En mi Biblia, bajo el Salmo 51, hay un subtítulo: “Oración para Pedir Purificación y Perdón. Salmo de David, cuando el profeta Natán fue a verlo por haber cometido David adulterio con Betsabé.”
Si reflexionamos sobre su vida – resulta evidente que, si alguien sabía algo acerca de la necesidad de purificación y perdón, ese era David. Comenzó como un humilde pastor, y Dios lo elevó hasta convertirlo en el rey más querido que jamás tuvo Israel. En el apogeo de su popularidad y éxito, cometió adulterio con Betsabé y, posteriormente, provocó la muerte de su esposo, Urías. David intentó encubrirlo – ocultarlo. Pero pronto comprendió – como nos sucede a todos – que, tarde o temprano, nuestros pecados terminan alcanzándonos.
El Salmo 51 es la oración de David: “Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor…Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado…Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.”
Es una oración hermosa, y las personas de fe la han utilizado en sus oraciones durante miles de años.
Resulta interesante que muchos de los Salmos sean oraciones de personas que atraviesan dificultades y piden ayuda – en muchos de ellos, el clamor es: “Dios, cambia mi situación para que pueda alabarte.” Estoy en problemas. O bien: “Dios, cambia a las personas que me rodean, cambia lo que están haciendo.” Pero este Salmo no dice: “Cambia mi situación,” o “Cambia a los demás.” No. David ora: “Cámbiame a mí…Cámbiame a mí.”
Cuando Dios dice que David es un hombre conforme a su corazón, tengo que creer que esto es parte de ello. Él confía en Dios lo suficiente como para admitir cuando se equivoca – él no culpa a otras personas ni culpa a su situación. No. Él ora: “Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. Contra ti he pecado.”
Hay algo liberador en poder ser totalmente sinceros, en abrir nuestro corazón y nuestra vida ante Dios. A menudo, es el primer paso hacia la sanidad en las relaciones. Y es, además, el primer paso hacia el crecimiento espiritual.
Oremos: Dios bondadoso, no somos perfectos. Hemos cometido errores. No tenemos nuestras vidas en perfecto orden. Por eso te necesitamos. Necesitamos que nos ayudes a soltar el pasado y a comenzar de nuevo de otra manera. Te damos gracias por tu gracia. Te damos gracias por tu perdón. Te damos gracias por tu amor; por medio de Jesucristo. Amén.
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