Abre Nuestros Corazones

May 22, 2026

Todos sufrimos de vez en cuando. Es algo muy real en la vida, ¿verdad? Y cuando nos toca a nosotros, es tentador intentar evitarlo, o incluso negarlo por completo. Intentamos protegernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos.

Hace varios años, visité a unos amigos. Ella estaba en las primeras etapas del Alzheimer y comenzaba a perder la memoria. Ella me dijo: “Joe, lo más difícil de todo esto es que mis amigos han dejado de llamarme. Quizás tengan miedo. Quizás no sepan qué decir. Pero, sinceramente, no me importa lo que digan, simplemente no quiero perderlos.”

Por otro lado, conozco gente que, cuando atraviesan momentos difíciles, se aíslan de los demás. Se encierran en sí mismos y sufren en silencio.

La ironía reside en esto: justo cuando más nos necesitan, o cuando más necesitamos a los demás, solemos huir de aquello que nos hace más humanos. El sufrimiento, la vulnerabilidad y las necesidades compartidas son la esencia de nuestra humanidad común. Trasciende la raza, la clase social y el estatus. Nos conectan profundamente.

Jesús dijo una vez:

“Porque el que quiere salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.” (Mateo 16:25)

Parte de lo que Jesús enseñó es que el mayor significado, alegría y esperanza provienen de entregar nuestras vidas por el bien de los demás, ayudándonos, sirviéndonos y acompañándonos unos a otros en los momentos más difíciles.

Así que hoy, que tengas a tu alrededor personas dispuestas a compartir tu dolor. Y que tú estés dispuesto a acompañarlas a través de su dolor.

Oremos: Dios de la Esperanza, aun cuando atravesamos el valle de la sombra de la muerte, tú estás con nosotros. Ayúdanos a vivir conforme a esa promesa y a compartirla con los demás. En el nombre de Cristo. Amén.

¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!