February 7, 2026
Para que Ellos Puedan Poner su Esperanza

El Salmo 78 dice: Mis labios pronunciarán parábolas y evocarán misterios de antaño, cosas que hemos oído y conocido, que nuestros padres nos han contado. No las esconderemos de sus descendientes; hablaremos a la generación venidera del poder del Señor…Así ellos pondrían su confianza en Dios.”

Estoy muy agradecido por aquellas personas que me proporcionaron su fe – especialmente por mi abuelo – quien pasó tiempo conmigo cuando yo era un adolescente. Y estoy seguro de que se preguntaba si haría alguna diferencia en absoluto - porque yo no estaba en la iglesia en aquel entonces. Desafortunadamente, el falleció antes de poder ver mi fe afianzarse. Pero, él siempre estaba allí para contestar mis preguntas, y para compartir su fe, sus creencias. Y le doy gracias a Dios por él.

El Salmo en referencia me recuerda que todos recibimos nuestra fe de alguien. En algún momento, en nuestras vidas, alguien se preocupó lo suficiente por nosotros, para compartir su fe, sus historias, sus experiencias, su forma de vida. Tal vez para ti fue un maestro de la Escuela Dominical o un líder de grupo de jóvenes, o mamá, el abuelo o un amigo.

Hoy demos gracias por dichas personas. Y que nunca perdamos de vista a quienes pueden estar interesados en saber de nosotros.

Oremos: Amado Dios, hay un profundo anhelo en cada uno de nosotros por una vida profunda y significativa. Gracias por todas aquellas personas que nos han amado y nos han guiado y nos hayan ayudado a encontrar un camino. Bríndanos el valor de ayudar a otros. En nuestra propia búsqueda, recuérdanos que es en dar que recibimos. Ponemos nuestras esperanzas en ti otra vez en este día. Amén.  

¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!

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February 6, 2026
La Bondadosa Mano de Dios

A lo largo de los libros de Esdras y Nehemías, el escriba Esdras comenta continuamente: “La bondadosa mano de Dios estaba conmigo.” Él realiza esta afirmación en los buenos y malos momentos; mediante celebraciones y oposiciones; a través del éxito y el peligro. Me encanta esta afirmación.

Esdras había pasado toda su vida, no sólo estudiando su fe, sino viviéndola. A través de los años, había llegado a conocer la presencia de Dios, la protección y la guía de primera mano. Él nos recuerda que hay más en esta vida cotidiana de lo que logramos ver.

Últimamente, he adoptado la afirmación de Esdras para mi propia vida. «La bondadosa mano de Dios está conmigo.» La he adoptado porque sé que es cierta. Y también lo es para ti.

Hoy, te pido que te detengas lo suficiente para reconocer las muchas bendiciones que te rodean. Y que notes la mano bondadosa de Dios obrando en tu vida, incluso ahora.

Oremos: Dios de la esperanza, hoy recordamos las palabras del Apóstol Pablo que, si tú estás de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? Recordamos que eres más grande que cualquier obstáculo que enfrentemos. Recordamos que tu amor es profundo y tu gracia es suficiente. Abre nuestros ojos para ver tu mano obrando – incluso en nuestras vidas cotidianas.

El día de hoy oramos especialmente por aquellos que podrían necesitar un apoyo extra de tu gracia y guía en este día.  Oramos también por amigos o vecinos de quienes sabemos que están luchando. Acércate a ellos – y concédeles tu esperanza. Amén.

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February 5, 2026
No Temas, Yo te He Redimido

El año pasado, sufrí una lesión de espalda bastante grave. En las semanas posteriores a la lesión, cuando no podía correr, surfear ni ayudar en casa, gran parte de mivida se puso en duda. Todas esas cosas que amaba desaparecieron de repente. Recuerdo que mi hija me dijo: «Papá, este va a ser tu mayor desafío espiritual hasta ahora.»

Ella tenía toda la razón.

Al decir esto, se refería a que en la crisis se puede crecer. No es que haya garantías, pero sí puede haber una profundización que se forja en el fuego del sufrimiento. Aunque es difícil siquiera imaginarlo cuando estamos en medio de estas situaciones. Creo que mi hija también reconoció que hay momentos en la vida que no solo nos infunden miedo, miedo a la pérdida, miedo a lo que viene después, sino que, de hecho, cuestionan nuestra propia identidad.

Sin el templo, sin nuestra patria, ¿Quiénes somos? ¿Quiénes somos viviendo en esta tierra extranjera?

Sin poder surfear, sin poder correr, ¿Quién soy? No soy un surfista…No soy un corredor.

Te preguntarás: Sin este trabajo…sin este matrimonio…sin mi hijo, sin mi hija…sin poder conducir ni viajar, ni caminar…¿Qué me queda?

En el capítulo 43 de Isaías, Dios dice:

Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob,

el que te formó, Israel:

no temas, que yo te he redimido;

te he llamado por tu nombre; tú eres mío.

Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo…

La erudita bíblica Kathleen O´Connor afirma que si bien este hermoso texto fue escrito para los exiliados en Babilonia, también contiene afirmaciones esenciales que el bautismo Cristiano hace a los creyentes.

Aunque a veces es difícil verlo, en nuestro interior, muy profundo, hay una sentido de pertenencia, una dignidad, una fuerza que viene de Dios.

Escuché a John O´Donohue hablar del místico cristiano del siglo XIV, Meister Eckhart. Él dijo que Eckart afirmaba que existe un lugar en el alma que ni el tiempo ni el espacio ni ninguna cosa creada pueden tocar. Hay un lugar dentro de ti donde aún hay seguridad, donde hay fluidez, donde hay confianza y tranquilidad. Y…la intención de la oración…es visitar de vez en cuando ese santuario interior.

