Recuerdo estar con un pastor jubilado, de avanzada edad, en una congregación que había comenzado cerca del final de su vida. No nos conocíamos por mucho tiempo antes de que falleciera, pero yo había accedido a ayudarlo con su ministerio. Jamás olvidaré su último servicio religioso. Al final, mientras daba la bendición, se dirigió a su congregación y dijo: “Nunca lo olviden. Dios te ama tanto…” y extendió los brazos como si estuviera en la cruz.
Fue un gesto hermoso y conmovedor, un recordatorio del amor de Cristo por nosotros.
A menudo he pensado que la bendición final del pastor fue un sermón digno de escuchar una y otra vez. Si tan solo pudiéramos asimilar ese mensaje profundamente…Si tan solo conociéramos ese amor incondicional en lo más profundo de nuestro ser – un amor por nosotros no como deberíamos ser, sino como somos ahora mismo. Ese sería un regalo digno de compartir con un mundo que lo necesita con tanta urgencia.
Oremos: Dios de gracia, hoy oro por quienes se sienten lejos de ti, por quienes cargan con culpa y vergüenza, y por quienes están agobiados por la preocupación o el dolor. Te pido que te encuentres con cada uno de nosotros en este momento. Que podamos sentir tu presencia y conocer tu amor - un amor que no se gana, sino que se acepta. En la medida en que podamos recibirla que podamos compartirla – amando a los demás como tú nos has amado. Por Cristo oramos. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!