El Reverendo John Braaten relata la historia de Douglas Maurer, un adolescente de Missouri diagnosticado con leucemia. El diagnóstico era desalentador. Tras tres años de quimioterapia y efectos secundarios como la caída del cabello y la hinchazón abdominal, Douglas cayó en una profunda depresión.
Su tía le encargó flores. Pero el verdadero regalo no llegó de la tarjeta que escribió su tía, sino de una segunda tarjeta: “Douglas, yo recibí este encargo de tu tía. Yo tenía leucemia cuando tenía siete años. Ahora tengo 22. Buena Suerte. Te envío todo mi apoyo. - Laura Bradley.”
Douglas se iluminó.
Es asombroso. Douglas estaba en un hospital con la tecnología más avanzada. Él estaba siendo atendido por médicos y enfermeras con años de entrenamiento médico. Pero fue la empleada de ventas en una floristería – una joven – que al tomarse un tiempo para preocuparse por alguien más, y al estar dispuesta a escuchar su propio corazón, le dio a Douglas la esperanza y la fuerza para seguir adelante.
Quizás Dios te ha acompañado en momentos de dolor, fracaso o enfermedad. Tal vez alguien te dijo justo lo que necesitabas o te animó con dulzura en momentos precisos. Me pregunto si tú podrías hacer lo mismo por los demás.
Oremos: Gracias, Dios, por las personas que llegaron a nuestras vidas cuando más los necesitábamos. Que podamos llevar ese regalo a otros y ser fuente de esperanza. Amén.
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