Existe una vieja historia, sin duda apócrifa, sobre un malabarista que se dirigía en su automóvil a su siguiente actuación. Un agente de tráfico lo detiene y le pregunta: “¿Qué hacen estos fósforos y este líquido inflamable en tu auto?” Naturalmente, el agente se preguntaba a sí mismo: “¿Podría tratarsede un posible pirómano o, peor aún, de un terrorista?”
“Soy un malabarista,” respondió el conductor. “Y yo realizo malabares con antorchas encendidas en mi acto.” “¿Ah, sí?” Respondió el policía con escepticismo. “Veamos cómo lo haces”. El malabarista sale de su vehículo y empiezaa hacer malabares con las antorchas en llamas con gran maestría.
Una pareja que pasaba en vehículo redujo la velocidad para mirar. “Wau,” le dice el conductor a su esposa. “Me alegro de haber dejado de beber. ¡Mira la prueba que están realizando los policías ahora!”
Las cosas no siempre son lo que parecen a primera vista, ¿verdad que no? La verdad es que a menudo emitimos juicios precipitados. A veces creemos conocer a alguien por su forma de vestir, por el color de su piel o por un cartel político en su jardín.
En el Primer Libro de Samuel, capítulo 16, Dios le dice a Samuel: “…el Señor no ve como los mortales ven; la gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.”
Cuando nos tomamos el tiempo para mirar más allá de las apariencias externas, y cuando llegamos a conocer el corazón de una persona, a menudo encontramos puntos en común. En los demás siempre hay algo más de lo que se percibe a simple vista.
Algunas tradiciones de fe sostienen que hay algo de Dios que habita en todas y cada una de las personas. Esa es una buena teología. De hecho, una excelente práctica de discipulado sería buscar a Dios en todas y cada una de las personas con las que nos encontremos.
Oremos: Dios amoroso, nos has creado a cada uno de nosotros a tu propia imagen, y llamaste a tu creación “muy buena.” Ayúdanos a honrar esa imagen en nosotros mismos y en los demás. Protégenos de caer en el juicio hacia los otros. Concédenos corazones abiertos para que podamos manifestar tu amor y tu gracia. Amén.
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