Ayer reflexionamos sobre el pasaje bíblico de Hechos, capítulo 4 (versículos 5-22), donde Dios, a través del Apóstol Pedro, realizó una sanación milagrosa. Cuando le preguntaron a Pedro: “¿Con qué poder, o en nombre de quién, hicieron ustedes esto?”, él respondió: “Sepan, pues, todos ustedes y todo el pueblo de Israel que este hombre está aquí delante de ustedes, sano gracias al nombre de Jesucristo de Nazaret…”
Pedro continúo diciendo: “De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvados.”
La palabra “salvado” aquí también podría traducirse como “sanado” o “restaurado”.
Aunque este versículo suele malinterpretarse, muchos eruditos coinciden en que Pedro no afirma que una religión sea mejor que otra. Más bien, está diciendo que, si alguien es sanado, salvado o restaurado, solo puede haber una fuente verdadera de ese poder – y no somos nosotros. Es Dios. Y ese Dios se nos revela en Jesucristo, quien resucitó de entre los muertos. Es su poder, su autoridad, su nombre.
En un sermón sobre este pasaje bíblico, el Reverendo Kind Duncan afirmó que, en efecto, existe un poder: “…Hay un nombre que calma las furiosas tormentas de la vida. Hay un nombre que sana cuerpos y vivifica espíritus. Hay un nombre que ha permitido la construcción de más hospitales, más escuelas y más hogares bendecidos que ningún otro. Ese nombre, por supuesto, es Jesús.”
Hoy, una vez más, oro hoy para que dondequiera que estés en tu camino de fe, y sea cual sea la situación difícil que estes enfrentando, que puedas apoyarte, confiar y obtengas fuerza del poder, la autoridad y el amor de Jesús.
Oremos: Concédenos valor y fortaleza para este día, Oh Dios, en que podamos ser una bendición para ti y para los demás. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!