En los últimos dos días, hemos reflexionado sobre el pasaje bíblico de Hechos, capítulo 4 (versículos 5-22), donde Pedro es encarcelado por enseñar y sanar en nombre de Jesús. Aún sabiendo que su vida corría peligro, él habló y actuó con valentía, continuando la obra sanadora y amorosa de Cristo.
Hace unos años, mi amiga Amy Camp, una pastora Presbiteriana, fue invitada a ser la oradora principal en la concentración del Día de Martin Luther King Jr. en elcentro de St. Augustine. Esta concentración se celebraba desde hace más de 40 años, y Amy fue la primera mujer a la que se le pidió que diaria unas palabras.
Por supuesto, ella lo hizo de maravilla. Fue impactante. Se podía sentir la energía del público mientras hablaba del turbulento pasado de San Agustín – y también se podía sentir esperanza cuando nos animó a tender puentes y trabajar juntos para superar las viejas divisiones.
Cuando le pidieron que diera unas palabras por primera vez, Amy se sintió honrada – pero también muy nerviosa. De hecho, en un momento previo al evento, se sintió tan abrumada que pensó que no podría hacerlo. Ella oró y oró, y finalmente acudió a un director espiritual. Tras escucharla, el director le dijo con dulzura: “Solo recuerda, Amy, que cuando subas al escenario a hablar, estarás conectada a un poder mucho mayor que tú.”
El Dr. Lloyd Ogilvie, ministro Presbiteriano y erudito, quien también desempeñó como capellán del Senado de los Estado Unidos (1995-2003), escribió sobre este pasaje bíblico en un comentario sobre el libro de los Hechos:
“El ejemplo de Pedro es nuestro reto y aliento: ¿Qué intentamos en nuestra vida que no podríamos lograr sin el Espíritu Santo? ¿Qué hay en nuestra vida que requiera una explicación? Seremos llenos del Espíritu Santo cuando nos atrevamos a hacerlo que jamás podríamos lograr con nuestras propias fuerzas e intuición.”
Seremos llenos del Espíritu Santo cuando nos atrevamos a hacer lo que jamás podríamos lograr por nuestra propia cuenta.
Cuando te atreves a actuar según tu fe.
Cuando tienes la valentía de defender a los necesitados.
Cuando luchas por hacer lo justo y correcto – incluso cuando estás cansado o agotado,y sientes que no puedes más –
Que llegues a comprender que el Espíritu de Cristo resucitado obra en ti.
Porque tú también estás conectado a un poder mucho mayor que tú mismo.
Oremos: Concédenos valor y fortaleza para este día, Oh Dios, en que podamos ser una bendición para ti y para los demás. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!