En la cruz, entre las últimas palabras de Jesús estuvieron: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).
Me cuesta asimilar eso.
Padre, perdona a los líderes religiosos. Padre, perdona a los soldados romanos. Padre, perdona a las multitudes que pidieron mi muerte. Padre, perdona a aquellos que me negaron y me traicionaron. Padre, perdona, perdona, perdona…
A lo largo de los años, he escuchado historias de personas que han sufrido abusos por parte de un familiar. Una vez, un amigo me contó sobre un socio de negocios que le robó decenas de miles de dólares. Pienso en otro amigo cuya esposa lo abandonó por otra persona después de tan solo un año de matrimonio.
Muchos de nosotros cargamos con un dolor inmenso. Y no cabe duda: ese dolor es real. Quizás sepas lo que significa cargar con una herida e ira. Quizás sepas lo que es no querer perdonar. La sed de venganza es una emoción poderosa. Y, sin embargo, la verdad es que, si cargamos con odio, ira y amargura, ¿a quién terminamos lastimando, en última instancia?
Con el paso de los años, me he vuelto cada vez más consciente de que el perdón es uno de los mejores regalos que podemos hacernos a nosotros mismos. No condonar. Ni siquiera, necesariamente, olvidar o reconciliarse. Sino perdonar, dejar ir. Es una forma de liberarnos.
El teólogo franciscano Richar Rohr lo expresó de la siguiente manera:
«El anhelo y la disposición a amar constituyen la libertad y el futuro supremos. Cuando uno ha sido acogido en la inmensidad del amor divino, simplemente no queda lugar para la venganza, el juicio precipitado o los reclamos de retribución. Ciertamente, no observamos nada de esta mezquindad en el Cristo Resucitado tras su propia marginación, su traición y su cruel muerte; no la vemos ni siquiera en su círculo más íntimo, ni en todo el Nuevo Testamento. Realmente no puedo imaginar una forma de vivir más amplia y espaciosa…El perdón podría ser, tal vez, la mejor descripción de aquello que la bondad de Dios engendra en la humanidad».
Oremos: Hoy oro, Oh Dios, por aquellos que luchan por perdonar. Oro para que tu gracia sanadora repose sobre ellos. Por el poder de tu Espíritu, ayúdalos a dejar ir y a ser liberados. Lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!