Más que Suficiente

November 4, 2026

En el Evangelio de Mateo, capítulo 6, Jesús dijo: “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.”

El dinero no es tema sencillo. ¡Pero es relevante! Afecta a casi todos los aspectos de nuestras vidas. Y, además, es algo profundamente espiritual. Jesús habló sobre el dinero y las posesiones más de lo que habló sobre la oración – o incluso sobre el cielo y el infierno juntos.

Es un tema difícil, porque recibimos un mensaje bastante contundente de nuestra cultura en torno al dinero y las posesiones. Y ese mensaje nos moldea.

En un tono más ligero, creo que fue Gertude Stein, en realidad, quien dijo: “Quienquiera que diga que el dinero no puede comprar la felicidad, es evidente que simplemente no sabe dónde ir de compras.”

Es gracioso – pero no es verdad, ¿verdad que no?

Justo antes del confinamiento por el COVID, regresaba a casa en avión desde Texas. Como estaba aburrido, tomé la revista que estaba abordo del avión. Me topé con un artículo sobre una asignatura que se impartía en Harvard acerca de la felicidad. Fue uno de los cursos más populares en el campus aquel año. Busqué en internet y descubrí que era posible ver algunas de las clases en YouTube.

Resulta interesante. Los estudios han revelado que, una vez cubiertas las necesidades básicas – alimentación, vivienda y atención sanitaria esencial – tener más dinero no equivale a una mayor felicidad. Poseer más cosas tampoco garantiza una mayor felicidad. En cambio, disponer de tiempo para compartir con amigos y familiares sí contribuye a ella; al igual que realizar labores de voluntariado en la propia comunidad o apoyar una causa en la que uno cree.

Hoy me pregunto a qué podrían invitarnos a reflexionar las palabras de Jesús – no desde el juicio, sino desde el amor. Quizás Él nos pide que pensemos en qué es lo que verdaderamente da vida, qué es lo que realmente trae alegría y qué es lo que perdura de verdad.

No podemos servir a dos señores. Pero sí podemos servir a uno que nos ama sin medida, que da generosamente y que nos invita a confiar en que hay más que suficiente.

Oremos: Dios amoroso, tú conoces el peso que llevamos – nuestras preocupaciones, nuestras responsabilidades, nuestras esperanzas para el futuro. Tú conoces nuestra relación con el dinero, con el trabajo, con las cosas que llenan nuestros días. Vuelve nuestros corazones de la preocupación a la confianza, del miedo a la gratitud, del egoísmo al servicio. Que todo lo que hagamos y demos refleje tu amor en nosotros. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!

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