Isaías(43:1-7) escribía para los Judíos que vivían en el exilio en Babilonia, lejos de sus hogares. Para entonces, su patria estaba en ruinas; el templo destruido. Se sentían completamente olvidados. Y es en ese contexto que Dios les habla através del profeta:
Pero ahora,así dice el Señor,
el que te creó, Jacob,
el que te formó, Israel:
no temas, que yo te he redimido;
te he llamado por tu nombre; tú eres mío.
Me imagino que, en ese contexto, lejos de casa, desesperados…con todo lo que sabían como cierto, era incierto, esto debió tocar algunas de las preguntas más profundas con las que luchaban. ¿Quiénes somos? ¿A dónde pertenecemos? ¿Qué nos hace dignos?
Al escribir sobre este pasaje bíblico, Carter Lester ofrece una serie de viñetas que abordan estas preguntas. Él nos invita a imaginar: Un estudiante nuevo observa un mar de caras extrañas en la cafetería de la escuela, preguntándose: ¿Dónde debería sentarme? ¿A qué grupo podría unirme? ¿Seré aceptado? ¿Seré rechazado? ¿Seré ignorado?
Imagínense: Una mujer de mediana edad camina por el pasillo de su casa vacía. Echa un vistazo al dormitorio de su hija menor. Observa las fotos y recuerdos de su infancia y de la escuela, que dejó atrás al comenzar su primer año de universidad. Un torrente de recuerdos la asalta. Ahora se pregunta qué le espera, no solo a su hija, sino también a ella misma, con todos los niños que se han ido a buscar sus propios futuros.
Imagínense: Un hombre mayor gimiendo mientras intenta levantarse de la cama. Jubilarse de su exitoso bufete de abogados hace unos años fue genial. Pero ahora lidia con una enfermedad crónica que lo deja aletargado. Él empieza a sentirse inútil.
¿Quién soy? ¿Qué me hace digno? ¿A dónde pertenezco? Estas preguntas nunca desaparecen.
En este texto, Dios dice que cuando cruces las aguas, yo estaré contigo…
Fíjense que Dios no dice, les quitaré las aguas ni quitaré el fuego. No, en la vida pasamos por las llamas del fuego, nos enfrentamos a las aguas turbulentas, nos topamos con momentos de fracaso personal, grandes pérdidas…eventos que trastocan nuestras vidas. No hay promesa en ninguna parte de que, como creyentes, estamos exentos. Pero sí hay una promesa de que más allá de ellos, más profundamente que ellos, hay una pertenencia, hay valor, dignidad, hay una base sólida que proviene de Dios.
Oremos: Te damos gracias, Oh Dios, por caminar con nosotros, por amarnos y perdonarnos. Encuéntranos hoy en nuestra necesidad más profunda y concédenos tu fuerza y tu paz. Amén.
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