Ayer reflexionamos sobre la antigua creencia Cristiana de que mostrar hospitalidad al inmigrante, al viajero, al extranjero o al forastero era una forma de experimentar la santa presencia de Dios.
Estaba viendo un estudio reciente sobre iglesias prósperas en los Estados Unidos y no me sorprendió comprobar que muchas de estas iglesias saludables practicaban algo llamado hospitalidad radical – radical en el sentido de que está arraigada en su propia identidad.
Los estudiosos afirman que la iglesia primitiva, que comenzó con unos pocos discípulos, se convirtió en un movimiento masivo precisamente por esta razón. No se trataba solo de compartir el evangelio de palabra – sino de la extraordinaria hospitalidad Cristiana. La forma en que trataban y servían a los forasteros marcó la diferencia.
No es de juzgar.
No es de actitud defensiva.
No es de un instinto de supervivencia.
Tiene sentido, ¿verdad? Si esperas que Jesús te encuentre en cualquier momento – como un forastero – empiezas a ver a las personas con otros ojos. Las tratas de forma diferentes.
Muchas veces, sentimos miedo o desconfianza hacia los forasteros – especialmente hacia las personas que se ven diferentes a nosotros, creen de manera diferente a nosotros o provienen de diferentes partes del mundo.
No sé ustedes, pero yo probablemente necesito orar para tener la gracia de ser más hospitalario con los extraños.
El Apóstol Pablo escribe a la iglesia en Roma: El amor debe ser sincero…ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad.
El Apóstol Pedro escribió: Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecado…Practiquen la hospitalidad…sin quejarse.
Y en la Carta a los Hebreos leemos: No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracia a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.
Oremos: Te damos gracias, Oh Dios, por tu amor. Te damos gracias por venir a nosotros cuando menos lo esperamos. Te pido que, por tu gracia, seamos instrumentos de tu misericordia, amor y paz. En el nombre de Cristo. Amén.
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