Hace algunos años, había una conmovedora historia en la portada de Las Crónicas de San Francisco sobre el rescate de una ballena Jorobada. Esta ballena se había enredado, de alguna manera, de forma compleja en las líneas y trampas para capturar cangrejos. Las líneas se habían enredado alrededor de su boca, cuerpo y cola – de forma tan apretada que apenas podía mantenerse cerca de la superficie.
Fue avistada por un pescador, y un equipo de rescate fue llamado al lugar. Trabajaron durante horas arriesgando sus propias vidas – eventualmente incluso buceando en el agua con la ballena para cortar las líneas. Una vez que la Ballena fue liberada, los buceadores describieron una escena de alegría. La ballena nadó en círculos volviendo hacia todos y cada uno de ellos como para decir gracias. El hombre que cortó la cuerda de la boca de la ballena dijo que su mirada lo siguió todo el tiempo, y que nunca volvería a ser el mismo.
Es hermoso pensar que quizás una ballena sea capaz de expresar gratitud. Es profundamente conmovedor. Todos sabemos lo que se siente al recibir un regalo inmerecido. Presenciar la inteligencia y la curiosidad de este enorme mamífero, y luego experimentar ese momento de comunión entre ambas especies, debe haber sido un testimonio de la magnífica creación de Dios.
Todo esto pone la vida en perspectiva. Me recuerda que simplemente somos parte de algo mucho más grande, un mundo vasto e interconectado, que se mantiene unido por la gracia y el amor de Dios.
Oremos: Dios de Amor, te agradecemos nuevamente por tu bella e inspiradora creación; por momentos de trascendencia, asombro y maravilla. Gracias por nuestro propio lugar dentro de tu diseño creativo, y por la capacidad de compartir la vida con los demás. Expande nuestros corazones y abre nuestros espíritus para que estemos siempre sintonizados con tu presencia. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El mensaje de hoy fue escrito por mi amigo, el Reverendo Roger Kunkel, q.e.p.d., fundador de Dial Hope (Digita Esperanza).
Leí el libro, La Vida en Espacios Cerrados (Life at Close Quarters, en inglés), sobre una joven madre que llevó a su hijo de seis años a la sala de espera, de un médico, que estaba llena de personas. Mientras esperaban su turno, el niño pequeño comenzó a hacerle todo tipo de preguntas: ¿Por qué el pasto es verde? ¿Por qué el cielo es azul? ¿Qué es el agua? ¿Por qué tenemos piel? ¿Cómo vuelan los pájaros? En media hora logró cubrir casi todos los temas conocidos por la humanidad y, para asombro de todos los demás en la sala, su madre había respondido cada pregunta con cuidado y paciencia.
Finalmente, llegó el tema de Dios, y mientras los demás escuchaban sus implacables cómo, por qué y qué, era obvio que todos se preguntaban: “¿Cómo lo soporta?” Pero cuando respondió a la siguiente pregunta de su hijo, también respondió la de ellos. Él preguntó: “¿Por qué Dios nunca se cansa y se detiene?” “Porque”, Respondió la madre después de un momento de reflexión, “Porque Dios es amor…y el amor nunca se cansa.”
Amigos de Dial Hope (Digita Esperanza), ese es el mensaje del Salmo 23. Dios es Amor y el amor nunca se cansa. Dios es como un pastor dedicado y concienzudo que siempre cuida de las ovejas. ¡Podemos contar con eso porque podemos contar con Dios! Esa es la buena noticia del Salmo 23. Cuando el Señor es nuestro pastor, nada nos faltará.”
Oremos: Oh Dios, que creaste a las jirafas que se deslizan por las selvas, y las babosas que se deslizan entre las flores de nuestros jardines, te alabamos por la majestuosidad de tu creación: por los niños y las risas, por las montañas y los mares, por los pájaros, gatos y perros, por las tormentas y el sol y las flores de madreselva. Recordamos hoy a los que están enfermos y en el hospital o confinados en casa. Que tu espíritu sanador esté sobre ellos. Através de Jesucristo. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
En los últimos dos días, hemos reflexionado sobre la Segunda Carta a los Corintios 6:11-12, donde el Apóstol Pablo escribió: “Hermanos corintios, les hemos hablado con toda franqueza; le hemos abierto de par en par nuestro corazón. Nunca les hemos negado nuestro afecto, pero ustedes sí nos niegan el suyo…¡abran también su corazón de par en par!”
