Últimamente he estado pensando en la historia de Adán y Eva. Una de las primeras preguntas que las personas suelen plantear es: ¿Sucedió realmente? ¿Acaso esta historia no entra en conflicto con la ciencia? Sin embargo, es posible que esas preguntas no nos lleven muy lejos. ¿Y si planteáramos una pregunta diferente? Y si, en lugar de centrarnos únicamente en los orígenes, nos preguntáramos: ¿Qué verdades más profundas intenta transmitirnos esta historia?
Los dos primeros capítulos del Génesis describen bendición tras bendición. Se percibe una sensación abrumadora de la bondad de Dios - la bondad de un Creador que llenó el universo de luz y vida, que creó a los seres humanos y los bendijo con alimento abundante, un trabajo gratificante y el don de tenerse los unos a los otros.
El antiguo autor del Génesis nos transmitía algo fundamental sobre la condición humana – lo que significa vivir en relación con Dios y con los demás. El relato nos recuerda que hemos sido bendecidos más allá de toda medida. Sin embargo, también nos enseña que, incluso en la abundancia, existen límites para aquello que es vital, saludable y bueno.
Piensa en esto: Adán y Eva están rodeados de belleza y abundancia. Y la serpiente dice: “Oye…podrías tener aún más…”
Es tentador pensar, mi vida será mejor cuando…Cuando obtenga mi licenciade conducir. Cuando consiga ese trabajo. Cuando me jubile. O bien, mi vida sería mejor si…Si consiguiera el ascenso. Si tuviéramos una casa más grande. Si lograra entrar en esa escuela…
El problema es que siempre hay otro “si pudiera,” y siempre hay otro“ cuándo.” Yo lucho con esto tanto como cualquiera – siempre anhelando el siguiente fruto, la siguiente cosa. Y el único antídoto que conozco es cultivar la gratitud por las bendiciones que me rodean en este preciso momento.
¿Orarías conmigo? Dios bondadoso, con tanta facilidad nos volvemos ansiosos y deseosos, tomando más de lo que damos. Concédenos ojos para ver y corazones para apreciar la bondad y la belleza que nos rodean – aquí mismo y en este preciso instante. Ayúdanos a no perdernos la vida que se despliega ante nosotros en este momento. Y al hacerlo, que seamos llenos de tu paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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