Hace algún tiempo, la columnista Sheila Graham compartió una entrevista conmovedora con Ruby Bridges Hall. A pesar de que ella no estaba consciente de ello en el momento, Ruby fue la primera niña afroamericana en integrarse en una escuela regular en Nueva Orleans en 1960.
Podrías imaginarla como una típica niña de primer grado con un gran lazo en su cabello y una lonchera en su mano. Pero cada día camino a la escuela, era escoltada por los mariscales federales armados, se enfrentaba a personas enojadas gritándole mientras entraba a un aula vacía. Los padres de raza blanca habían trasladado a sus hijos a otras escuelas. Ruby no se dio cuenta hasta más tarde, cuando un niño le dijo del por qué no podía jugar con ella, que ella era la razón de toda la conmoción.
En su entrevista, Sheila Graham señaló que incluso en esta situación estresante y hostil, la pequeña Ruby oraba todos los días, antes y después de la escuela. Incluso oró por esas personas enfadadas que habían estado gritándole.
Ruby Bridges lo explicó de la siguiente manera: “Una cosa que mi madre siempre me decía era que cuando ella no podía estar conmigo, si alguna vez tuviera miedo, debería de decir mis oraciones…Incluso de noche, si hubiese despertado de una pesadilla y quisiera levantarme e ir a su habitación, ella inmediatamente me pregunta, “¿Dijiste tus oraciones?” Es de ahí de donde vino y se me quedó pegado por siempre.”
La madre de Ruby le dio una poderosa herramienta. Ruby creció sabiendo que nunca estaba sola. Sabía que estaba conectada a un poder mucho mayor que ella misma. Y sabía que la presencia permanente de Dios la haría enfrentar cualquier situación.
Oremos: Dios misericordioso, a menudo nos encontramos asustados,ansiosos y preocupados por el futuro. Recuérdanos que también estamos conectados a un poder mucho mayor que nosotros mismos. Ayúdanos a recurrir a ti y a confiar en ti; a través de Jesucristo. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Una de las palabras Griegas para el amor en el Nuevo Testamento es “ágape”. Es una palabra que a menudo utilizamos en los círculos eclesiásticos para describir el amor de Dios hacia nosotros. Hace algún tiempo, leí sobre un visitante en una iglesia local que continuamente escuchaba la palabra “ágape”, pero no tenía idea de lo que significaba. Él no quería mostrar su ignorancia preguntando, así que encontró un diccionario y lo buscó. El diccionario definía la palabra como: “con la boca bien abierta”.
Obviamente, estaba buscando la palabra inglesa ágape.
¡Eso es gracioso! Pero tal vez sea una definición apropiada…Si realmente entendemos la cruz y el amor maravilloso que se expresa ahí, estaríamos de pie ahí con nuestras “bocas bien abiertas”. Es asombroso que, a pesar de nuestros fracasos y faltas, el Dios de toda la creación dio a su Hijo por nosotros.
Primera Carta de Juan 3:16 nos dice: “En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros…”
Pero entonces Juan continúa diciendo: “…Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos.”
Desde una perspectiva bíblica, si el amor salvador que Dios tiene por nosotros vive dentro de nosotros, entonces ciertamente brotará de nosotros.
El día de hoy, oro para que puedas sorprenderte del amor incondicional que Dios te ha mostrado. Y, que puedas encontrar maneras concretas de compartir ese amor con otros.
Oremos: Dios Santísimo, te damos todas las gracias y alabanzas. Porque amaste tanto al mundo que distes a tu Hijo unigénito. Ayúdanos a encontrar maneras cada día para responder a tu amor. A como hemos sido perdonados, que podamos perdonar a los demás. A como hemos sido aceptados y amados, que podamos mostrar amor y aceptación a los demás. Y, a como hemos sido servidos, que podamos encontrar maneras de servir – a la gloria de tu Hijo, Jesucristo. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Ayer reflexionamos sobre el Salmo 105. Comienza:
Den gracias al Señor, invoquen su nombre;
Den a conocer sus obras entre las naciones.