Uno de mis libros infantiles favoritos es El Conejo de Terciopelo. Me encantaba de pequeño, y cuando empecé a leérselo a mis hijos, descubrí una sabiduría más profunda en sus páginas.
Es una hermosa historia sobre los juguetes de la habitación de un niño pequeño, que anhelaban ser amados y volverse “reales” para él. El Caballo de Cuero, un juguete viejo y sabio, compartió algunos consejos con el Conejo:
“Real no es cómo estas hecho,” dijo el Caballo de Cuero. “Es algo que te ocurre. Cuando un niño te ama por mucho tiempo, no solo para jugar, sino que REALMENTE te ama, entonces te haces Real.”
“¿Y eso duele?” preguntó el Conejo.
“A veces,” dijo el Caballo de Cuero, porque él era siempre sincero. “Cuando eres Real no te importa que te hagan daño.”
“¿Ocurre todo a la vez, como dar cuerda, ”preguntó el Conejo, “o poco a poco?”
“No sucede todo a la vez”, dijo el Caballo de Cuero. “Te conviertes. Tarda mucho tiempo. Es por eso que no les suele pasar a las personas débiles, o cortantes, o que deben tenerse con mucho cuidado. Generalmente, para cuando eres Real, has perdido la mayor parte del cabello de tanto amor, y tus ojos cuelgan, y las articulaciones se te han aflojado. Pero estas cosas no importan en absoluto, porque una vez que eres Real no puedes ser feo, excepto para la gente que no entiende.”
Uno de los anhelos más profundos del alma humana es el de ser vista, amada y aceptada.
Pablo anima a la iglesia de Corinto, y nos anima a nosotros también: ¡abran también su corazón de par en par!”
Oremos: Dios de amor, en Jesucristo caminaste entre nosotros. Te damos gracias por tu amor encarnado. También te damos gracias hoy por las personas que has traído a nuestras vidas: vecinos, amigos, familiares, nuestra comunidad eclesial y todos aquellos que nos acompañan en este camino. Oramos hoy especialmente por quienes se sienten solos. Que puedan sentir tu presencia y tu amor incluso ahora. Concédenos tu gracia, tu paciencia, tu perdón y tu amor – para que podamos ser mejores amigos para quienes amamos y estar más dispuestos a ayudar a quienes más nos necesitan. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Ayer reflexionamos sobre la Segunda Carta a los Corintios 6:11-12, donde el Apóstol Pablo escribió: “Hermanos corintios, les hemos hablado con toda franqueza; le hemos abierto de par en par nuestro corazón. Nunca les hemos negado nuestro afecto, pero ustedes sí nos niegan el suyo…¡abran también su corazón de par en par!”
Hace varios años, tuve la oportunidad de conocer al historiador de iglesias Martin Marty cuando fue orador principal en un Festival de la Fe en nuestra iglesia en Sarasota. Recuerdo haber quedado cautivado por él. Tiempo después, él escribió un artículo para la revista Siglo Cristiano sobre la pérdida de su amada esposa, Elsa, a causa del cáncer. Fue un momento traumático y difícil – una verdadera prueba de fe. En el artículo, él escribió:
Damos por sentados a nuestros amigos, pero cuando la vida cotidiana se desmorona, su apoyo nos protege y guía nuestro propio ser.
Él concluyó con esto:
En mis años como pastor, me propuse no tener nada que ver con teologías que no tienen nada que decir a las personas que esperan un veredicto en las salas de espera de los quirófanos. Ahora añado una nueva resolución: no tener nada que ver con las religiosidades individualistas…
Quienes hayan pasado por momentos difíciles y hayan recibido el apoyo de familiares, amigos o de la comunidad religiosa saben perfectamente de qué estoy hablando. No es que vivir en comunidad sea fácil –de hecho, no lo es.
