Oremos: Dios de amor, a menudo nos encontramos corriendo a través de la vida y nuestras almas simplemente vacías. Nos encontramos con que podemos seguir y seguir y seguir – pero aún perdemos mucho de la vida de esa manera. Perdónanos por no disminuir la velocidad para oler las flores más a menudo. Perdónanos cuando trabajamos como si todo el mundo dependiera de nosotros y no en ti. Ayúdanos a detenernos y respirar y notar tu presencia.

Queremos conocerte Dios. Queremos vivir la profunda experiencia de tu gracia y amor. Y así, te pedimos que nos ayudes a crear tiempo y espacio en nuestras vidas para escuchar tu fija y suave voz. Te lo pedimos en nombre de Jesús. Amén.

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January 17, 2026
Que Empiece Conmigo

Recuerdo que mi amiga Tasha me estaba contando sobre el momento en que su sobrino estaba tratando de aprender el Padre Nuestro: La familia lo decía junta cada noche antes de la cena y él oraba: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Que venga mi Reino, hágase mi voluntad, en la tierra como en el cielo..”

Tash dijo: “¡Entiendo perfectamente cómo pudo cometer el error! Yo sé que a menudo he orado para que se haga la voluntad de Dios, pero en mi corazón quiero que se haga mi propia voluntad.”

¡Creo que todos lo hemos deseado!

Mi esposa me contó que su padre solía terminar su momento de oración con el Padre Nuestro –pero también con su propia adición. Él oraba. Véngase a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Y que empiece por mí…

Jesús oró: “No se cumpla mi voluntad, sino la tuya.”

¿Cómo sería si hiciéramos de esa nuestra oración? ¿Si estuviéramos empapados de eso? ¿Cómo sería entender nuestra identidad más profunda como siervos de Dios? ¿Cómo podría esto afectar no solo nuestras decisiones diarias, sino incluso nuestros sueños y ambiciones más profundas? Qué pasaría si pudiéramos orar cada mañana: “Aquí estoy Señor, tu siervo…Hágase tu voluntad incluso a través de mí.” Me pregunto qué oportunidades podría poner Dios frente a nosotros.

Esta semana, los invito a hacer de esa su oración: Vea cómo Dios puede guiarlo.

Oremos: Dios de Gracia, danos ojos para ver la necesidad que nos rodea. Danos oídos para escuchar tu guía, y un corazón de siervo para responder. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

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January 15, 2026
Nosotros no Tenemos que Mirar Lejos

Ayer reflexionamos sobre el Salmo 104. Lo que me encanta de este Salmo es que rebosa de alabanza y celebración desenfrenadas. Y al leerlo, hace algo dentro de ti…Llama a algo dentro de ti.

¿Alguna vez has notado que cuando te detienes a observar y nombrar las bendiciones que te rodean, algo cambia en tu interior?

Los eruditos nos cuentan que la vida en el antiguo Israel era bastante difícil. Cuando pienso en cómo incluyeron este poema, esta canción, en el corazón de sus escrituras sagradas, puedo imaginar cómo el mundo que los rodeaba debió sentirse a menudo tan incierto e impredecible. En una sociedad agraria, enfrentaban sequías, inundaciones, calor y lluvia helada. También sabemos que enfrentaban constantemente amenazas de potencias extranjeras, y a menudo se encontraban incapaces de afrontarlas.

Sabemos cómo es eso, ¿verdad?

Para ellos, escuchar la lectura de este Salmo era una invitación a recordar que, incluso en medio de todo esto, incluso en las circunstancias mas extremas, todavía hay bondad, orden y belleza en el mundo. Y que, si tenemos los ojos abiertos, no podemos dejar de ver la mano de Dios proveyendo.

En realidad, no tenemos que buscar muy lejos, ¿verdad?

En el Salmo, los pájaros cantan. El Leviatán juega. El vino y el pan alegran y fortalecen el corazón humano. Cuando Dios abre sus manos, nos colmamos de buenas cosas.

Pienso en la bendición de la amistad, el amor de la familia, la simple alegría de dar, la esperanza inherente a compartir una comida, a compartir risas e incluso lágrimas.

Que nos unamos al Salmista al observar el bien y la belleza siempre presentes en el mundo que nos rodea. Y que también nosotros demos gracias y alabemos.

Oremos: Abre nuestros ojos, Oh Dios, a la belleza y al bien del mundo que nos rodea, incluso aquí y ahora. Amén.