Cántenle, entónenle salmos;
Hablen de todas sus maravillas.
Si leyéramos este Salmo hasta el final, nos contaría la historia de los inicios de Israel. Relata la historia desde Abraham hasta el Éxodo – la salida de Egipto – Dios llevando, Dios rescatando, Dios salvando.
Tuvimos hambre, y tú proveíste.
Fuimos oprimidos, y nos liberaste.
Tuvimos sed, y brotaste agua de la roca.
Nos llevaste con alegría y cantos.
Se cree ampliamente que fue escrito mientras la comunidad de fe vivía en el exilio en Babilonia. Este Salmo es poesía y muy bien pudo haber sido cantado o recitado en la adoración desde una época muy temprana.
Debo imaginar que hubo personas en el exilio que escucharon estas palabras – esta poesía, esta canción – y que sentían cierto grado de ansiedad. Me imagino que hubo personas preocupadas por su situación, que se preguntaban: “¿En qué clase de mundo crecerán nuestros hijos? ¿Cómo serán sus vidas?”. Me Imagino que hubo personas que anhelaban sanar: ¿Acaso este diagnóstico, esta enfermedad, este divorcio, este problema tendrán la última palabra en mi vida? ¿O existe la esperanza?
Y no puedo menos que imaginar que, cuando este Salmo era leído en voz alta o cantado por una congregación, las personas percibían su abrumador tono de alegría. Escuchaban el testimonio de la comunidad a lo largo de más de mil años. Escuchaban este poderoso recordatorio de que Dios había actuado en sus vidas en el pasado – un recordatorio de que adoramos a un Dios que rescata, que redime, que salva. Y tengo que imaginar que estas historias, estas palabras, les infundían una medida de esperanza.
Pero este Salmo hace algo más también. También les recuerda – y nos recuerda a nosotros – que tenemos este mismo poder para traer esperanza con nuestras propias palabras y con nuestras propias historias.
Den gracias…Den a conocer…Cántenle…Hablen…
Una vez más hoy, me pregunto dónde has visto la mano de Dios obrando en tu vida. Me pregunto qué historias tienes para compartir.
Oremos: Danos ojos para ver tus bendiciones por doquier, Oh Dios. Danos corazones para regocijarnos y cantar alabanzas. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El Salmo 105 comienza:
Den gracias al Señor, invoquen su nombre;
Den a conocer sus obras entre las naciones.
Cántenle, entónenle salmos;
Hablen de todas sus maravillas.
Este Salmo proviene de una comunidad de fe que, claramente, ha sido tocada por la gracia de Dios. Ellos han visto algo, experimentado algo, tan poderoso que no pueden contenerlo. Para emplear una doble negación: No pueden dejar de cantar al respecto.
Estoy seguro de que has tenido experiencias así. A veces, simplemente vislumbrando algo tan hermoso que sentimos la necesidad de compartirlo de alguna manera. Algunas mañanas, después de salir del agua tras surfear, siento que tengo que decirle a mi esposa: “Oye, tenías que haber visto esa ola. Se rompía a la perfección. Me deslicé por la cara de la ola y arrastré la mano por la cresta, y eso simplemente me hizo sentir feliz de estar vivo.” Luego llego al trabajo y les digo a mis compañeros: “¡Tenían que haber visto esa ola!” Y a nadie le importa…¡porque el surf no es lo suyo!
Pero hay cosas que valen la pena compartir.
Hace algún tiempo, recibí un correo electrónico de una amiga que se encontraba en una consulta médica. Estaba leyendo un libro de Max Lucado, y la especialista que la atendía se percató de ello y le preguntó si era Cristiana. Ella respondió: “Sí lo soy. ”La especialista rompió a llorar y comenzó a compartirle sus problemas. Ellas lloraron juntas y oraron juntas. Y aquello resultó ser un momento hermoso, un momento en el que Dios estaba presente, justó allí, en esa misma habitación. Así que mi amiga tuvo que compartirlo conmigo, y yo tuve que compartirlo con ustedes.
