El Toque de Jesús
Ayer reflexioné sobre el poder de sanación del toque de Jesús y la afirmación de Ronald Rolheiser de que también hay poder sanador en nuestro toque.
Pero si esto es cierto, ¿cómo es cierto?
Me vienen a la mente un par de ideas…
Una amiga me contaba, hace poco, sobre una época en la que su vida parecía desmoronarse. Estaba desgarrada por la emoción. Nada tenía sentido. Y contaba que, durante meses, al llegar a la iglesia a adorar no oía ni una palabra del pastor…La música era solo ruido de fondo. Pero ella encontró un inmenso consuelo simplemente por estar sentada en ese espacio sagrado, rodeada de otros que la acompañaban en este camino.
También recuerdo un momento de mi vida en el que me sentía destrozado y sin palabras para orar. Y recuerdo a un amigo simplemente sentado conmigo, a veces durante largos ratos de silencio. Al recordarlo, fue muy poderoso saber que oraba por mí…saber que se preocupaba por mí.
Y luego recuerdo otra vez, hace varios años, antes del Covid, cuando una joven pasó por la iglesia. Probablemente solo tendría unos 18 años de edad, y dijo que ella y su novio estaban durmiendo en su vehículo, y que estaba asustada. Y me preguntó si podía ayudarla con algo de comer. Le di una tarjeta de regalo emitida por un supermercado. Pero antes de irse, le pregunté si podía orar por ella. Ella dijo que sí. Cuando terminé de orar, me miró y su cara estaba cubierta de lágrimas. Y ella dijo: “Oh, así es como se siente cuando oran por ti…”
Una y otra vez, el Apóstol Pablo deja claro que, de alguna manera mística, tras la estancia de Jesús en la tierra, la iglesia misma se convierte en el Cuerpo de Cristo. Qué él no solo obra en nosotros y entre nosotros, sino incluso a través de nosotros.
Jesús mismo dejó claro que lo que él hizo en la tierra, nosotros, como sus seguidores, también lo haríamos. Si hay sanación es su toque, también puede producirla nuestro toque. Nuevamente, aunque la sanación no siempre ocurre cuando queramos ni como queremos, las semillas de la sanación están ahí.
Oremos tal y como oramos ayer: Dios de amor, como pueblo tuyo, no siempre acertamos. Pero te agradecemos la manera en que obras a través de nosotros. Te agradecemos por los momentos en que has usado nuestras palabras, acciones y nuestras manos para sanar a otros. Y te agradecemos por las veces en que has obrado a través de otros para sanarnos a nosotros. Oro hoy por quienes necesitan tu presencia; en el nombre de Jesús. Amén.
¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!







