El mensaje de hoy fue escrito por mi amigo, Reverendo Roger Kunkel, q.e.p.d., fundador de Dial Hope.
Hoy quiero sugerir una idea interesante – Yo quiero que intentes dar de ti mismo.
Una vez conocí a un hombre que sufrió una crisis nerviosa, durante la cual permaneció meses sumido en la melancolía y la oscuridad mental. Un día, le sugerí que intentara apartar sus pensamientos sombríos y deprimentes practicando la gratitud. Le dije: “Empieza a pensar en las personas que te ayudaron enormemente a lo largo de tu vida.”
Así pues, le escribió a una maestra ya de lat ercera edad, la señorita Elaine Smith, quien había ejercido una influencia positiva en su vida. Él recibió una respuesta, escrita con la caligrafía temblorosa de una señora de edad. Ella escribió: “Querido Willy”, “Cuando leí tu carta estaba cegada por las lágrimas, porque yo te recuerdo cuando eras niño, y cuando pienso en ti ahora yo te veo como un pequeño estudiante en mi clase. Has reconfortado mi viejo corazón. Fui maestra durante cincuenta años. Y tu carta es la primera carta de agradecimiento que recibo de un alumno, y la atesoraré hasta el día de mi muerte.”
Amigos de Dial Hope (Digita Esperanza), escribir una carta de agradecimiento – un proyecto de este tipo – puede requerir dedicarle un poco de tiempo – pero es una oportunidad para ofrecer un poco de sí mismo, y, en realidad, eso es lo mejor que puedes dar. Curiosamente, cuando das un poco de ti mismo, uno termina por encontrarse a sí mismo.
Oremos: Dios de la esperanza, acudimos ante ti cuando nuestra esperanza se ha desvanecido y nuestra fe es pequeña. Venimos ante ti cuando la promesa de la “buena vida” resulta insuficiente, cuando la ropa, los restaurantes, autos y capuchino no logran saciar el hambre del espíritu humano. Venimos ante ti porque no tenemos a dónde más ir. Oh Dios, sálvanos de nosotros mismos; de la autoindulgencia y la idolatría de uno mismo. Sánanos de las dolencias del cuerpo, pero, sobre todo, de las dolencias del alma. Que podamos dejarnos arrastrar por la corriente de tu compasión, por el torrente de tu perdón, y así perdernos en el vasto océano de tu amor. En el nombre del Cristo resucitado. Amén.
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