El Pan de Vida

October 13, 2026

Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida. El que en mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.”

Me llama la atención que Jesús supiera que sentiríamos hambre y sed de algo más que de comida y agua. En cierto sentido, hemos sido creados con este anhelo innato. San Agustín dijo: “Nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en Dios.”

Pero tengo que preguntarme si no sentimos esto con mayor intensidad que nunca en este momento de la historia, en estos tiempos en los que estamos tan profundamente polarizados, de epidemia de soledad y de una verdadera crisis de salud mental.

Hoy en día, cuando nos reunimos, lo hacemos cada vez más con personas que piensan igual que nosotros. En internet, los algoritmos nos muestran noticias e historias que simplemente refuerzan aquello en lo que ya creemos. Como resultado, nos hemos ido distanciando cada vez más unos a otros. Se nos enseña a temernos mutuamente…A no confiar los unos en los otros. Me imagino que la mayoría de nosotros sentimos profundamente esa pérdida…Y, aunque nuestra tecnología ha sido una bendición en muchos aspectos, con demasiada frecuencia, a nivel individual, vivimos totalmente distraídos…

A medida que este mundo se vuelve cada vez más secular, nos encontramos anhelando sanación y plenitud. Anhelamos conexión. Anhelamos sentir lo sagrado.

Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida. El que en mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.”

Ahora bien, si adelantamos la narración hasta el final de esa sección en el Evangelio de Juan, vemos que varios discípulos se han alejado de Jesús. Ellos consideran que sus enseñanzas son demasiado difíciles. Y Jesús pregunta a los doce – sus seguidores más cercanos – si ellos también querían marcharse. Y Simón Pedro respondió: “Señor ¿a quién iremos?”

En otras palabras, “Señor, las alternativas no son buenas.” ¿A dónde más podemos acudir? Si Jesús no es la Palabra de Dios para un mundo que sufre, por favor, que alguien nos dé una palabra más creíble. Miremos a nuestro alrededor. Consideremos aquello a lo que recurrimos en busca de un sentido definitivo y de esperanza. Pongamos a prueba las respuestas alternativas al hambre espiritual del mundo… ¿Es la tecnología? ¿Son las redes sociales? ¿Es la política? ¿Es el partido Republicano…o el partido Demócrata? ¿Es una casa más grande, más dinero o una carrera más exitosa?

El apóstol Pedro dijo: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna…”

Oremos: Confesamos, Oh Dios, que a veces ponemos nuestra confianza en Cristo, pero otras veces confiamos en otras cosas, en otras personas. A veces acudimos a Él, y a veces no lo hacemos. A veces confiamos en tus caminos, pero a veces confiamos solo en el nuestro…Ayúdanos a volver a ti, a confiar en ti. Porque eres Tú, en Cristo, quien tiene las palabras para una vida profunda y eterna. Amén.

 

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