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January 14, 2026
El Planeta Tierra está Repleta de Cielo

El Salmo 104 es uno de mis favoritos. Fue escrito como un poema o quizás como una canción. Y comienza y termina como una declaración personal de fe.

¡Alaba, alma mía, al Señor! Y luego: Señor mi Dios, tú eres grandioso.

Pero luego, muy rápidamente, llegamos a ver que Dios, que es mi Dios, es también el Dios de toda la creación y el Dios de todas las criaturas.

De hecho, el salmo parece hacer un inventario. Pasa de la criatura más grande, el Leviatán, considerado feroz, pero aquí juguetón, a la más pequeña e íntima, a los pájaros que cantan en los árboles, hasta el vino, el aceite y el pan, que, no por casualidad, se han convertido en nuestros símbolos sagrados más preciados.

La poetisa Elizabeth Barrett Browning escribió: “La tierra está repleta de cielo y cada arbusto común arde con Dios; pero solo quien ve se quita los zapatos…”

En definitiva, este Salmo trata de Dios. Eres tú, Oh Dios, quien extiende los cielos como un velo. Tú cabalgas sobre los vientos. Tú que estableces. Tú que creas. Tú que cubres. Tú, Oh Dios. Y no solo las criaturas que se nombran, sino también los cielos, los rayos, las nubes, el viento, el fuego, la llama, los cimientos, el abismo, las aguas, el trueno, las montañas, los valles.

El Planeta Tierra está repleta de cielo…

Nos hace bien maravillarnos con la creación y reconocer las bendiciones de nuestra vida. Tan solo observarlas y reconocerlas puede cambiar nuestra perspectiva. En mi caso, puede ir en contra de mi sentido de derecho. Va en contra de mi tendencia natural a sentir que el mundo se derrumba en los bordes.

El Salmista finaliza con una especie de doxología: “Cantaré al Señor toda mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento.”

Que nunca dejemos de notar el bien y la belleza que vemos en el mundo que nos rodea. Y que demos gracias y alabemos.

Oremos: Abre nuestros ojos, Oh Dios, a la belleza y al bien del mundo que nos rodea, incluso aquí y ahora. Amén.

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January 13, 2026
¡Te Necesito!

El mensaje de hoy fue escrito por el Rev. Dr. Roger Kunkel, q.e.p.d., fundador de Dial Hope (Digita Esperanza)

Uno de los mayores cumplidos que una persona puede dar, es decir: “¡Te necesito!” Las palabras derriten nuestros corazones y nos impulsan a querer ayudar. Todos necesitamos sentirnos que nos necesitan. Una parte crucial de una amistad es ser capaz de admitir nuestras insuficiencias y decir a los demás, “te necesito.” Podemos estar seguros de que si no podemos decir esto a otros probablemente ellos nunca nos lo dirán a nosotros.

En realidad, la confesión de nuestras necesidades es una expresión de sana autoestima. Nos valoramos lo suficiente como para creer que somos dignos del cuido de otra persona. Aquellos que no pueden expresar sus necesidades, por lo general, terminan incapaces de ayudar a otros con las necesidades que requieren. Una expresión honesta de las necesidades. Lamentablemente, un hombre que conocía se suicidó; el no compartió sus necesidades. ¡Que pérdida! Fuimos creados para estar en comunión con Dios. Habrá inquietud, un vacío dentro de nosotros, hasta que descansemos en Él y le permitamos llenar el vacío en forma de Dios.

Oremos: Amado Dios, sin ti estamos verdaderamente tiesos y asustados de cometer errores, de ser ridiculizados, rechazados o perdidos en nuestras incertidumbres desesperadas. Así que, el día de hoy oramos para que tu Espíritu flote sobre nosotros para que nos permita separar la luz de la oscuridad. Que nos anime a seguir levantándonos y continuar el camino sin importar cuántas veces hayamos tropezado, caído y llorado. Así que, muévete entre nosotros para que crezcamos en tu Espíritu y vivamos con pasión en esta asombrosa vida. Cuan maravillosos son tus caminos, Oh Señor, cuán maravillosos son tus dones de gracia. Fortalece la columna vertebral de nuestras creencias y profundiza nuestros compromisos a tu forma para que las raíces de fe puedan alcanzar el centro de nuestros corazones. Dios, te necesitamos. En el nombre de Jesús. Amén.

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