Pablo lo sabía de primera mano. Las personas pueden decepcionarnos. Pueden fallarnos. Puede que no compartan nuestras opiniones, nuestra visión del mundo ni nuestra ideología política. Puede que no correspondan a nuestro afecto. Pueden meterse en nuestras cosas, decir cosas hirientes o rompernos el corazón. Sin duda, Pablo lo experimentó en carne propia. Aun así, les suplica: ¡abran también su corazón de par en par!”
Me agrada la forma en que lo expresa Edna St. Vincent Millay:
El mundo se extiende a ambos lados,
no más ancho que el corazón
sobre el mundo se extiende el cielo,
no más alto que el alma.
Oremos: Dios de amor, en Jesucristo caminaste entre nosotros. Te damos gracias por tu amor encarnado. También te damos gracias hoy por las personas que has traído a nuestras vidas: vecinos, amigos, familiares, nuestra comunidad eclesial y todos aquellos que nos acompañan en este camino. Oramos hoy especialmente por quienes se sienten solos. Que puedan sentir tu presencia y tu amor incluso ahora. Concédenos tu gracia, tu paciencia, tu perdón y tu amor – para que podamos ser mejores amigos para quienes amamos y estar más dispuestos a ayudar a quienes más nos necesitan. Te lo pedimos en elnombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
En la Segunda Carta a los Corintios 6:11-12, el Apóstol Pablo escribió: “Hermanos corintios, les hemos hablado con toda franqueza;l e hemos abierto de par en par nuestro corazón. Nunca les hemos negado nuestro afecto, pero ustedes sí nos niegan el suyo…¡abran también su corazón de par en par!”
La verdad es que Pablo les había dedicado muchísimo tiempo, energía y corazón. Él había sido sincero sobre sus propias deficiencias y fracasos. Lo contó todo abiertamente. Él en esencia, les estaba diciendo: He entregado mi vida por ustedes. Les he dado todo lo que tengo y más. Les pido que también me abran su corazón. Les pido su cariño…les pido su Amistad.
No es fácil arriesgarse a exponerse de esa manera, ¿verdad? Aquí podemos apreciar la verdadera humanidad de Pablo – su deseo de ser amado y conocido.
C.S. Lewis escribió una vez:
Amar implica vulnerabilidad. Ama algo, y tu corazón sin duda se lastimará y posiblemente se romperá. Si quieres asegurarte de mantenerlo intacto, no debes entregárselo a nadie. Protégelo cuidadosamente con aficiones y pequeños lujos; evita cualquier compromiso; enciérralo de forma segura en el cofre o ataúd de tu egoísmo. Pero en ese cofre – seguro, oscuro, inmóvil, sin aire – cambiará. No se romperá; se volverá irrompible, impenetrable, irredimible. El único lugar fuera del Cielo donde puedes estar completamente a salvo de todos los peligros del amor es el infierno. (Del libro Los Cuatro Amores)
Puede resultar tentador fortificar los muros de nuestros corazones y no dejar que otros entren. Puede ser tentador ser indiferente y no permitir que los demás nos vean o nos conozcan profundamente. Pero al otro lado de esta vulnerabilidad se encuentra algo que da sentido y valor a la vida. Y se nos recuerda cómo Dios se arriesga a amarnos.
El poeta y filósofo irlandés John O’Donohue lo expresó de esta manera:
Los dos anhelos más profundos de tu corazón – el anhelo de amar y de ser amado – no son meras necesidades psicológicas; en un nivel más profundo, son el despertar de Dios en tu interior.
Oremos: Dios de amor, en Jesucristo caminaste entre nosotros. Te damos gracias por tu amor encarnado. También te damos gracias hoy por las personas que has traído a nuestras vidas: vecinos, amigos, familiares, nuestra comunidad eclesial y todos aquellos que nos acompañan en este camino. Oramos hoy especialmente por quienes se sienten solos. Que puedan sentir tu presencia y tu amor incluso ahora. Concédenos tu gracia, tu paciencia, tu perdón y tu amor – para que podamos ser mejores amigos para quienes amamos y estar más dispuestos a ayudar a quienes más nos necesitan. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
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