Hay una historia en el libro de los Hechos, capítulo 4 (versículos 5-22), donde Dios acababa de obrar a través del Apóstol Pedro para realizar una sanación milagrosa. La sanación causó un gran revuelo. Se reunió una multitud de personas y el Apóstol Pedro aprovechó la oportunidad para compartir la historia de Jesús. Él invitó a la multitud a creer y a volver el corazón a Dios de una manera nueva.
También encontramos que las mismas autoridades que se sintieron amenazados por Jesús –y que lo habían crucificado – ahora se sentían amenazadas por los discípulos. Metieron a Pedro y a Juan en la cárcel, donde pasaron la noche.
Después,Pedro y Juan fueron llevados ante las autoridades y les preguntaron: “¿Con quépoder, o en nombre de quién, hicieron ustedes esto?”
Pedro respondió: “Sepan, pues, todos ustedes y todo el pueblo de Israel que este hombre está aquí delante de ustedes, sano gracias al nombre de Jesucristo de Nazaret…”
Estaba comentando este pasaje bíblico con un amigo y dijo que le recordaba a los curanderos que ves en la televisión – de esos que dicen: “¡En el nombre de Jeeesssuus, levántate y camina!” La forma en que lo dicen a veces hace que parezca una fórmula mágica.
Pero eso no es lo que está pasando aquí. En la antigüedad, el nombre de una persona era más que una simple etiqueta. Era una expresión de su propia esencia. Un nombre representaba el carácter de una persona, su autoridad y su poder. Entonces, cuando Pedro dijo que este hombre fue sanado por el nombre de Jesucristo de Nazaret, él quiere decir que fue a través del poder de Jesús, su carácter y su autoridad que la curación tuvo lugar.
Las Sagradas Escrituras nos dicen que las autoridades quedaron asombrados de la valentía de Pedro y Juan. Y es asombroso. Se podría pensar, después de presenciar lo que le sucedió a Jesús – la cruz, los clavos, la corona de espinas, los golpes – que los discípulos estarían temerosos, intimidados. De hecho, en tan solo unos pocos capítulos más adelante Juan fue martirizado.
Y, sin embargo, aun sabiendo que sus vidas estaban en riesgo, hablaron y actuaron con valentía. Continuaron la obra sanadora y amorosa de Cristo.
Oro hoy para que dondequiera que estés en tu camino de fe, y sea cual sea la situación difícil que estes enfrentando, que puedas apoyarte, confiar y obtengas fuerza del poder, la autoridad y el amor de Jesús.
Oremos: Concédenos valor y fortaleza para este día, Oh Dios, en que podamos ser una bendición para ti y para los demás. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
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