No solo aquí en el Salmo sino, en realidad, a lo largo de toda la Sagrada Escritura, existe un sentido de entusiasmo, una chispa de vida que no puede contenerse. La Biblia está repleta de historias y poesía que nombran lo que Dios está haciendo y ofrecen alabanza por lo que Dios ha hecho.
Den gracias…Den a conocer…Cántenle…Hablen…
El Apóstol Pedro escribió una vez:
“Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hayen ustedes.”
Me pregunto qué esperanza albergas en tu interior. Me pregunto cuándo y cómo ha tocado Dios tu vida. Me pregunto si habrá alguien que esté buscando una razón de la esperanza que hay en ti. Me pregunto si has tenido alguna experiencia…si hay palabras que necesitas pronunciar…
Que Dios te conceda ojos para ver Su mano obrando en tu vida, ahora y en el pasado. Que recuerdes dónde las has visto. Que des gracias, te regocijes, cantes e incluso encuentres palabras para contarlo.
Oremos: Danos ojos para ver tus bendiciones por doquier, Oh Dios. Danos corazones para regocijarnos y cantar alabanzas. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
El poeta Wendell Berry escribió un poema titulado, “On the Theory of the Big Bang” (Sobre la Teoría del Big Bang). Se lee así:
¿Qué explotó?
Antes de explotar, ¿Cómo llegó allí?
Cuando llegó allí, ¿Dónde estaba?
Me gusta el poema porque invita a la reflexión y me recuerda lo poco que realmente sabemos. Ahora bien, no creo que la ciencia y la fe sean mutuamente excluyentes; no lo son. Simplemente plantean preguntas diferentes. La ciencia pregunta: “¿Cómo sucedió esto?” Mientras la teología pregunta: “¿Quién lo creó?” y “¿por qué?”
La ciencia sin fe es estéril y a menudo carece de sentido. La fe sin ciencia a menudo carece de riqueza y profundidad. Pero una fe que pueda mirar los descubrimientos de la ciencia y maravillarse con los intrincados detalles de la obra de Dios es una fe que es sana y viva.
Cuando contemplo un universo en expansión, un universo que contiene cientos de miles de millones de estrellas, supernovas, galaxias en espiral, y un espacio tan vasto que hace falta billones de años para cruzar, quedo sorprendido. Luego, cuando considero todo lo que hay en su interior, y todo lo que podría haber más allá, me invade un profundo sobrecogimiento. Viene a mi mente las palabras de un Salmo escrito hace miles de años.
Esto es del Salmo 8:
“Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que ahí fijaste, me pregunto: ¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta? Pues lo hiciste poco menos que un Dios, y lo coronaste de gloria y de honra…Oh Señor, soberano nuestro, ¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra!
Oremos: Dios eterno y creador, cuando consideramos nuestro lugar en el vasto universo, es de mucha humildad. Cuando empezamos a imaginarnos los detalles del ADN, o las reacciones nucleares necesaria para el nacimiento de una estrella, o la delicadeza de una flor floreciente, nos da perspectiva y un descanso.
Gracias por tu magnífica creación – y por habernos creado con todo lo existente. Por encima de todo, te agradecemos por el amor y la compasión que tienes por nosotros – el amor suficiente para darnos un papel como guardianes – y el amor suficiente para enviar a tu Hijo – en cuyo nombre oramos. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!
Check out our social media!
Facebook
Instagram
The Dial Hope Foundation is a 501(c)(3) organization – Federal Tax ID #26‑4326614
For tax purposes, no goods or services are exchanged in consideration of a charitable contribution. Ref: CH32625
DAILY MESSAGE
941-955-8929
Instructions for our military
EMAIL
info@dialhope.org
ADDRESS
Dial Hope Foundation
P.O. Box 953
Sarasota, Florida 34230