Oremos: Te damos gracias, Oh Dios, por caminar con nosotros, por amarnos y perdonarnos. Encuéntranos hoy en nuestra necesidad más profunda y concédenos tu fuerza y tu paz. Amén.

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February 4, 2026
Te He Llamado por Tu Nombre; Tú Eres Mío.

Isaías(43:1-7) escribía para los Judíos que vivían en el exilio en Babilonia, lejos de sus hogares. Para entonces, su patria estaba en ruinas; el templo destruido. Se sentían completamente olvidados. Y es en ese contexto que Dios les habla através del profeta:

Pero ahora,así dice el Señor,

el que te creó, Jacob,

el que te formó, Israel:

no temas, que yo te he redimido;

te he llamado por tu nombre; tú eres mío.

 

Me imagino que, en ese contexto, lejos de casa, desesperados…con todo lo que sabían como cierto, era incierto, esto debió tocar algunas de las preguntas más profundas con las que luchaban. ¿Quiénes somos? ¿A dónde pertenecemos? ¿Qué nos hace dignos?

Al escribir sobre este pasaje bíblico, Carter Lester ofrece una serie de viñetas que abordan estas preguntas. Él nos invita a imaginar: Un estudiante nuevo observa un mar de caras extrañas en la cafetería de la escuela, preguntándose: ¿Dónde debería sentarme? ¿A qué grupo podría unirme? ¿Seré aceptado? ¿Seré rechazado? ¿Seré ignorado?

Imagínense: Una mujer de mediana edad camina por el pasillo de su casa vacía. Echa un vistazo al dormitorio de su hija menor. Observa las fotos y recuerdos de su infancia y de la escuela, que dejó atrás al comenzar su primer año de universidad. Un torrente de recuerdos la asalta. Ahora se pregunta qué le espera, no solo a su hija, sino también a ella misma, con todos los niños que se han ido a buscar sus propios futuros.

Imagínense: Un hombre mayor gimiendo mientras intenta levantarse de la cama. Jubilarse de su exitoso bufete de abogados hace unos años fue genial. Pero ahora lidia con una enfermedad crónica que lo deja aletargado. Él empieza a sentirse inútil.

¿Quién soy? ¿Qué me hace digno? ¿A dónde pertenezco? Estas preguntas nunca desaparecen.

En este texto, Dios dice que cuando cruces las aguas, yo estaré contigo…

Fíjense que Dios no dice, les quitaré las aguas ni quitaré el fuego. No, en la vida pasamos por las llamas del fuego, nos enfrentamos a las aguas turbulentas, nos topamos con momentos de fracaso personal, grandes pérdidas…eventos que trastocan nuestras vidas. No hay promesa en ninguna parte de que, como creyentes, estamos exentos. Pero sí hay una promesa de que más allá de ellos, más profundamente que ellos, hay una pertenencia, hay valor, dignidad, hay una base sólida que proviene de Dios.

Oremos: Te damos gracias, Oh Dios, por caminar con nosotros, por amarnos y perdonarnos. Encuéntranos hoy en nuestra necesidad más profunda y concédenos tu fuerza y tu paz. Amén.

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February 3, 2026
Recuerda de Quién Eres

Hace unos veranos, pasé tres días en un retiro silencioso en un Monasterio Trapense en Carolina del Sur. Fue difícil. De hecho, al final del primer día, mientras regresaba a mi habitación esa noche, pensé: “¡Mañana me voy a casa!” Fue difícil. Pero también fue una experiencia poderosa y renovadora. El silencio creó un espacio para la reflexión. Pero también había algo más.

Cada tarde, me reunía con los monjes para rezar Completas – el último servicio de oración del día. Al finalizar la adoración, el santuario quedó a oscuras y sólo había luz de velas. Luego salimos, uno por uno, en fila india en silencio. El Abad estaba detrás de la pila bautismal y, antes de irnos, nos deteníamos individualmente e inclinábamos la cabeza. El sacerdote tenía lo que parecía un orbe, lo sumergió en la fuente y salpicó agua sobre nuestras cabezas.

Me dije a mí mismo: Joe, recuerda tu bautismo. Recuerda quién eres.

Desde allí, todas las noches, salía solo al prado y caminada por el laberinto. Pensé en la pradera salvaje y en el Dios excepcional que adoramos. Y recordé mi identidad, que fui llamado a ser parte de algo mucho más grande que yo mismo, que estoy conectado con muchos que me han precedido y con muchos que me seguirán, y con todos los que están en el viaje conmigo. Y sentí un sentido renovado de llamado y propósito.

La salpicadura de agua fue un recordatorio poderoso y visceral: «Esto es lo que eres. Le perteneces a Dios.»

A veces necesitamos recordatorios.

Se dice que el gran reformador Martín Lutero, aunque fue bautizado de bebé, cada mañana se despertaba, se mojaba la cara y se decía a sí mismo: «Martín, recuerda tu bautismo.» Recuerda quién eres. Recuerda de quién eres. Recuerda quién te da fuerza, quién te da aliento, quién te da dignidad, quién camina contigo.

Quizás podríamos seguir su ejemplo.

Oremos: Hoy, Oh Dios, te damos gracias por tu llamado y tu intercesión en nuestras vidas. Una vez más, nos encomendamos a tu amor, gracia y cuido. En el nombre de Jesús. Amén.

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