En el mensaje de ayer, compartí con ustedes la Oración de la Serenidad, que se atribuye al teólogo Reinhold Niebuhr.
Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar,
y la sabiduría para conocer la diferencia.
Esta oración tiene una segunda parte, aunque no es tan conocida, contiene una gran sabiduría. Dice así:
Viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez; aceptando las adversidades como un camino hacia la paz; aceptando, como lo hizo Jesús, este mundo pecador tal como es, y no como me gustaría que fuera; creyendo que Tú harás que todas las cosas estén bien si yo me entrego a Tu voluntad; de modo que pueda ser razonablemente feliz en esta vida e increíblemente feliz Contigo en la siguiente. Amén.
La Verdad es que no tenemos ninguna garantía de que estaremos aquí mañana. Ni siquiera tenemos la certeza de lo que sucederá dentro de una hora. Y por más fieles que seamos, nada nos garantiza una vida perfecta y libre de dificultades.
Lo que sí tenemos es la promesa de que Dios puede hacer surgir algo bueno, hermoso y lleno de fortaleza incluso del sufrimiento – incluso de nuestro propio sufrimiento. La cruz y la tumba vacía nos lo recuerdan.
También tenemos la promesa de que Jesús ama a este mundo tal como es, no como debería ser. Y es precisamente por ese amor que Él sigue obrando para restaurar y redimir, para sanar y hacer todo pleno, incluso a ti, incluso a mí.
Oremos: Todopoderoso, Tú ere el primero y el último, el principio y el fin, el Alfa y Omega. Te alabamos porque siempre estás presente, porque tu poder no tiene límites y porque tu amor es eterno. En este día, una vez más, entregamos nuestras vidas en tus manos. Ayúdanos a vivir cada momento plenamente, confiando en que el futuro está en tus manos y que también nosotros estamos bajo tu cuidado.
Hoy oramos especialmente por quienes luchan contra las adicciones y por todos aquellos que llevan cargas pesadas. Te pedimos que nos permitas seguir percibiendo tu presencia en nuestras vidas – por tu sanación, esperanza y redención sin límites. Todo esto lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!