La Marea Vendrá…

October 15, 2026

El mensaje de hoy fue escrito por Roger Kunkle, q.e.p.d., fundador de Dial Hope.

 Para mí tiene un significado especial de que las tres iglesias donde serví como pastor estuvieran situadas cerca del agua. En Duluth, Minnesota, la iglesia se encontraba a pocas cuadras del Lago Superior. En Chicago, estaba a una cuadra del Río Des Plaines. Y en Sarasota, Florida, me hallaba cerca del Golfo de México.

Si alguna vez has visitado Sarasota, sabes que algunas de las playas más hermosas del mundo se encuentran en esta área. A veces, cuando caminaba por la playa, me sentía abrumado por lo grande que es el océano y lo pequeño que soy. Entonces, recuerdo lo que dice la Biblia en el Salmo 95:4-5: “En sus manos están los abismos de la tierra…Suyo es el mar, porque él lo hizo.”

 Existe Alguien que es aún más grande que el océano. Hay un Dios que no se siente impotente ante él. Al comprender eso, mi fe se fortalece y me siento sereno, sin temor. Al vivir cerca del agua, cerca del océano, adquiero una mejor comprensión de la vida, porque ambos se asemejan enormemente. La vida misma posee una inmensidad que escapa a nuestra vista. Pero podemos decir con el Salmista: “Pero yo, Señor, en ti confío…Mi vida entera está en tus manos.” (Salmo 31:14, 15)

Creemos que no puede ocurrir nada en nuestras vidas que Dios no pueda manejar. Y eso nos da confianza, fe y esperanza al pensar en el mañana.

Hay muchos paralelismos entre la vida y el océano. Experimentamos momentos de marea baja y marea alta y no hay forma de detener esas mareas. Si comprendemos que viviremos mareas bajas en el espíritu, nuestros momentos de desánimo perderán gran parte de su carácter aterrador. La marea volverá. Sí, la marea puede bajar, pero con la misma certeza, regresa.

 Hay momentos en que estamos ansiosos por lograr algo; pero también hay momentos en los que debemos “esperar la marea.” Sin embargo, en esa espera, podemos tener la certeza de que la marea subirá. Y gracias a esa certeza, tenemos fe y esperanza. Dígase a sí mismo, “Mis tiempos están en las manos de Dios,” y así alcanzarás serenidad, tranquilidad y confianza. Mis tiempos están en las manos de Dios.

 Oremos: Dios amoroso, sea cual sea la dificultad que enfrentemos, recuérdanos que la marea vendrá. Que tu presencia, tu paz y tu consuelo fluyan sobre nosotros como aguas sanadoras, bautizándonos en tu amor, mezclando tu bálsamo con nuestras lágrimas para crear aguas vivas para el mañana. Todo esto lo pedimos en el nombre de tu Hijo, nuestro Salvador, Jesucristo que vivió como uno de nosotros. Amén.

 ¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!

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