Corazón y Tesoro

November 6, 2026

Durante los últimos dos días, hemos reflexionado sobre las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo, capítulo 6: “Nadie puede servir a dos señores…No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.” También dijo: “Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.”

Esta afirmación plantea la pregunta: ¿Dónde estamos invirtiendo nuestros tesoros? Porque, de una forma u otra, nuestros corazones sin duda seguirán ese mismo camino.

La antigua sabiduría de la Biblia nos dice que el antídoto contra la codicia y el egocentrismo es la generosidad. Las Sagradas Escrituras hablan de entregar una cantidad que sea directamente proporcional a nuestros ingresos. A veces se menciona el diezmo bíblico, que significa el 10%.

Para la mayoría de las personas, eso no constituye un punto de partida; para otras, tampoco es un punto de llegada. Pero si damos en proporción a lo que tenemos, entonces, si se trata de una donación considerable, ¡estupendo!, si es una donación mediana, ¡estupendo! Si es una donación pequeña, ¡estupendo!

Me imagino que algunos de ustedes atraviesan dificultades económicas, y puede haber momentos en los que sientan que no tienen nada que ofrecer. Pero, en realidad, existen muchísimas otras formas de ser generosos: con nuestro tiempo, con nuestros talentos, con nuestra bondad.

Lo que he descubierto es que, si lo planifico, elimino todo el estrés y logro que el acto de dar se convierta en una fuente de alegría…De hecho, es algo divertido. Me encanta poder decir: ¡Puedo contribuir a eso! ¡Me entusiasma ese ministerio! ¡Puedo ayudar ahí!

Independientemente de cómo lo abordemos, la idea es que lo estemos pensando de manera deliberada.

Howard Hughes, quien en su época fue uno de los hombres más ricos del mundo – terminó sus días convertido en un recluso absoluto y solitario. En una ocasión le preguntaron: “¿Cuánto dinero hace falta para que una persona sea feliz?” Su respuesta fue: “Solo un poco más.” Solo un poco más.

Sabemos que las cosas deberían ser diferentes, ¿no es así?

Oremos: Te damos gracias, Oh Dios, porque nos provees muchos más de lo que jamás podríamos pedir o incluso imaginar. Aunque no podamos contribuir económicamente, ayúdanos a ofrecer algo de nosotros mismos en este día. Sal a nuestro encuentro allí donde tenemos necesidad. Sánanos. Renuévanos. Y ayúdanos a bendecir a los demás, tal como nosotros hemos sido bendecidos. Por cristo nuestro Señor. Amén.

¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!

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