La Experiencia en la Tienda de Cometas

July 21, 2026

Cuando estaba en la universidad, trabajé por corto tiempo en una pequeña tienda de cometas en San Agustín. Fue un trabajo genial elaborando y vendiendo cometas, conociendo todo tipo de personas interesantes. Una tranquila mañana de verano, estaba ordenando la tienda cuando entraron dos jóvenes de edad universitaria. Se acercaron enseguida y me dijeron: “Quiero presentarte a alguien. ¿Conoces a mi amigo, Jesús?”

 Estaba tan sorprendido que no supe qué decir. Supongo que mi perplejidad era la señal para que ellos siguieran presionando. Ellos empezaron a citar capítulos y versículos sobre el por qué seguramente me quemaría en el infierno si no lograra conocer a su amigo inmediatamente. Temía que ahuyentaran a los clientes, y cuando les dije que se salieran de la tienda, ya me habían convencido de que prefería arder en el infierno que pasar una eternidad en el cielo con personas como ellos.

 El asunto es que en aquel entonces yo no me congregaba en ninguna iglesia en ese momento - pero estaba espiritualmente abierto. Yo sabía que me faltaba algo. Y mirando hacia atrás puedo identificar ese anhelo. Ahora sé qué era lo que me faltaba en ese entonces.

 Esos jóvenes tenían la oportunidad de compartir la gracia de Dios conmigo - pero lo que trajeron en cambio fue temor y juicio. Definitivamente no fueron un buen testimonio del hermoso mensaje que se nos confió.

 Se nos ha confiado un hermoso mensaje de gracia y esperanza: que Dios ama a este mundo y a todas y cada una de las personas que lo habitan. Y hemos sido llamados a compartir dicho mensaje. El reto consiste en encontrar la manera de hacerlo con amor.

Oremos: Dios misericordioso, sabemos que nos has llamado a ser luz en un mundo que a menudo es oscuro. Todos conocemos a personas que están sufriendo. Todos conocemos a personas que han perdido la esperanza, que sienten que están lejos de ti. Y, sin embargo, a veces pretendemos que no nos damos cuenta. A veces sentimos que no tenemos las palabras, o tenemos miedo por las maneras hirientes y vergonzosas en que otros han compartido el evangelio. Perdónanos, Oh Dios. Concédenos las palabras para alentar, el valor para invitar y la sabiduría para brindar esperanza. Ayúdanos a encontrar formas de compartir el amor, el perdón y la aceptación que nosotros mismos hemos experimentado de una manera que abre corazones. Te lo pedimos en el nombre de Cristo. Amén.

 ¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!