El año pasado, sufrí una lesión de espalda bastante grave. En las semanas posteriores a la lesión, cuando no podía correr, surfear ni ayudar en casa, gran parte de mivida se puso en duda. Todas esas cosas que amaba desaparecieron de repente. Recuerdo que mi hija me dijo: «Papá, este va a ser tu mayor desafío espiritual hasta ahora.»
Ella tenía toda la razón.
Al decir esto, se refería a que en la crisis se puede crecer. No es que haya garantías, pero sí puede haber una profundización que se forja en el fuego del sufrimiento. Aunque es difícil siquiera imaginarlo cuando estamos en medio de estas situaciones. Creo que mi hija también reconoció que hay momentos en la vida que no solo nos infunden miedo, miedo a la pérdida, miedo a lo que viene después, sino que, de hecho, cuestionan nuestra propia identidad.
Sin el templo, sin nuestra patria, ¿Quiénes somos? ¿Quiénes somos viviendo en esta tierra extranjera?
Sin poder surfear, sin poder correr, ¿Quién soy? No soy un surfista…No soy un corredor.
Te preguntarás: Sin este trabajo…sin este matrimonio…sin mi hijo, sin mi hija…sin poder conducir ni viajar, ni caminar…¿Qué me queda?
En el capítulo 43 de Isaías, Dios dice:
Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob,
el que te formó, Israel:
no temas, que yo te he redimido;
te he llamado por tu nombre; tú eres mío.
Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo…
La erudita bíblica Kathleen O´Connor afirma que si bien este hermoso texto fue escrito para los exiliados en Babilonia, también contiene afirmaciones esenciales que el bautismo Cristiano hace a los creyentes.
Aunque a veces es difícil verlo, en nuestro interior, muy profundo, hay una sentido de pertenencia, una dignidad, una fuerza que viene de Dios.
Escuché a John O´Donohue hablar del místico cristiano del siglo XIV, Meister Eckhart. Él dijo que Eckart afirmaba que existe un lugar en el alma que ni el tiempo ni el espacio ni ninguna cosa creada pueden tocar. Hay un lugar dentro de ti donde aún hay seguridad, donde hay fluidez, donde hay confianza y tranquilidad. Y…la intención de la oración…es visitar de vez en cuando ese santuario interior.
Oremos: Te damos gracias, Oh Dios, por caminar con nosotros, por amarnos y perdonarnos. Encuéntranos hoy en nuestra necesidad más profunda y concédenos tu fuerza y tu paz. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!