En Febrero del 2021, el Colegio Americano de Pediatras publicó un informe basado en varios estudios. Estos estudios revelaron que los niños que regularmente cenan con sus familias mostraban un mejor rendimiento académico, una nutrición más saludable, mejores habilidades sociales, un menor riesgo de abuso de drogas o alcohol y un mayor bienestar emocional. A largo plazo, tenían muchas más probabilidades de tener éxito en la vida y de evitar problemas graves.
Eso es interesante, ¿verdad que sí?
Hay algo especial en detenerse realmente unos instantes para sentarse a compartir comida y conversaciones. Es algo bueno para el alma. Esto es válido para niños como para adultos. La mesa del comedor une nuestras vidas, aunque solo sea por poco tiempo. Si no nos distraemos con la tecnología, nos brinda la oportunidad de conversar, de reflexionar sobre el día y fortalecer los vínculos.
En los hogares Judíos de la época de Jesús, e incluso en algunos hogares de hoy en día, la mesa del comedor se consideraba una especie de altar. El tiempo compartido en torno a ella con familiares y amigos era tiempo vivido en la presencia de Dios: Un tiempo sagrado. Santo. Que así sea también para ti.
Oremos: Amado Dios, te agradecemos por los amigos y la familia y por los alimentos que disfrutamos. Estamos agradecidos por el amor que se manifiesta en la provisión misma de la comida y el amor que fluye al prepararla, servirla e incluso al limpiar. Te agradecemos especialmente por el regalo de compartir una comida, por las risas y la conversación, y por compartir tanto las lágrimas como los triunfos. Ayúdanos a valorar estos momentos, invitar a otros a compartir con los más necesitados. Lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!