Cada vez me doy más cuenta de la ambigüedad que es inherente a la vida. Siendo humanos, no tenemos todas las respuestas – y eso se vuelve especialmente difícil en momentos de crisis, o tragedia. Queremos saber por qué. ¿Por qué sucedió esto? ¿Por qué murió tan joven? ¿Por qué yo? Pero, la mayoría de las veces, simplemente no hay respuestas. Y tenemos que vivir con este desconocimiento.
La verdad es que, tarde o temprano, todos nos topamos con la realidad de que grandes partes de la vida están completamente fuera de nuestro control.
Y eso plantea la pregunta más profunda: “¿Puedo confiar? ¿Puedo confiar en que Dios está conmigo en esto?”
Es difícil vivir con la incertidumbre. Todos la experimentamos durante los primeros días del COVID – cuando nadie sabía qué iba a pasar ni cuánto tiempo duraría.
Algunos de ustedes han enfrentado el cáncer…o con un hijo que lucha contra la adicción…o el dolor de perder el trabajo…Algunos de ustedes han tenido que vivir largos periodos de incertidumbre y ambigüedad.
En esos momentos, es tentador sucumbir a la desesperación. Es fácil sentir ansiedad, culpar a los demás – o aferrarse al control. Pero si no tenemos cuidado, el miedo puede llevarnos a depositar nuestra confianza en personas o cosas que no son Dios.
Una persona anciana y sabia de mi anterior iglesia solía decir: “Confía en Él incluso cuando no puedas encontrarlo.”
Eso no es fácil. Pero está en el corazón de nuestra fe: Confía. Confía. Confía.
Oremos: Dios Misericordioso, hoy oro especialmente por quienes viven en la incertidumbre, por quienes luchan contra la ansiedad y por quienes buscan desesperadamente respuestas. Que sientan tu presencia cerca de ellos. Concédeles tu paz y tu gracia, para que puedan alcanzar un estado de profunda y serena confianza. Te lo pido en el nombre de Cristo. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!