Nosotros no Tenemos que Mirar Lejos

January 15, 2026

Ayer reflexionamos sobre el Salmo 104. Lo que me encanta de este Salmo es que rebosa de alabanza y celebración desenfrenadas. Y al leerlo, hace algo dentro de ti…Llama a algo dentro de ti.

¿Alguna vez has notado que cuando te detienes a observar y nombrar las bendiciones que te rodean, algo cambia en tu interior?

Los eruditos nos cuentan que la vida en el antiguo Israel era bastante difícil. Cuando pienso en cómo incluyeron este poema, esta canción, en el corazón de sus escrituras sagradas, puedo imaginar cómo el mundo que los rodeaba debió sentirse a menudo tan incierto e impredecible. En una sociedad agraria, enfrentaban sequías, inundaciones, calor y lluvia helada. También sabemos que enfrentaban constantemente amenazas de potencias extranjeras, y a menudo se encontraban incapaces de afrontarlas.

Sabemos cómo es eso, ¿verdad?

Para ellos, escuchar la lectura de este Salmo era una invitación a recordar que, incluso en medio de todo esto, incluso en las circunstancias mas extremas, todavía hay bondad, orden y belleza en el mundo. Y que, si tenemos los ojos abiertos, no podemos dejar de ver la mano de Dios proveyendo.

En realidad, no tenemos que buscar muy lejos, ¿verdad?

En el Salmo, los pájaros cantan. El Leviatán juega. El vino y el pan alegran y fortalecen el corazón humano. Cuando Dios abre sus manos, nos colmamos de buenas cosas.

Pienso en la bendición de la amistad, el amor de la familia, la simple alegría de dar, la esperanza inherente a compartir una comida, a compartir risas e incluso lágrimas.

Que nos unamos al Salmista al observar el bien y la belleza siempre presentes en el mundo que nos rodea. Y que también nosotros demos gracias y alabemos.

Oremos: Abre nuestros ojos, Oh Dios, a la belleza y al bien del mundo que nos rodea, incluso aquí y ahora. Amén.

¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!